El PRI, en la oscura caverna del neoliberalismo

Narrativa en la que se nos aparece en el piso de remates electoral don Julio regalado: El 2 de julio de 1989 se abrió un largo arco que se cerró el 2 de julio de 2000.

En 1989, la presidencia imperial tricolor obsequió el gobierno del estado de Baja California al PAN. En 2000 se repitió la operación, pero esta vez con  el poder presidencial en concesión al mismo partido.

En 1989 fueron humillados la candidata del PRI en Baja California, senadora Margarita García Villa y el dirigente nacional del partido, el también senador Luis Donaldo Colosio.

En 2000, el agravio se infligió al sinaloense Francisco Buenaventura Labastida Ochoa y a la dirigencia nacional en pleno del partido que hasta entonces tenía contabilizados doce triunfos en elecciones presidenciales.

En 1989 se inauguraron las concertacesiones poselectorales pactadas en diciembre de 1988 por la Alianza estratégica entre el usurpador priista Carlos Salinas de Gortari y el jefe nacional del PAN, Luis H. Álvarez.

De 2000 data la Docena trágica, cuyos protagonistas centrales son Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.

Del arreglo en el corredor Los Pinos-Mexicali en 1989, surgió gobernador el candidato del PAN, Ernesto Ruffo Appel; ahora es senador y pretende la candidatura azul para 2018.

El 2 de julio de 1989 prefiguró una suerte de “muerte civil” del sonorense Colosio. En el mismo estado, pero en Lomas Taurinas, Tijuana, el 23 de marzo de 1994 se consumó su ejecución física.

El 3 de octubre de 1927 fue eliminado físicamente de la contienda presidencial, bajo plomo, el candidato sinaloense general Francisco R. Serrano. El 2 de julio de 2000 cerró su ciclo ascendente el sinaloense Labastida Ochoa.

Cinco años después, con el PRI fuera de Los Pinos, el mochiteco pretendió olvidar sus vergüenzas políticas, aceptado una candidatura “de lista” al Senado de la República. De ahí no ha pasado desde el 30 de agosto de 2012.

En 2017, el ex panista Fox y el todavía activo del PAN, Calderón, sueñan con ser factótum en sucesión presidencial de 2018. El michoacano, jugando a “facilitador electoral” de su mujer, Margarita Zavala Gómez del Campo, en la encarnizada contienda interna del PAN.

El PRI ya no pinta como antes en el mapa político nacional

El PRI renacido en 2012, en la actual  correlación de fuerzas nacional, gobierna sólo 14 estados de la República, pendiente aún de que la autoridad jurisdiccional federal sentencie sobre los resultados del 4 de junio pasado en los estados de México y Coahuila.

Desde 2006, el PRI comenzó a caminar apoyado en la podrida muleta del Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Lo hizo también en 2012. Para 2017 recurrió a las desvencijadas patas de los partidos Nueva Alianza (Panal) y Encuentro Social, y algunas formaciones con registro estatal.

Entre agosto y octubre próximos -con Andrés Manuel López Obrador “sin vara” en el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena)- el PRI, el PAN y el PRD preparan sus aquelarres nacionales para definir sus estrategias con vistas a las elecciones federales generales de 2018 y concurrentes en 30 entidades de la República.

Entre los tres partidos con registro nacional y su fauna de acompañamiento que operaron desde 2012 el fáctico Pacto por México, suman hasta ahora por lo menos 15 precandidatos a suceder al mexiquense Enrique Peña Nieto: El canibalismo es el santo y seña en el interior de esos partidos que hasta ahora representan “primeras minorías” en las instancias legislativas.

El signo del momento indica que abandonará su alianza con el PRI Encuentro Social para explorar la posibilidad de tener candidato presidencial propio. El PVEM, fiel a su espejo diario, calcula a qué fogón arrimará su aceda sardina.

No son vientos de fronda los que soplan sobre las naufragantes embarcaciones de esas tripulaciones: ¿Frente Amplio Opositor, como lo propone el PAN? ¿Frente Amplio “Democrático”, como lo quieren las tribus amarillas, con López Obrador afuera?

La raíz de todos los males tricolores

Volvamos a los 2 de julio de 1989 y 2000, conservando en el centro de gravedad al PRI, para aventurar una explicación de cómo el tricolor perdió su franquicia de “partido casi único”. Y también el compás y la brújula.

Entre 1978 y 1979 recobraron su combatividad, en este orden, los sectores obrero y agrario del PRI. La Confederación de Trabajadores de México (CTM), que puso a remolque al Congreso del Trabajo, acometió asambleas nacionales para exigir una Reforma Económica Integral.

El leitmotiv: Que la renta petrolera de aquellos años fuera compartida con la clase trabajadora y que el petróleo se asumiera como arma de negociación en el conflicto económico internacional.

La Confederación Nacional Campesina (CNC) se sumó a la demanda. Se perfiló entonces el Pacto Obrero-Campesino.

Dirigiendo entonces el PRI el campechano Carlos Sansores Pérez, éste se hizo eco de aquellas iniciativas y las puso a debate, exitosamente, en asamblea nacional del partido. Las incorporó en su declaración de principios y programa de acción.

Con Miguel de la Madrid en la titularidad de la Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP), el primer tanque pensante neoliberal activó sus antenas contra las pretensiones de lo que tipificaba como “dictadura de los sectores” en el interior tricolor.

