Paranoia al frente de la UAIS

Advierte Sepyc: no se manda sola y los nombramientos los hace la Junta Ejecutiva de entre ternas; caos, por manipulación de ex rector a estatutos

El caos al interior de la Universidad Autónoma Intercultural de Sinaloa es provocado por la rectora, María Guadalupe Ibarra Ceceña, al desconocer la autoridad máxima de la Junta Ejecutiva de la institución, para imponer nombramientos y dictar medidas académicas y administrativas a capricho.

En actitud de paranoia, trata de negar atribuciones del órgano supremo, acusando intentos de “perjudicarla”.

La realidad de la crisis interna fue revelada a Proyecto 3, voces que rompen el silencio, con hechos concretos que demuestran la ilegalidad de la funcionaria, que emprendió arbitrariamente una “purga” de personal sin más criterio que sus simpatías y sin tomar en cuenta a la instancia superior de la Junta, afectando derechos humanos y laborales que generan conflictos internos.

Influye en este desorden institucional la incongruencia que introdujo el ex rector Guadalupe Camargo Orduño el pasado sexenio, al manipular la aprobación de un Estatuto Orgánico que contradice puntos esenciales de la Ley Orgánica, sobre todo para elegir altos funcionarios, como los coordinadores generales y coordinadores de unidad.

Las pretensiones del Estatuto Orgánico a modo del rector o rectora, fue burlar la ley cuando así fuera conveniente a sus intereses y caprichos, en una dictadura sin freno y sólo con privilegios.

Ese estatuto carece de congruencia elemental. Un ejemplo es que para elegir rector exige una antigüedad de cinco años de docente con base y para secretario general, debe acreditar diez años, el doble que el exigido para el primer cargo. El fin evidente es facilitar el camino rumbo a la rectoría a profesores oportunistas, como la propia Ibarra Ceceña.

En este escenario de desorden, ella empezó este año a “cortar cabezas” según su libre albedrio, para sustituirlas por incondicionales que le permitan seguir la ruta que mejor le favorezca. En un proceso interno irregular, con título de doctorado en duda, fue favorecida en la elección, presumiendo la SEPyC que así se ponía fin al cacicazgo de la era malovista. La “solución” ha resultado peor que el mal a curar.

La rectora mostró de inmediato su decisión de avanzar “por la libre” en una actitud desafiante a las más altas instancias de autoridad. A las reacciones las llamó “acoso” e intentos de “perjudicarla”.

Sin respetar la ley orgánica ni la del trabajo, empezó a utilizar dos varas justicieras en su gestión. Así dio este ejemplo: Despidió al profesor Mario Flores Flores, aspirante a secretario general, acusado de ser colaborador del ex rector Camargo -como lo fue la propia rectora en su momento- fungiendo como coordinador académico.

Flores Flores fue descartado para la secretaría general por su antecedente, más que por su antigüedad, de 15 años de servicio, pero sólo 9 con plaza docente. Su peor “falta” fue haber sido funcionario de la pasada administración. Con este mismo prejuicio, Ibarra Ceceña debió no sólo ser descartada sino también despedida de la UAIS.

JALÓN DE OREJAS Y ADVERTENCIA A LA RECTORA

El jueves 28 de junio, las baladronadas de la rectora tuvieron su correctivo. Luego de hacer declaraciones contra los titulares de la Junta Ejecutiva de la universidad, concretamente contra el subsecretario Francisco Miguel Cabanillas Bernal, acusado de “intromisión” en la vida interna de la casa de estudios, ella fue llamada a Culiacán a comparecer ante sus acusados.

Ahí le corrigieron la cartilla, el discurso y el ego. Fueron revisadas sus designaciones, advirtiéndole que algunas no proceden y otras quedan sujetas a que se verifique si fueron respetadas las normas en orden de preeminencia, no por interpretaciones convenencieras de la rectoría.

Poseemos información oficial en el sentido de que Ibarra Ceceña fue advertida de que deben terminar los despidos por capricho, si no existen razones de peso, que sean sustentables en la ley, no en animadversiones personales, para evitar a la UAIS el desprestigio de institución que no respeta el derecho y que la obliga al pago de salarios caídos y reinstalaciones forzosas que acentúen y no resuelvan los problemas desatados por la rectora.

