PAN-PRI-PRD: fragua de la nueva conspiración política difamatoria

¡Bienvenidas a la realidad! A las que se saluda son a la gerontocracia y a sus aprendices del PRI y -a sus contagiadas por osmosis- sus comadres del PAN y el PRD. Están enfermas de esclerosis y locura senil y, en estado terminal, de corrupción. Otros, los “herederos”, son rehenes de pervertidas y traicioneras ambiciones.

El diagnóstico clínico tiene que hacerse por edades y el primer síntoma es que los que repartían tarjetas de presentación como “líderes” de sus partidos, desde sus primeros pasos se asumieron como meros lacayos del gobernador en turno y, en escala, del presidente municipal en funciones.

Quienes reciben el “nuevo” bastón de mando ya traen genéticamente sus costal de mañas en sus manos.   

En esa condición subordinada, pedestre, en tanto el PRI se proclamaba “partido casi único”, el PAN el “partido de la alternancia” y el PRD “el de la izquierda”, que cobra con la derecha: apostaron su futuro al escalafón, para lo cual declararon impenetrable sus comités directivos estatales y sus respectivos comité municipales.

Se anclaron, los del partido de tres colores, en esa mentalidad poltrona y para subsistir no permitieron la inyección y circulación de sangre nueva. La sangre azul y la sangre amarilla se enfermaron también de hemofilia. Sólo facilitaron el ingreso a sus “sectores juveniles” y de mando a los hijos de los caciques o dueños de esos partidos o a descendientes de compadres o socios.

Hubo y los hay todavía, aquellos que desde fuera de los partidos “grandes” -que se oxidaron “en la tradición” y las “reglas no escritas”- simulaban hacer “política”, redujeron su praxis al tráfico de influencias para obtener favores fiscales, contratos, concesiones y otras prestaciones inconfesables.

Ahora, cuando el PRI, el PAN y el PRD se enfrentan a la competencia electoral de a de veras, no tienen más que polvorines mojados, desde donde no pueden disparar ni una chinampina. Carecen, pues, de argumentos y recurren a la vieja práctica de la difamación y la calumnia.

¿A qué se dedican los decrépitos y nuevos burócratas que no aprendieron el arte y las ciencias de la política? Echan mano del esmeril para afilar cada noche electoral los cuchillos largos.

Es lo que están haciendo ahora mismo esos seniles y novatos especímenes con miras a los combates de 2018. Los cuchillos, sin embargo, están mellados: No logran degollar a sus emergentes adversarios. Y se desesperan. Los atrapa la esquizofrenia y la impotencia.

Por estos días, se celebran convocatorias en algunos desayunaderos públicos (supuestamente a encuentros privados, pero con la consiguiente invitación a los medios informativos); los francotiradores prefieren encuentros personales con los bien engrasados columnistas “amigos”. Todo, con tal de tener alguna resonancia mediática que “los posiciones” rumbo al 18.

De ese modo “operan” los de “tercera división”. Los que se sienten jugadores de las “ligas mayores” no tiene reposo. Apenas aterrizan en los aeropuertos de Culiacán, Mazatlán y Los Mochis lo primero que hacen es presentarse a ventanillas para comprar el boleto de regreso a la Ciudad de México.

Al menos no les falta argumento a esos viajeros frecuentes: en el centro del país sí se sabe cómo “masca la iguana”. Con sus maletas llenas de carne machaca, camarones y de callos de hacha se presentan en las antesalas de las dirigencias de sus partidos o en los despachos de los que aparecen primero en las encuestas.

Mencionan el primer nombre del personaje del que piden audiencia (José Antonio, Miguel Ángel, Aurelio, del PRI; por el PAN localizan al “bohemio” Felipe Calderón, Margarita Zavala, Ricardo Anaya, Rafael Moreno Valle, y por el PRD a Silvano Aureoles, Graco Ramírez, Miguel Mancera,) y le aseguran que, desde siempre, han apostado a su feliz destino.

