“Por notoriamente improcedentes…”

Nuestra democracia “representativa” -anclada sólo en el recuento de votos electorales, de sospechosa libertad y secrecía-,  se prepara para, dentro de 362 días, cambiar titulares en tres mil 643 puestos públicos; desde presidente de la República hasta regidores municipales. No existe precedente de un proceso igual.

La suma total descrita es mero formulismo. En 2018 entra en vigor la reelección en algunos cargos “de elección popular”; legisladores y alcaldes, por ejemplo, que no quieren dejar que otro la baile.

Cuando se promulgó la gran Reforma Política 1977-1978, se dijo que el propósito esencial era que “los votos se cuenten… y cuenten”. Por supuesto, como mandato popular para el ejercicio del poder.

Para el 1 de julio de 2018, es posible que el Registro Federal Electoral tenga un listado nominal de casi 90 millones de mexicanos con derecho a voto a salvo.

En ese potencial de votantes, cabría la población total de más de una decena de países inscritos en la ONU.

Lo que nos dejó el 4 de junio

Sobre los resultados electorales del 4 de junio pasado, se dieron dos contingencias controvertidas: Previamente, en el estado de México, fallaron las pruebas técnicas del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). En Coahuila, el PREP fue cerrado cuando aún faltaba por procesar 30 por ciento de los paquetes electorales.

El pasado 29 de junio, el Tribunal Electoral del Estado de México (TEEM) arrojó al sesto de la basura 71 de los 130 juicios de inconformidad interpuestos. “Por notoriamente improcedentes”, dijeron los probos magistrados electorales mexiquenses.

La judicialización de la política nos informará cuál será el criterio que asuman los magistrados electorales federales, tanto en el estado de México como en Coahuila que, a final de cuentas, al revisar y sentenciar los recursos de impugnación, se basarán en los resultados oficiales que pongan a su disposición los organismos políticos electorales locales de ambos estados.

Lo que llama la atención sobre esa anómala cuestión, es lo siguiente: Si los sistemas de cómputo electoral han quedado ya bajo el dominio de los algoritmos, ¿cómo fallan las pruebas previas del PREP, en un caso, y en otro se interrumpe el flujo de información antes del plazo para el que estaba programado?

El sospechosismo induce a pensar que la mano peluda sigue haciendo de las suyas.

El estado de México, a decir de los sabios, fue laboratorio para la sucesión presidencial de 2018. Si sobre sus resultados hay más preguntas que respuestas, es de temerse que la primera semana de julio del año venidero los algoritmos y sus gráficas nos coloquen ante una revuelta que no dejara piedra sobre piedra de la democracia “representativa a la mexicana”.

Entonces, ¿para qué contarán las boletas de más 40 mil casillas que funcionarán en todo el territorio nacional? Es todo un enigma.