PRI Sinaloa, in articulo mortis

El PRI-Sinaloa vive en un continuo shock al menos desde el cierre de la década de los setenta. Es absolutamente probable que el gobernador Quirino Ordaz Coppel lo lleve en silla de ruedas y con un tanque de oxígeno a la XXII Asamblea Nacional dentro de dos semanas.

Ni siquiera, al cuarto para las doce, el PRI-Sinaloa sabe en qué mesas temáticas se le aceptarán delegados. Si no tiene delegados beligerantes en las mesas de debate, la delegación sinaloense asistirá a la gran cita en calidad de porra y, como acostumbran desde hace tiempo, algunos viajeros preferirán irse de shopping veraniego a Santa Fe, Ciudad de México.

Padre e hijo, Víctor y Carlos Gandarilla, a quienes por razones coyunturales se les ha encargado el despacho del PRI-Sinaloa, uno juega el papel de espía en la delegación de la Segob y el otro navega en las conductas gerenciales de las tiendas Coppel.

Así, a algunos sinaloenses que quieren ser acreditados como delegados, los organizadores de la Asamblea Nacional les están bajando las pilas. Uno de los puntos estatutarios a revisión, es un “hasta aquí” a senadores y diputados plurinominales que, dentro de las nuevas normas de selección de candidatos, les impediría su reelección en automático. Si quieren ser nominados para 2018, tendrán que hacerlo para captar votos en el llano. No más peladitas y en la boca.

Dos cuestiones indica el proyecto de Estatutos: 1) No, a los chapulines parlamentarios que no quieren ensuciarse los zapatos buscando el voto popular, y 2) No a la simulación de candidatas mujeres que son incluidas en listas de representación proporcional sólo para remitirlas a sus casas y entregarles la titularidad de curules y escaños a los suplentes.

Son, esos asuntos, una vía para frenar a los militantes decrépitos y abrir cauces de oportunidad a sangre nueva. Se quiere curar al PRI de arraigadas hemofilias y leucemias que lo tienen en estado terminal.

El shock que vive el PRI sinaloense tiene un origen remoto, previo a su creación en 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR). Nació con los traumas que provocaron los asesinatos de los aspirantes presidenciales Ángel Flores, Benjamín Hill y Francisco R. Serrano; los tres militares.

El segundo colapso tuvo su causa en la afrentosa derrota que sufrió en 2000 Francisco Buenaventura Labastida Ochoa. Tardó doce años para ponerse de nuevo de pie, pero los facultativos más avezados  aseguran que fue resucitado bajo el síndrome de Lázaro: Sin que se le curara la lepra. El estigma no ha cicatrizado.

El signo más acusado de los males del PRI es que, en sólo dos años (2016-2015), de 15 gubernaturas disputadas, sólo triunfó en ocho. Perdió dos de sus bastiones históricos: Veracruz y Tamaulipas. Están en vías de dictamen, que culminará en la instancia jurisdiccional, los estados de México, Coahuila y Nayarit; éste con toda seguridad en situación irreversible.

Latente aún la crisis PRI-Sinaloa 2011-2017, el diagnóstico cancerígeno necesariamente pasa por el laboratorio que estudia la degradación de los genes. El ADN reporta un desbalance de glóbulos, y leucocitos y fagocitos con peritaje de irrecuperables. El veneno ya descompuso el líquido sanguíneo; la glucosa contaminada reporta 329 puntos.

Aquí el análisis del expediente clínico amerita una acotación: No sólo el PRI-Sinaloa está in articulo mortisEl fenómeno tiene carácter endémico y alcanza al grupo dominante en su conjunto, en cuyo caso la vida pública sinaloense exige transfusiones y trasplantes de órganos vitales de urgencia.

Pongamos el cuadrante en una categoría: Clase política. No nos meteremos en pedanterías científicas que tienen que ver con la Sociología, pero apelamos a ese término a efectos de ilustración.

