Malova: Roma usa a los traidores

¿Dónde están los amigos y colaboradores del ex gobernador?

 La política es como la rueda de la fortuna; una vez arriba, otra vez abajo. Lo dijo alguien que sabía de esos oficios: Alfonso Martínez Domínguez. Se inició en el servicio de gobierno como elevadorista en el Departamento del Distrito Federal. Llegó a la secretaría general de la CNOP y de aquí a la dirigencia nacional del PRI. Le tocó lidiar con la candidatura presidencial de Luis Echeverría, a quien perseguían los fantasmas del 68.

Precisamente con Echeverría volvió al Departamento del Distrito Federal, ahora como mero jefe. No calentó sillón: Fue defenestrado por El halconazo del 10 de junio del 71. Como El ave Fénix, se levantó de sus cenizas: Fue gobernador de su estado, Nuevo León.

Animal político hasta la médula, ¿cuál fue el secreto del retorno triunfal de Martínez Domínguez al poder? Se llama lealtad al partido al que le dio todo y le dio todo. La lealtad es un valor que en la política es muy escaso y, por lo mismo, suele tener su recompensa. Martínez Domínguez, como su paisano Eloy Cavazos, el gran matador, entró por la puerta grande y salió por la puerta grande. No cualquiera.

Cambio de página para ilustrar esa, que es algo más que alegoría. Es sabiduría política: Actuar con el corazón caliente y la nuca fría.

Primera aplicación: A Jesús Vizcarra Calderón acomoda el proverbio árabe: “Siéntate a la puerta de tu casa, y verás el cadáver de tu enemigo pasar”.

Segunda aplicación: Le acomoda a Mario López Valdez: “Roma usa a los traidores y luego le da de patadas en el trasero”.

¿Dónde están los “amigos” y colaboradores de Malova en éstas, sus horas de abandono, desolación y nerviosismo?: Lo ven venir por la misma acera y saltan a la banqueta de enfrente. La lealtad es un cachito de lotería al que no todos le apuestan.

Variaciones sobre el mismo tema: En 2010, Jesús Vizcarra Calderón perdió la gubernatura, pero ganó el poder económico. Tiene cuerda por lo menos hasta el 30 de noviembre de 2018, gracias a que supo apostar al Premio Mayor: Arrimó su sardina al fogón de Enrique Peña Nieto.

Una cosa viene de otra cosa: Cuando en 2010 López Valdez traicionó al PRI, Peña Nieto era aún gobernador del estado de México. Enfilado hacia Los Pinos, la dirigente nacional del PRI, Beatriz Paredes Rangel lo habilitó como emblema para que el tricolor recuperar en 2012 el poder presidencial.

El efecto Peña Nieto, fue el producto de la mercadotecnia que se cocinó con la presencia del gobernador mexiquense en aquellas capitales donde el PRI fue presentando sus candidatos a la gubernatura de sus estados. Malova fracturó esa racha propagandística e hizo perder al PRI el gobierno de Sinaloa.

En política, las precipitaciones, la falta de cálculo tienen un costo: Por su interés amistoso con David López Gutiérrez, Peña Nieto distinguió en su agenda a Sinaloa al que dedicó frecuentes visitas. El Presidente, al fin bragado político, jugó melifluamente con el ex gobernador cuando el protocolo así lo requirió. Hubo visitas a Mazatlán, sin embargo, sobre las que López Valdez no fue ni enterado.

En las críticas circunstancias -con potencial penal- en que se encuentra Malova, no hay quien, con dos dedos de frente, piense que el mexiquense meta las manos al fuego por quien, prendido del oportunismo, faltó a la lealtad a su partido. Con un poco de intuición, Quirino Ordaz Coppel lo sabe.

No vale, en el haber de López Valdez que, a mitad del tramo de su sexenio, apestado ya en el PAN y el PRD que, en alianza facilitaron su llegada a Palacio, el mochiteco haya tratado de sudar la camiseta tricolor contemporizando con algunos priistas que se alzaron con diputaciones y alcaldías. La suerte del ex gobernador estaba echada.

Dos representaciones casi teatrales se reproducen en estos días: En las elecciones de gobernador de 2010, se atribuyó a Juan Sigfrido Millán Lizárraga haber sido el eficaz operador de la campaña de López Valdez y sus resultados. Hoy, el rosarense se coloca de nuevo en la escena política, jugando sus propias fichas al 2018. No está para ocuparse de dramas ajenos.

Jesús Aguilar Padilla, raspado el 4 de junio en Nayarit, guarda sin embargo -lo saben quienes lo tratan- vivos sus rencores contra el ex senador priista y el gobernador de alianza antipriista que lo puso en evidencias.

Citamos esas dos referencias, porque ambos protagonistas que, dicho sea de paso, no rechinan de limpios, ven hacia el futuro inmediato y le replican a Malova lo que él le asestó a otros para efectos diferentes: Por andar en malos pasos.

Los partidos políticos con registro nacional, cuyos militantes están bajo horcas caudinas por corrupción, no están para andar otorgando amnistías o indultos; menos, para aquellos que se les salieron del huacal. Esos partidos están jugándose la apuesta por Los Pinos.

Hablamos de Millán y Aguilar, porque no son huesos fáciles de roer. Pero detrás de ellos cabalga una legión de aquellos que, en días de vino y rosas, compartieron con López Valdez responsabilidades de su administración y a la hora de la verdad no quieren asumirlas.

Pronto se pondrán en cartelera los nombres de algunos de esos ex colaboradores que ya se están ofreciendo como “testigos protegidos” en las diligencias que practican los órganos de fiscalización administrativa e instancias de procuración de justicia para, a cambio de “soltar” la sopa, lograr la exoneración o por lo menos que se les aminoren sus penalizaciones.

Una salida eventual de Malova consiste en dar la cara. Pero en la feroz cacería de ex gobernadores y más 700 presuntos implicados, el mochiteco no puede jugarse el riesgo que corrió su ex homólogo el panista sonorense Guillermo Padrés Elías, quien cayó cuichito cuando se presentó en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México a “aclarar paradas” y terminó vestido de jaula.

La otra opción de Malova es seguir a salto de mata como el chihuahuense César Duarte Jaquez o el duranguense Jorge Herrera, quienes apelan a los jueces de distrito en busca de amparo tras amparo, a ver si, en lo que ganan tiempo escampa la tempestad en 2018 para poder disfrutar del producto de sus fechorías.

Mala táctica, cuando apenas el lunes pasado, los cazadores de brujas se han concertado bajo una nueva iniciativa: ¡Vamos por más!

 Corolario. Dice la vieja conseja: “Qué solos, que tristes, de quedan los muertos”. Los lamentosos se quejan: ¡Qué manera de matar al poeta! Suele ocurrir y ni modo de decir: Con su PAN que se lo coma. El crimen no paga. Los panistas y los perredistas asuman sus rostros traicioneros.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.