En Sinaloa, sin embargo, viven más de cien años de soledad. Cuando hacen campaña, ni en las internas de los partidos tienen asegurado el voto de su mujer y de sus hijos. El canibalismo y los viejos rencores los llevan a flor de piel. Sus asambleas de unidad son farsas montadas.

Como lo saben hasta el hartazgo, saben que no podrán con sus adversarios politicos reales, buscan a coyotes de la misma loma para tramar conjuras de guarache. Es donde preparan la noche de los cuchillos largos.

Los intrigantes de bolsillo no desdeñan complicidades incluso de renombrados agentes de administraciones anteriores que ya no encuentran blindaje para escapar de potenciales consecuencias penales de sus escandalosos actos de corrupción. 

En el cuadro de las expectativas reales para el Sinaloa del 2018, esos mini “conspiradores” tienen en la cabeza una obsesión que se les ha convertido en incurable pesadilla: Héctor Melesio Cuén Ojeda y el Partido Sinaloense (PAS).

El PAS y su líder ya dejaron de apostar su suerte a las encuestas. Forjados en la experiencia electoral y sus resultados tangibles han acumulado capital humano y político para enfrentar el reto por venir.

Haberse convertido en la segunda fuerza electoral en Sinaloa, saben que el maná no los envió la Divina Providencia: Es producto de un permanente trabajo horizontal, de bases, en el que hay causa y programa. El entramado se ha consolidado a fuerza de relaciones políticas y respuestas concretas; no de saliva.

Del actual catálogo de partidos con registro nacional en Sinaloa, entre todos no dan para armar uno. No es casual que, desde dentro de sus estructuras internas, broten como hongos grupúsculos, meras pandillas depredadoras, que viven una interminable cena de negros.

El PAS y Cuén, frente a ese proceso de inagotable fragmentación de sus adversarios, presenta una estructura unitaria y un liderazgo firme, con una estrategia cotidianamente revisada y actualizada para el diseño de su plataforma y la selección de sus mejores hombres, mujeres y jóvenes; sobre todo jóvenes, rumbo al 18.

Cuén y el PAS tienen en claro el teatro de guerra de 2018: No se trata sólo de la disminuida fuerza electoral de los partidos oponentes. El factor central radica en el férreo y obsceno control gubernamental sobre el Instituto Electoral de Sinaloa y del Tribunal Electoral del estado.

Lo ocurrido particularmente antes y después del 4 de junio en los estados de México y Coahuila aporta graves lecciones de que los cacicazgos de “cuello blanco” no están dispuestos, a toda costa y o a cualquier costo, a ceder el poder.

Lo que significa el colosal desafío ya a caballo, es proponer en Sinaloa una nueva forma de hacer política y un nuevo método de convencimiento a la sociedad votante. En ambas asignaturas, las viejas formaciones partidistas reman cuesta arriba.

El PRI, el PAN y el PRD, tienen “muy vistas” las placas. Sus técnicas de difamación y calumnia son harto conocidas por el electorado. El humor social en la entidad no es propicio para que prosperen las intrigas y los ataques prefabricados sin fundamento.

En el calendario ya pasó el horario de las especulaciones. En menos de dos semanas, el Instituto Nacional Electoral (INE) dará el banderazo para la cita que culminará el 1 de julio de 2018.

El palenque hierve en ambiciones ingobernables. Actores políticos de futuro incierto, sin estructura territorial ni credibilidad, con estigmas no lavables, pegados a la elección del 2010, rayan en la locura, intentando hacerse notar, descargando sus suciedades contra todo aquel que imaginariamente consideran su opositor.

La vieja “guerra sucia” es su método, aunque tenga efectos de bumerang y se ganen el desprestigio y el repudio social. En días, se escuchará, pues, el grito ¡Cierren las puertas! Los fracasos del PRI, PAN y PRD los vaticina el electorado, por eso se sincronizan para perpetrar intrigas e intentar conservar sus cotos de poder.

Es la “guerra sucia”, práctica con la ilusoriamente pretenden ganar elecciones en el 2018…