Si de “clase política” sinaloense tratamos (conforme a algunas teorías en boga desde el siglo XIX), pongamos los puntos en dos breves recapitulaciones.

El ciclo de los militares en el poder político de Sinaloa se cerró en los años sesenta al culminar el periodo gubernamental del general Gabriel Leyva Velázquez.

El ejercicio memorioso necesita dos precisiones: Leyva Velázquez fue presidente nacional del PRI. Arribó a ese encargo después de haber pasado por el liderazgo de la Confederación Nacional Campesina (CNC-Sector Agrario del tricolor).

Leyva Velázquez puso el sello de su gestión en la política agrarista. De la misma central campesina surgió la candidatura de Leopoldo Sánchez Celis. El cosalteco imprimió a su administración la misma orientación, al grado de haber desafiado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación después de la afectación de uno de los más grandes latifundios subsistentes: El de Los Redo-Sánchez Navarro (El Alhuate).

Alfredo Valdez Montoya fue ideológicamente híbrido, neutro. A su relevo asistió Alfonso Genaro Calderón Velarde, asumido como el Primer Gobernador Obrero de Sinaloa por su extracción de la Confederación de Trabajadores de México (CTM/ Sector Obrero del PRI).

Con el intermedio del gobernador economista, los tres periodos relatados se caracterizaron como aquellos en que se implantó la lucha de clases versus poder patronal. Antonio Toledo Corro orientó su mandato hacia la clase empresarial. Su sucesor, Labastida Ochoa, economista como Valdez Montoya, gobernó ajeno a la declaración de principios y programa de acción del PRI.

Enfrentado radicalmente con el presidente Carlos Salinas de Gortari, Labastida Ochoa estuvo en un tris de ser defenestrado.

Renato Vega Alvarado y Juan Sigfrido Millán Lizárraga, que se formaron en la CNC, el primero, y en la CTM, el segundo, tuvieron oportunidad de restaurar un gobierno de corte popular, pero terminaron atrapados en los tentáculos del pulpo neoliberal.

Resumiendo: A partir del sexenio de Calderón Velarde (1974-1980), el PRI empezó a perder el voto duro de campesinos y obreros; el sector popular le fue insuficiente al PRI para darle soporte a su histórico record electoral.

Las representaciones clásicas de la derecha y la izquierda en Sinaloa se degradaron con un PAN que renunció al legado doctrinario de sus padres fundadores y con un PRD que terminó enfangado en la componenda y la corrupción burocrática.

Los tres partidos: PRI, PAN y PRD y sus respectivas faunas de acompañamiento, asisten al gran reto de 2018 con la brújula ideológica extraviada, el manual de operación política hecho girones y sus padrones de militantes en situación de agotamiento. Pronto, el Instituto Nacional Electoral (INE) nos dará la razón a esa percepción.

El INE emplazará en unas semanas a todos los partidos con registro nacional a presentar sus padrones de miembros actualizados. Pero el INE coloca otra banderilla en los lomos de esas tres formaciones: Ya está dando a conocer el proceso de redistritación territorial para 2018. En esta tarea, ya tocó a Sinaloa.

Si vale una observación, va la siguiente: El INE, en estricto rigor, no reacomoda los distritos con base en los censos de población del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) para ceñirlo a la fórmula que parte de la población en cada una de esas demarcaciones. No.

El criterio discrecional (no es un pleonasmo) del INE, está tomando como base la densidad del voto popular en cada uno de los 300 distritos electorales. La operación tiene como propósito  salvar a los partidos mayoritarios (que definen el nombramiento de consejeros y magistrados federales), cuya votación viene en picada desde las elecciones federales intermedias de 2015 y en las respectivas elecciones estatales de ese año y los subsiguientes.

De acuerdo con fuentes internas del propio PRI, durante la presidencia renacida en 2012 de Enrique Peña Nieto, el tricolor ha perdido la friolera de casi cinco millones de votos, lo que explica las 8 derrotas en los estados, ya comentada y la nueva correlación de fuerzas en el Congreso de la Unión y los órganos de gobierno de la Ciudad de México.

