¿Dónde empieza a gestarse el fraude electoral?

No es que -por su propia naturaleza- la Política sea sucia. En México tuvo menos peores tiempos. Sucede que los que la practican a nivel lodero la tienen para el arrastre.

En 1988, el PRI fue estremecido por un terremoto político, según lo describió Miguel de la Madrid. Sin embargo, la entonces Comisión Federal Electoral le dio constancia de mayoría aCarlos Salinas y el Colegio Electoral de la Cámara de Diputados lo declaró Presidente.

Tomamos ese episodio como referencia, después de dos registros de los que conservamos conocimiento: 1) Siendo secretario general del PRI, Manuel Camacho Solís atribuyó la baja en el registro electoral del tricolor al voto de castigo, como reacción popular a los impactos negativos de la política económica, y

2) Este hecho fue menos conocido pero igual consta en archivos. Al asumir la presidencia nacional del PRI, Luis Donaldo Colosio comisionó a un grupo de analistas para que revisara el expediente electoral del 88.

El concentrado final del informe encontró que la baja de la votación para el PRI se reportó, a) en distritos electorales federales donde tenían su asentamiento colonias promovidas por la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE/ PRI), b) en unidades habitacionales impulsadas por el Sindicato Nacional del Trabajadores de la Educación (SNTE/ de filiación priista), c) en secciones electorales próximas a los cuarteles del Ejército, y d) en buen numero de ejidos bajo control de la Confederación Nacional Campesina (CNC/ Sector Agrario del PRI).

Esos datos se insertan en el compromiso que el entonces dirigente del PRI, Jorge de la Vega Domínguez asumió con Salinas de Gortari de lograr ¡20 millones de votos! el 6 de julio de aquel año. La suma fue de menos de 10 millones de votos.

Padrones de miembros de partido ficticios

A qué conducen esas referencias: Al desbordamiento de entusiasmo que padecen en campaña electoral todos los dirigentes de los partidos y sus candidatos, siempre seguros de ser los favoritos o con ganas de serlo.

Avancemos el calendario: En 2014, un año antes de las elecciones federales intermedias, el INE convocó a las dirigencias nacionales de los siete partidos entonces con registro nacional a presentar los  padrones actualizados  de sus miembros efectivos y válidos.

En números redondos, el PRI dio el dato de 5 millones 848 mil asociados en activo; el PRD,tres millones 435 mil; el Verde, 947 mil; el PT, 892 mil 757; Movimiento Ciudadano, 796 mil 281; Nueva Alianza, 330 mil 179 y el PAN, 271 mil. Un total aproximado de 12 millones de “miembros activos”.

Aquel año se otorgó registro a Morena, Encuentro Social y Frente Humanista.

Pues bien: en el cotejo de los padrones, seis meses después el INE dio de baja del correspondiente al PRI a más de 800 mil supuestos afiliados, “por inconsistencias”: Casi un 16por ciento.

Después de las elecciones intermedias de 2015, en noviembre el INE canceló el registro alFrente Humanista por no haber acreditado el porcentaje mínimo requerido para conservar la franquicia, y eso que había dado un padrón con 278 mil afiliados.

También al Partido del Trabajo por la misma causal, aunque se lo restituyó después de los resultados de una elección extraordinaria en el distrito electoral 1 de Aguascalientes, que le abonó una cifra mínima. El PT había dado un padrón, ya citado, de 892 mil militantes.

Por los mismos meses, la propia dirigencia del PAN en el Distrito Federal, que acreditaba un padrón de 35 mil miembros, reveló que casi un 30 por ciento correspondía a militantes del PRD. Se aclaró que no eran homónimos, pero la anomalía quedó sin explicarse.

Por ahí debiera empezar el INE el 2018

Es pertinente señalar que uno de los factores que determinan los montos de los subsidios públicos a los partidos, es el número de votos logrados en la elección previa.

¿Es válido señalar que, en los propios padrones de asociados de los partidos se inicia el fraude a la ley?

Vienen las elecciones generales de 2018. Por ese aspecto debiera empezar el INE para colocar los resultados de la votación en su justa dimensión, así resulte que otro factor de ponderación es la eficacia de la estrategia electoral y la calidad de los candidatos.

Los casos del pasado 4 de junio en el Estado de México y Coahuila justifican esa exigencia, que no ha sido satisfecha todavía y está en etapa de impugnación en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Los apoyos prefabricados para los consejeros y magistrados electorales en estos días pueden explicarse por otras causas, menos por la voluntad de limpiar las elecciones. Vale.