Villa Unión y los medios

Los eventos de sangre ocurridos en Villa Unión, están reclamando un análisis serio de lo que está ocurriendo en Sinaloa con el pretexto de la ola violenta que nos afecta.

También es menester mencionar la innegable realidad económica sinaloense, que pese a los informes y las cifras tranquilizadoras y triunfalistas no logra recuperar la categoría de economía viable, lo cual genera tremendas dificultades a las empresas para seguir manteniéndose a flote, situación en la que está inmerso más de un medio de comunicación pues, hay que decirlo, la reducción de los presupuestos publicitarios privados ya viene de años atrás, lo cual generó un estímulo perverso en el gobierno estatal, orientado a cooptarlos por la vía de compensarles las bajas en sus ventas mediante contratos de lo que fuera, ya ni siquiera publicidad; esa relación perversa, auspiciada por ambas partes, llegó al final de su vida útil desembocando en un esquema de vulgar extorsión, donde uno de los bandos insiste en sacar raja mientras el otro se amacha en cortar por lo sano.

Ambos son culpables, ambos están obligados a encontrar una solución pues el pleito nos está afectando a todos los sinaloenses.

Desde el asesinato del hermano de Julio César Chávez, la cargada mediática se despojó de toda máscara: es increíble le hayan puesto el micrófono en el momento que llegaba a la funeraria para ver el cadáver de su hermano tendido, y de ahí trasladar sus palabras a las primeras planas, a los teasers de radio y televisión y a los flashes de las redes sociales. Pasado el momento difícil del sepelio, Julio César tuvo la decencia de retractarse de sus palabras como corresponde a quien recupera la cordura después de un trago amargo, caso muy distinto es el de los medios que lo emboscaron; si hubiera alguna manera de hacer cumplir la ley en este país, el ex campeón bien pudiera meter a la cárcel a bastantes directores, propietarios, concesionarios, etc. que violaron la ley de libertad de expresión, las leyes de SCT, convenios internacionales sobre derechos humanos y protección a víctimas, sin dejar de mencionar los supuestos códigos de ética de esos mismos medios. Todo ese abuso, en aras de echarle montón a un gobierno cuyo desempeño les importa un pito: dinero es lo que quieren.

Por lo visto no les han dado. Qué bueno, que terminen de morir esas catedrales donde ya sólo ofician charlatanes, cuya única noción sobre la función social del periodismo es la de aprender a contar el dinero en paquetes de treinta monedas.

Por el número de bajas, un evento como el del pasado viernes en Villa Unión sacude a cualquiera (para bien y para mal), por lo mismo no deja de llamarme la atención la rapidez, lo explícito y lo profuso de las imágenes que por diferentes vías nos llegaron a todos; escenas capaces de traumatizar al más pintado, que nos llevan de manera forzosa a una primera observación: fueron tomadas con la colaboración de las fuerzas del orden y debemos preguntarnos por qué, si en condiciones normales hasta conatos de pleito se presentan entre policías y reporteros, mientras que esta vez, como se puede apreciar en el video, nada más les faltó ofrecer bebidas refrescantes al camarógrafo. Las sangrientas postales lograron su cometido, generar una corriente de opinión a favor de los muertos, sobre quienes pesan sospechas razonables de pertenecer al mundo criminal; el fenómeno es normal, fue así (socializando imágenes crudas sobre la guerra) como los vietnamitas lograron alzarse con una victoria política sobre EEUU, a pesar de obtener puras derrotas en el campo de batalla; fue así, como construyeron entre el pueblo enemigo una corriente favorable de opinión que acabó convirtiéndose en aceptación de la derrota; por lo mismo, en este primer momento y a reserva de seguir con el tema (dudo mucho la situación cambie pronto), hoy nos llega el momento para las definiciones institucionales y personales ¿con quién estamos? ¿Contra quién estamos? ¿Por qué?

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.