¿Qué respuestas, qué iniciativas tiene el PRI-Sinaloa para remontar esa debacle? Pura grilla electorera para agandallarse las candidaturas de 2018.

Para enrarecer más la perspectiva, el tricolor Enrique Ochoa Reza ya cayó en pánico: La única tabla de salvación a la que se prende es dar un albazo sobre la organización de la Asamblea Nacional.

En un golpe de timón, Ochoa Reza violentó ya el cronograma rumbo a ese evento. Recorrió cuatro días el calendario para la instalación y desahogo de las mesas temáticas, con lo que achica el tiempo para los debates y sólo deja 48 horas para que los coordinadores presenten sus conclusiones en el pleno de la Asamblea, colocando, además, a redactores de los dictámenes nombrados por el propio Comité Ejecutivo Nacional.

En este momento, los consejeros del INE entran de nuevo al quite, emitiendo resoluciones que impiden a dirigentes nacionales de los partidos o precandidatos a presidente aparecer en los spots autorizados no sólo en los medios electrónicos convencionales, sino incluso en las redes sociales.

La jugada tiene un favorito predeterminado: La restricción no aplica al presidente Peña Nieto ni a sus secretarios encargados de despacho, entre los cuales se encuentran por lo menos cuatro presidenciables. Los dados ya están cargados.

No hay secreto en ese voluntarismo faccioso y cínico. El Grupo Reforma inauguró esta semana con la difusión de su encuesta sobre intención del voto para 2018.

Entre tres presidenciables, Reforma da a Andrés Manuel López Obrador (Morena) 30 por ciento; Margarita Zavala de Calderón (PAN), 26 por ciento y Miguel Ángel Osorio Chong (PRI/ punteando entre los tricolores) 14 por ciento.

Eso explica, repetimos, la maniobra urdida por los consejeros del INE, presionado además por voces de la sociedad civil que ahora mismo están exigiendo la cancelación del registro legal a los partidos que en junio pasado rebasaron los topes de gasto de campaña y no sólo la aplicación de multas a modo para que los transgresores las paguen con los propios subsidios que les otorga el órgano electoral.

En otro enfoque de la encuesta, 50 por ciento de los consultados no votaría por un frente PAN-PRD; 43 por ciento no lo haría por el PRD solo como contendiente del PRI. Por Morena en solitario votaría 39 por ciento.

Como suele ocurrir, las ratas son las primeras en abandonar el barco en picada: Apenas el domingo, el yerno de Manlio Fabio Beltrones, el verde Pablo Escudero, que la gira de presidente en turno de la directiva del Senado, destapó la precandidatura del coordinador de la bancada senatorial del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Carlos Puente.

El propio Escudero calcula que solo, el PVEM tiene ahora una expectativa de voto de 5 por ciento, que podría subir a 10 por ciento en campaña, con lo que tendría suficiente para conservar el registro legal.

En el PRD, la semana pasada algunas de las tribus reconocieron que, en la situación de ambigüedad y ruptura interna, potencialmente podría precipitarse ya la estampida de militantes hacia Morena.

El queretano jefe nacional del PAN, Ricardo Anaya Cortés parece haber recuperado relativamente el control interno, dando a conocer el calendario del proceso que culminará con la nominación de candidato presidencial y la hoja de ruta rumbo a julio de 2018.

Sólo el PRI sigue dando palos de ciego. Y los que queda del PRI en Sinaloa no encuentra aún nada a qué tirarle. Huele a cadaverina. Repetimos, el PRI está in articulo mortis. La tropa y los generales estatales se pusieron en el sexenio pasado al servicio del gobierno del PAN-PRD, con fachada ciudadana, y ya no quieren queso sino salir de la ratonera. El desprestigio es tal que arrastran los saldos más negros y negativos de esa administración.

Lo más seguro es que lleguen a la XXII Asamblea Nacional del PRI con cuentas mochas.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.