El Peje contra la corrupción

Héctor Aguilar Camín, acaba de publicar en El País un artículo sobre López Obrador que por momentos, resulta una semblanza con elementos interesantes para el año que entra y, por supuesto, para el periodo 2019 – 2024. Les reproduzco a continuación una pequeña selección de los párrafos que a mi juicio son más significativos.

“No he visto nunca en López Obrador sino a un político profesional. Soy incapaz de penetrar o de creer en su dimensión ética o moral. Lo que veo en su evangelio es sobre todo el propósito político. Creo que lee bien la revuelta moral (contra la corrupción, contra la impunidad, contra la ineficacia del Gobierno) que recorre México. Para subirse a esa creciente marea ha decidido ir un paso más allá del discurso de la indignación, hasta el discurso religioso. Creo que actúa en esto con pragmatismo absoluto, subiendo las apuestas: si tenemos que hacer promesas incumplibles, que sean gigantescas; si tenemos que dar soluciones difíciles, que sean absolutas; si tenemos que estimular la fe, prometamos el cielo en la tierra. No hace falta que las ganas de creer ganen las emociones de todos los mexicanos. Basta con que un tercio de los votantes se disponga a creer que la promesa de López Obrador se hará realidad. Entonces López Obrador ganará la presidencia y los mexicanos pagaremos por partida doble: por no haber creído en nada y por haber creído de más”. Hasta aquí Aguilar Camín; Ahora sigo yo.

La piedra angular del discurso de López Obrador contra la corrupción es él, su afirmación de que lo que hace la mano hace la tras, reduce esa lucha a gestos individuales contra medidas estructurales, es decir la corrupción se combate con el ejemplo presidencial, lo cual de ninguna manera será suficiente, en eso estamos de acuerdo todos, lo interesante por lo tanto llega cuando nos preguntamos qué sí pudiera resultar suficiente, a partir de esto entramos al terreno de los comparativos y la verdad sí hay tela de donde cortar.

Es esa postura del peje la que en mucho ha provocado se le califique de mesiánico, nada más que a sus contrapartes nadie los califica de locos fanáticos, que vendría a ser igual o peor pues se concretan a decir que “no sería suficiente”, pero no indican la ruta alterna, nada más dicen que no y ya, obedecen a esa torcida lógica dizque política de que si los problemas no se resuelven de una y para siempre no tiene caso resolverlos, huelga decir que gracias a esa postura, en México no se le ha dado solución de fondo a ningún problema real desde hace mínimo sesenta años; agreguemos a esto la narrativa construida por Peña Nieto, que no es otra que la del presidente más cínico y corrupto que hemos padecido, el único al que se le han documentado sus fechorías (bueno, nada más una partecita de ellas, supongo) mientras aún está en funciones, a la vez que, tal y como lo prevé López Obrador pero con la intención invertida, nunca tantos gobernadores habían hecho tanta gala de corrupción.

O sea que sí existe una tendencia imitativa del resto del cuerpo hacia lo que hace la cabeza; el líder de MORENA está diciendo una gran verdad que a todos nos consta, que por animadversión u otras razones muchos no lo queramos admitir es otra cosa, pero el hecho duro y comprobable, a partir del cual podemos construir escenarios, es que un buen ejemplo desde Los Pinos sí puede extenderse hasta por gravedad hacia los niveles más bajos; lo mejor es que a partir de ahí pudiéramos contar con una mejor pista de despegue para una verdadera reforma anticorrupción, no payasadas como las de este sexenio, que han servido para lo que se le unta al queso.

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.