Después de la promisoria asamblea nacional dirigida por Sansores Pérez, desde la SPP se maquinó la toma del control priista. Para la sucesión presidencial de 1982, ya el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IEPES) estaba en manos de Carlos Salinas de Gortari. Era la pieza mayor: El IEPES fungía entonces el órgano rector para diseñar la plataforma electoral presidencial, base del programa de gobierno para el siguiente sexenio.

De la Madrid llegó a Los Pinos en diciembre 1982. En abril de 1983, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Manuel de Jesús Clouthier del Rincón, en gira por ciudades de los Estados Unidos organizada por el embajador gringo John Gavin, denunció que las elecciones de 1982 le fueron “robadas al PAN”.

Gavin, emisario en México del presidente estadunidense Ronald Reagan, se convirtió desde entonces en asesor áulico del PAN, que inició su despegue electoral en 1983 en los estados fronterizos del norte, cruzada de la que surgió el neopanismo.

Los primeros movimientos telúricos en territorio tricolor

Hacia 1986, bajo la presidencia nacional del ex oficial mayor de la SPP, Adolfo Lugo Verduzco, el PRI empezó a sentir los primeros movimientos telúricos en su interior con vistas a la sucesión de 1988. Una corriente democratizadora se sublevó exigiendo apertura en el método de selección de candidato presidencial.

Antes de que el hidalguense lograra resultados en su esfuerzo conciliador, el tanque pensante de la SPP lo desplazó, acusándolo de tibio en su relación con los disidentes. Colocó en su lugar al chiapaneco Jorge de la Vega Domínguez, a quien se le hizo bolas el engrudo.

En mayo de 1987, excepcionalmente aceptamos la invitación de Los Pinos para acompañar a De la Madrid a una corta gira por el estado de Morelos. En el privado del autobús, casualmente del mismo nombre, el Presidente nos privilegió con una larga conversación sobre la perspectiva del 88.

De la Madrid quiso hablar, sobre todo, de la crisis económica que en 1985 había recobrado su más alta curva. Lo escuchamos básicamente en su intento de explicación de los planes y programas de emergencia aplicados y fallidos desde de finales del sexenio de José López Portillo y continuados durante su mandato.

Obviamente, nuestro interés latente era la situación interna del PRI y sus expectativas inmediatas. El Presidente no rehuyó al tema que por nuestra parte tratamos de plantear a partir de la evaluación de la gestión, sin nombrarlos, de Los seis que ya estaban en la especulación de los futuristas.

El abordaje fue casi anecdótico, empezando por aquello del “hermano que nunca tuve”, el mexiquense Alfredo del Mazo González, identificado filialmente cuando llegó a la Secretaría de Energía, Minas e Industria Paraestatal (Semip) en lugar de Labastida Ochoa.

De la Madrid ponderó sin embargo la responsabilidad de Del Mazo en un sector, como el energético, codificado todavía como prioritario y estratégico.

Nos pareció un tanto absurdo que en la lista de “los seis” se incluyera el jefe del Departamento del Distrito Federal, Ramón Aguirre Velázquez y del procurador federal Sergio García Ramírez, más aplicado al estudio del Derecho desde su vertiente constitucional, que a la grilla político-electorera. No tanto, el nombre de Miguel González Avelar, que para entonces había pasado por el control del Senado y era ya secretario de Educación Pública.

Los dados ya estaban cargados en favor de Salinas de Gortari

Entonces De la Madrid expresó su admiración y respeto por su secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz. “Pero es muy intemperante”, acotó.

Con vehemencia, el Presidente subrayó el imperativo de la planeación democrática para el desarrollo nacional (parte de la inclusión en la reforma constitucional emprendida a principios de sus sexenio en lo que se conoció como el Capítulo Económico), los nuevos desafíos para México en el marco del arranque del neoliberalismo globalizador y los retos internos a partir del conflicto generado por la expropiación de la banca en septiembre de 1982 y el fracaso de los planes y programas para salvar la estabilidad económica y el crecimiento.

Era, por supuesto, la forma de posicionar al secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari.

Dos meses después de aquella conversación, que mantuvimos bajo reserva, el PRI convocó a su pasarela-farsa para exhibir a los seis precandidatos. Cuando la senadora priista Socorro Díaz Palacios presentó a Salinas de Gortari, dimos por consumada la selección de Salinas de Gortari, que pasó a desquiciante trámite el 4 de octubre de 1987.

De la Vega Domínguez, ya en campaña, ofreció a Salinas de Gortari ¡20 millones de votos! Apenas recolectó menos de diez millones.

La noche del 6 de julio de 1988, la crisis electoral en la sucesión presidencial retrató la profunda e irreversible crisis interna del PRI.

Nunca me percaté de la catadura moral de los hermanos Salinas

Al tiempo, Miguel de la Madrid le puso nombre a aquella crisis del tricolor: Terremoto político. Veinte años después, el propio De la Madrid, confesó su error por no estar al tanto en 1987 de la catadura moral de los hermanos Salinas de Gortari. Demasiado tarde.

Viene agosto, mes de recordaciones. En 1994 fue electo como presidente suplente Ernesto Zedillo Ponce de León. Cuatro meses después, estalló el maquinado Error de diciembre.

Amainado el huracán económico, en los meses sucesivos Zedillo reconoció que su elección faltó a la equidad democrática y declaró su sana distancia del PRI. En 2000 entregó la banda presidencial a Vicente Fox.

Ahora, desde la oscura caverna del neoliberalismo, Enrique Ochoa Reza prepara a sus burocráticos cuadros (las bases ya no cuentan) para la Asamblea Nacional dentro de 40 días, a fin de intentar una estrategia de salvataje en 2018. No le arriendo las ganancias. Es cuanto.