Los muertos gozan de cabal salud…

Suena un tanto macabro, pero algunos priistas ofrecen la percepción de estar condenados a una “muerte sin fin”. Cuando menos esa es la idea que sembró el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, entre la clase política nacional con su  “estratégica” reunión con los ex gobernadores en la que dio la apariencia de estar aplicado una de las técnicas del Arte de la Guerra de Sun Tzu, esa de “desenterrar a los muertos para espantar a los vivos”, generado una visión de querer retomar lo caduco para aplicarlo a la “modernidad partidista” que tanto pregona.
La tenida negra se fraguó con vistas a la XXII Asamblea Nacional tricolor que culmina el 12 de agosto con la nerviosa presencia de Enrique Peña Nieto.

En el aquelarre gastronómico al que convocó el pasado viernes el asustado Enrique Ochoa Reza a los decrépitos ex gobernadores tricolores, abrió la sesión exclamatoria  el ex mandatario de Sinaloa Francisco Labastida Ochoa; elegante y sonriente siempre. No pierde la apariencia.

No le tembló el semblante al mochiteco, al recordar que, en 2000, las encuestas le daban 20 puntos de ventaja sobre Vicente Fox; perdí por entre cuatro y cinco por ciento.

Ahora dice Labastida que en las sombrías circunstancias por las que atraviesa el PRI, no puede negarse a la autocrítica. “La primera novia que hay que enamorar es la militancia”, recomendó a la actual dirigencia nacional.

Ochoa Reza cerró las puertas a los medios de comunicación. El banquete fue privado. Los comensales dieron entrevistas banqueteras; así lo hizo Labastida.

En dos erizados puntos coincidieron los ex gobernadores: El inminente riesgo de volver a perder la Presidencia de México; más, si, en su impotencia, Enrique Peña Nieto autoriza una candidatura externa para 2018; reconocimiento de que, dentro del PRI, la caballada está muy flaca.

Esa percepción tiene que subrayarse, habida cuenta que, entre los invitados de Ochoa Reza, destacó la presencia del presidenciable secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en su carácter de ex gobernador de Hidalgo.

El otro indicio palpable en el evento -salvo que hayan salido a escondidas de la central tricolor; cosa que no creemos-, fueron las ausencias de los ex gobernadores de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, y de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz.

Beltrones es el que acaba de denunciar que el PRI es operado como un taxi que levanta delincuentes. Ruiz Ortiz expectoró su asco a Enrique Ochoa Reza desde el mismo momento en que fue nombrado por Peña Nieto hace un año.

Otro ignorado por Ochoa Reza, es el ex gobernador de Durango Jorge Herrera Caldera; trae tres amparos en la bolsa.

Ahora sí, que, por razones de salud, aunque invitado, no pudo presentarse el tío de Enrique Peña Nieto, Arturo Montiel Rojas; ex pretendiente presidencial fallido. En cambio estuvieron presentes los ex gobernadores suplentes del estado de México, El Chapo César Camacho Quiroz e Ignacio Pichardo Pagaza, el que relevó a Mario Ramón Beteta, desaforado por Salinas de Gortari por no cumplir su cuota de votos en las elecciones presidenciales del 88.

Por supuesto, tampoco fue invitado el ex de Coahuila y ex presidente también del PRI, Humberto Moreira Valdez, de fama pública más que conocida.

De los ausentes no se puede agregar más; de los presentes, hay mucho que decir y no precisamente acompañado con un ramo de rosas.

Seleccionemos algunos de los nombres que se conocieron en la banqueta, pues Ochoa Reza ni boletín giró.

Jorge de la Vega Domínguez: El chiapaneco le ofreció en su oportunidad a Carlos Salinas de Gortari 20 millones de votos en 1988; le arrimó menos de diez millones. Fue cuando el PRI perdió su hegemonía electoral para no recuperarla jamás.

Ramón Aguirre Velázquez (ex regente del Distrito Federal). Le ganó de calle a Vicente Fox en Guanajuato. No quiso gobernar porque lo amenazó Salinas de Gortari. “Al Presidente no se le dice que no”, declaró. Su mandato fue obsequiado al militante del PAN, Carlos Medina Plascencia. Desde entonces el PRI no ha recuperado el estado.

Fidel Herrera Beltrán. Fue el que impuso en Veracruz al corrupto Javier Duarte de Ochoa. Cuando este criminal cayó de la gracia de Peña Nieto, Herrera Beltrán era embajador del mexiquense en Barcelona, España.

Fidel fue separado de esa misión y anunció que se presentaría ante la Procuraduría General de la República a defender su propia inocencia, pero se volvió ojo de hormiga; se presume que en el estado de Texas (USA). Anda amparado.

Manuel Cavazos Lerma. Es parte del racimo de horca tamaulipeco perseguido por cortes de los Estados Unidos, junto con Tomás Yarrington Eugenio Hernández Flores, tres priistas más, vinculados a los cárteles de la droga y lavadores de dinero sucio. Cavazos Lerma está amparado por el fuero de senador, por eso anda libre.

José Murat Casab. Fue nombrado por el general Domiro García, responsable de la seguridad personal de Luis Donaldo Colosio, por entorpecer el operativo de protección al candidato presidencial la tarde de Lomas Taurinas, según lo declaró el militar en las diligencias sobre el atentado  de 1994.

Murat dejó en Oaxaca al citado Ulises Ruiz Ortiz. Éste perdió el estado en 2010 en manos del opositor ex priista Gabino Cué Monteagudo. Después de terminado su sexenio, “Pepe” fue asociado a Fidel Herrera Beltrán en tráfico de influencias para obtener contratos gubernamentales en estados del sureste para una empresa que regenteaban juntos.

El hijo del ex gobernador que ahora preside la Fundación Colosio, del PRI, Alejandro Murat, es el actual gobernador oaxaqueño.

Guillermo Cossío Vidaurri. Cuando fue gobernador de Jalisco, fue blanco de sospechas por vínculos con el Cartel de Sinaloa ya instalado en Guadalajara. En realidad, esa especie se derivó de la relación sentimental de una sobrina con Rafael Caro Quintero.

Pero Cossío no fue defenestrado por ese asunto. Fue chivo expiatorio por una devastadora explosión de uno de los oleoductos de Pemex cuando dirigía la paraestatal Francisco Rojas Gutiérrez. Tiempos de Salinas de Gortari.

Manuel Andrade Díaz. Es pupilo de Roberto Madrazo Pintado. En los 90, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación anuló la elección de gobernador, cuyo triunfo se había dado a Andrade Díaz. Llegó al palacio de Villahermosa en elecciones extraordinarias.

Tulio Hernández. Lo único relevante que hizo durante su sexenio en Tlaxcala, fue casarse con Silvia Pinal.

Para nuestro gusto, la única presente que salva el pellejo es Beatriz Paredes Rangel, ex gobernadora de Tlaxcala y ex presidenta nacional del tricolor.

Con esos bueyes pretenden arar el surco hacia la sucesión presidencial de 2018 los tocayos Peña Nieto y Ochoa Reza.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.