El binomio Gandarilla y la doble traición

“Quien traiciona una vez, traiciona muchas veces”

Refrán popular.

 

A mí me parece que Víctor Gandarilla Carrasco es la representación más acabada de ese fresco que bien podríamos rubricar titulándolo como la “Las malas artes de la simulación política”. A Gandarilla se le adjudica el gracioso y ocurrente epíteto de ser un campesino nylon,  burlona metáfora para sugerir que fue un falso líder campesino, tanto por su adscripción citadina, como por su carácter snob y burgués de nuevo cuño. Ahora los neo-campesinos ya no viven en los ejidos, sino en los cotos privados de alto postín. Las delicias de la movilidad social al amparo del poder. Los campesinos de verdad siguen pasando penurias en sus parcelas, mientras los utilitaristas y manipuladores de la nobleza del agro sinaloense se codean con la aristocracia del barrio.

El ex diputado local y federal, en el año 2006 al no encontrar una ” coyuntura política” apropiada para sus intereses renunció al PRI y se unió al proyecto político que encabezaba Andrés Manuel López Obrador quien le consiguió una candidatura al Senado de la República por el PRD. El peje y su inveterada manía de recoger cascajo ( radiactivo) acaba de tropezar otra vez al contratar a Lino Korrodi, ex panista y recaudador de fondos para Vicente Fox en el 2000; la contratación de Gandarilla en el 2006 fue una afrenta a la izquierda y de nula eficacia electoral, lo mismo sucederá con Korrodi. Al tiempo.

Perdonado por las cúpulas priistas Gandarilla consiguió se le nombrara delegado de Gobernación en Colima, uno de los estados donde la violencia ha crecido de manera exponencial, ubicándose en el segundo lugar nacional en ese penoso casillero. A modo de inexplicable promoción, Gandarilla fue nombrado delegado de esa misma secretaría en Sinaloa.

A la par de su resurrección política Carlos su hijo, de forma sorprendente fue designado como líder estatal del PRI.  Carlos fungió como secretario particular del ex gobernador Juan S. Millán durante todo su sexenio y gracias a la generosidad del rosarense, el vástago de Gandarilla se mantuvo en la banca política durante 12 años y sin que se le conociera bien a bien, actividad económica alimenticia, hasta que se enganchó recientemente en una de las fundaciones (?) del empresario Agustín Coppel Luken, que lo recomendaría con el gobernador Quirino Ordaz Coppel al liderazgo priista. Muchos son los ” comentócratas” locales que sostienen que el liderazgo que ejerce Carlos Gandarilla, es bajo la férula y el consejo político de su padre, en virtud de su nula experiencia en el campo de la política partidista y electoral.

Pero lo más inquietante es sin duda que el mecenas del líder del PRI estatal, Agustín Coppel Luken es un declarado enemigo de López Obrador, por la visión socialista y las posiciones políticas del Tabasqueño, así las cosas, Víctor Gandarilla de nueva cuenta priista, por doble partida estaría constituyéndose en  enemigo político de López Obrador, quien el 2006 le abrió las puertas de la izquierda al hoy delegado de Gobernación en Sinaloa. Ni duda, la historia política  es explicable en su más baja interpretación como el arte del oportunismo y la traición como destino manifiesto de muchos de sus personajes.

El escozor que ha causado en la membresía priista esta doble representación y jefatura partidista, por el binomio Gandarilla, se agudizará entrando el 2018 con las candidaturas a puestos de elección popular. El priista de base, vejado una y mil veces por el verticalismo impositivo empieza a dar muestras de insumisión política. En el frente nacional Manlio Fabio Beltrones ya advirtió al líder nacional de su partido Enrique Ochoa Reza, que el PRI no debe de ser utilizado como ” taxi” para advenedizos sin militancia política.  Beltrones mueve sus fichas a lo largo y ancho del país buscando nuevos aliados y consolidando viejas alianzas, de las que carece su adversario Enrique Ochoa.

En este contexto la figura de Víctor Gandarilla  como delegado de gobernación y coordinador de más de 40 dependencias federales de Sinaloa, de acuerdo con un nuevo organigrama ( sin mayor sustento jurídico, pero si político), está causando inquietud tanto al interior del PRI como en las oposiciones acaso por la inercial utilización de programas federales sociales  de distinto tipo, pero en particular para el ejercicio ilegal de la biopolítica, entendida esta última, como la utilización de paliativos alimenticios, de salud y vivienda para la cooptación de la voluntad popular de cara a los comicios del 2018. La secretaría de Gobernación debe de ser garante del imperio de la ley y no de su quebranto, de equidad política y gobernabilidad, no de desequilibrios políticos.

De facto, pero no de jure, Gandarilla ejerce un liderazgo político sobre todos los delegados en Sinaloa de conformidad con esa “superestructura” ideada por Arturo Nuño cuando a la sazón era el Jefe de la Oficina del Presidente Peña Nieto y con el natural apoyo del titular de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, situación que puede generar desequilibrios al interior del PRI en beneficio del binomio Gandarilla y asociados políticos de ocasión.

El ejemplo de las recientes campañas en el Estado de México y Coahuila del ejercicio de la biopolítica fue contundente (la Sedesol y la Sedatu se sirvieron con la cuchara grande),  por lo que eventualmente las elecciones de Coahuila se declararan nulas por esos excesos en los topes de campaña, de acuerdo con los últimos informes de la prensa y con base en una exhaustiva contabilidad que el INE está llevando a cabo en ese estado norteño.  Osorio Chong el más adelantado de los precandidatos priistas y garante de la gobernabilidad en México deberá de mandar señales de prudencia política a todos aquellos que creyéndose empoderados quieran romper los frágiles equilibrios políticos, internos y externos, pero sobre todo, para la confección de las eventuales alianzas que el PRI necesitara concertar para ser competitivo en el 2018.