Tres Ríos

De frente a las elecciones del año 2018, los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional tendrán que elegir entre cartuchos quemados y cartas marcadas para lanzarlos al ruedo por la conquista de los puestos del Congreso de la unión y del palacio legislativo sinaloense, además de la renovación de los 18 ayuntamientos y la votación por el nuevo ejecutivo federal.

Por su parte, el Partido de la Revolución Democrática nuevamente tendrá que esperar las sobras que le dejen el PRI y el PAN para participar en la contienda, como fauna de acompañamiento y en peligro real de extinción.

La cosa no es fácil porque ninguno de los partido tiene nueva madera para construir un escenario digno en el estado, ya que todos han salido con las uñas muy largas y se han especializado los legisladores federales y locales en romper la moral y la ética para no rendir cuentas a nadie y, para colmo de males, estiran y acortan los artículos de la Constitución Política, nacional y estatal, para quebrar la economía del país y hasta se hacen los ofendidos cuando se les tacha de ladrones de cuello blanco.

Ante tal circunstancia, los sinaloenses tenemos que santiguarnos porque, definitivamente, los políticos del PAN y del PRI se han convertido en trapecistas que lo mismo brincan de una curul a otra, inclusive se prestan candidatos previa mochada económica y aprovechan que las instituciones electorales no ven ni oyen nada para cuajar negocios que surgen al amparo de las franquicias disfrazadas de partido políticos.

Tan mal nos ha ido que es imposible creer que el estado de Sinaloa esté quebrado cuando existen riquezas marítimas, forestales, mineras y agrícolas que cualquier país envidiaría para sustentar su poderío económico.

Pero todo esto tiene que ver con las sinvergüenzadas políticas y las decisiones que se han tomado en el Congreso de la Unión, donde por ciento ya se habla de que Aarón Irizar López y Diva Hadamira Gastelum Bajo están calentando motores y preparando las tarjetas de crédito y autofinanciamientos para comprar nuevas posiciones. Quieren ser diputados federales o sacrificarse por lo que el PRI les proponga.

Por el lado de Acción Nacional, el doctor Francisco Salvador López Brito sueña con ser diputado federal nuevamente, pero para esto tendrá que brincar la cuerda que le mueve Ricardo Anaya, que no anda muy contento con el actual senador albiceleste porque le jugo las contras durante la renovación de los cuadros directivos cuando el galeno se cargó a favor de Ernesto Cordero cuando este riñó por la dirigencia nacional del partido. El Plan B de López Brito es meter a su esposa de legisladora local, siguiendo el ejemplo de su compañero Felton González.

Eso sí, quien parece dispuesto a jugársela nuevamente es Martin Heredia Lizárraga, porque ni el mismo sabe si es panista o priista, ya que cojea de la pata tricolor aunque dice ser del corral de Acción Nacional.

Nada más para ilustrar lo amolado que esta Sinaloa basta ver que por el lado del PRI están los diputados federales Bernardino Antelo Esper, German Escobar Manjarrez, Gloria Himelda Félix Niebla, Paola Iveth Gárate Valenzuela, Jesús Enrique Jackson Ramírez, David Epifanio López Gutiérrez, Evelio Plata Inzunza y Martha Sofía Tamayo Morales para notar que definitivamente hay déficit de calidad en la mercancía política.

Pero en el PAN no se quedan atrás, ya que cuentan con Jesús Antonio López Rodríguez y Nadia Haydee Vega Olivas en las trincheras legislativas y por supuesto no le abonan a la calidad de la melcocha electoral.

Pues bien, esta lista de diputados es de terror y lo peor es que algunos de ellos están tercos en que buscarán posiciones políticas en el proceso electoral del año venidero. Y del PRD, se pelean por las plurinominales los de siempre: los Guerra, Audómar, Cervantes y Armenta. No dan entrada a nadie más.

Eso los convierte en políticos de alta peligrosidad.

Lo peor es que definitivamente no hay otra madera de la que el PRI, el PAN y el PRD puedan echar mano; por eso el panorama pinta feo en torno a la calidad política del proceso electoral del año próximo, cuando se elijan senadores, diputados federales y locales y a presidentes municipales.

La insistencia es natural: no queda de otra que santiguarse ante la amenaza electoral que se tiene enfrente.

Ya acabé.