Mareada por el cargo, llegó convencida de que la institución no tiene más autoridad y reglamento que su voluntad, sin reparo en que los abusos laborales llegan a violar derechos humanos y laborales.

Acerca de la situación legal de la rectora, funcionarios de la UAIS obtuvieron dictamen de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, precisando que Ibarra Ceceña no obtuvo el doctorado que presume y sólo se le reconoce su coautoría en artículos sobre diversos temas académicos.

PARANOICA, RECTORA DICE QUE TRATAN DE “PERJUDICARLA”

La ex colaboradora del Municipio de Ahome, en el trienio de Arturo Duarte García, trató de evitar el freno a sus desmanes y ánimos revanchistas afirmando que en la institución y en la Secretaría de Educación Pública y Cultura, además de Cabanillas Beltrán, el director jurídico José Rosario Zavala, trataban de “perjudicarla”.

La funcionaria debió hacer la aclaración respectiva, desmintiéndose ante los medios y acudiendo al llamado de la Junta Ejecutiva a escuchar el apercibimiento de que “no se manda sola”. Así lo establece información precisa obtenida por este semanario.

Escuchó el apercibimiento de sus superiores de que todos sus actos deben orientarse a restablecer el clima de trabajo y orden, respetando la autoridad de la Junta Ejecutiva, pasando a escrutinio todas sus decisiones, sobre todo los nombramientos, para sujetarlas a la aprobación del máximo órgano de gobierno de la UAIS, como debió hacerlo desde el inicio de su gestión.

LLAMADO AL ORDEN PARA CORREGIR ESTATUTOS A MODO DE RECTORA

La ilegalidad en que incurrió María Guadalupe Ibarra Ceceña, al integrar su gabinete sin tomar acuerdo con la Junta Ejecutiva de la institución, es un abierto reto al gobierno de Quirino Ordaz Coppel y a la autoridad del secretario de Educación Pública y Cultura, José Enrique Villa Rivera, indica la amonestación.

Al mismo tiempo, inició el procedimiento jurídico para adecuar el Estatuto Orgánico a la Ley que la rige, a fin de evitar las incongruencias que permiten a la rectoría imponer consignas y designaciones que se acomoden a sus particulares intereses.

El cargo rectoral, advirtieron ya a Ibarra Ceceña, no es un cheque en blanco que le permite poner la cantidad que quiera y menos disponer de ese recurso a su arbitrio inapelable.

El desafío de la falsa doctora en Economía de la UNAM reviste consecuencias políticas, porque en la formación del gabinete la rectora incrustó en la administración a funcionarios leales, como ella misma, a la anterior administración malovista, de Guadalupe Camargo Orduño, quien está sujeto a auditorías e investigaciones sobre diversos actos punibles, como autorizar altas a más de 200 nuevos empleados de la UAIS el último día de diciembre y del pasado régimen, a fin de consolidar la influencia del ex titular, sin importar que se afectaran las finanzas de la casa de estudios.

Información exclusiva para Proyecto 3, indica que la intervención de las autoridades pondrá en el análisis los nombramientos de los coordinadores generales de unidades:

De Los Mochis, Anet Yurivia de Jesús López Corrales; de Mochicahui, Irma Verónica Orduño Bórquez; de Choix, Alonso Ayala Zúñiga; del coordinador educativo, Francisco Antonio Romero Leyva; de Investigación y Posgrado, Ernesto Guerra García; la secretaria general de la universidad, Miriam Fabiola Guerrero, así como del personal administrativo.

Con ese equipo camarguista en su mayoría, sin autorización de la Junta Ejecutiva, Ibarra Ceceña convirtió a la UAIS en un bastión susceptible de ser manipulado por las anteriores autoridades.

Apoyada en ese apoyo, la rectora logró abrir camino a su proyecto de control absoluto de la institución, elegida en un proceso amañado, cuya operatividad empezó a “pagar” con los nombramientos de su gabinete, a espaldas del órgano directivo.

La elección de la rectora también podría quedar sujeta a revisión, al comprobarse la denuncia dentro de la universidad de que el título que ostenta de doctora no tiene registro ni validez en la UNAM, lo que constituiría un acto grave de deshonestidad de la funcionaria. Ello apunta a una deshonestidad que no puede ser admitida en una institución de compromisos académicos y sociales tan específicos como la universidad indígena, un referente nacional en la atención educativa profesional para las etnias del país.