2006-2018: De patos y otras especies nocivas

En la primera jornada de barbarie, casi 48 horas duró la cacería. La primera noche, del 4 mayo de 2006,  el Canal de las Estrellas entrevistó al Comisionado de Policía. El entrevistador le preguntó: ¿Qué le dijo el gobernador? Sonriente, el entrevistado le respondió: -“El gobernador me felicitó”.

En tres días se rindió parte de dos jóvenes asesinados; 217 personas arrestadas y encarceladas; entre ellas, unas 30 mujeres, la mayoría violadas (tres extranjeras; dos españolas y una chilena); a 189 encarcelados se les imputó delincuencia organizada (fuero federal).

En la secuela de los hechos, a 12 detenidos se les fincó proceso. Hasta 2010 la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró su inocencia y ordenó su liberación. Cuatro años estuvieron en prisión.

El marco de la represión: A dos meses de las elecciones presidenciales. Campesinos de la comarca, despojados de sus tierras, protestaban contra el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (municipio de Texcoco), que Vicente Fox consideraba la obra cumbre de su sexenio. Las protestas se concentraron en San Salvador Atenco, Estado de México. Ese fue el teatro de la brutalidad represiva.

El Comisionado de Seguridad Pública del Estado de México entrevistado por Televisa fue el contralmirante Wilfrido Robledo Madrid, ex agente del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen-Gobernación) y ex comisionado de la Policía Federal Preventiva (PFP).

El gobernador felicitador, Enrique Peña Nieto. Tenía escasos 230 días de haber tomado posesión.

El modelo Atenco, a escala nacional

Siete meses después tomó posesión como presidente de México el panista Felipe Calderón Hinojosa. La primera semana de diciembre de 2006, el michoacano declaró su loca guerra contra el narco, cuyos saldos, en el que se incluyen “los daños colaterales”, no acaban aún de cuantificarse.

El ex gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto sucedió en Los Pinos a Calderón Hinojosa. En su toma de posesión el 1 de diciembre de 2012 ofreció a los compatriotas Un México en paz.

Peña Nieto, sin embargo, continuó la guerra de Calderón. El modelo Atenco se ha aplicado a escala nacional. Los saldos mortales se han disparado geométricamente.

Con harta frecuencia, Peña Nieto felicita a los mandos de las Fuerzas Armadas por su tenaz pero fallido esfuerzo en restaurar la paz en México. Lo hace, en particular, cuando rinde duelo y homenaje a agentes del orden que caen víctima en los combates contra el crimen organizado.

General Cienfuegos versus Almirante Soberón

En esas ocasiones y en otras oportunidades el general secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos Cepeda se refiere al exacerbado estado de violencia que vive el país.

Salvador Cienfuegos insiste en la situación inconstitucional en la que operan las fuerzas armadas en tareas de Seguridad Pública, expresa su indignación por las emboscadas que sufren partidas militares, informa de aquellos activos del Ejército que han sido sometidos a la Justicia Militar, la preocupación de     la Defensa por sensibilizar a los elementos en campaña en materia de Derechos Humanos y, en apariciones recientes, el compromiso de las fuerzas armadas para preservar el sistema democrático en México.

El militar habla en tono civilista. El comandante de la Marina Armada de México, almirante Vidal Francisco Soberón Sanz es más parco su exposición mediática pero “más eficaz” en la acción.

El general Cienfuegos atiende frecuentes convocatorias de El Pentágono a juntas en las que se trata de la seguridad hemisférica, según la visión de Washington. Guarda invariablemente discreción sobre esa agenda.

El almirante Soberón Sanz, invariablemente por separado, tiene ese tipo de contactos pero su agenda hace más ostensible sus tratos con los jefes de los Comandos Sur y Norte de la Defensa gringa.

Hacia finales del sexenio de Calderón, Jorge Carrillo Olea, mexicano experto en cuestiones de Inteligencia, empezó a cuestionar la liberalidad del Comandante de las Fuerzas Armadas mexicanas al permitir que la Armada de México invada campos y funciones que históricamente se reservaron al Ejército, violentando incluso las leyes orgánicas de ambos cuerpos.

Durante el mandato de Calderón, ya se vio a comandos de la Marina operando tierra adentro, incluso en el altiplano mexicano, so capa de combatir el crimen organizado.

Contra lo que ocurre con el Ejército mexicano, los más influyentes medios de comunicación de los Estados Unidos que reciben  línea de El Pentágono y sus cajas de resonancia domésticas, actúan con disimulo ante las denuncias de excesos de las brigadas de la Armada de México, en algunas de cuyas operaciones llegan a ultrajar los cadáveres de malosos caídos “en combate”.

(Enrique Peña Nieto ha confiado recientemente el control de todos los puertos mexicanos a la Secretaría de Marina. Se ha denunciado esa concesión a la Armada como riesgo de profundización del proceso de militarización del territorio nacional).

La toma de la Ciudad de México

La semana pasada, la Armada de México (la Semar conserva históricamente su sede burocrática en el Distrito Federal) dio la voz de su presencia en la Ciudad de México. Lo hizo de manera estentórea con una operación que abarcó territorio de por lo menos cuatro delegaciones políticas del sur y oriente de la capital (más de tres millones de habitantes): Ocho muertos civiles fue el primer saldo; docenas de arrestados. La cacería continúa.

La operación tomó por sorpresa al gobernante civil de la Ciudad de México, el presidenciable Miguel Ángel Mancera Espinosa, quien se había ido de alegre cabalgata a Parral, Chihuahua.

Pocas horas después, desde Puebla se reportaba otra operación armada de los infantes de marina contra huachicoleros. Al menos cinco muertos civiles.

Los sucesos de la semana pasada en la Ciudad de México nos recordaron que desde hace cuatro años, desde Washington se filtró un estudio de Inteligencia que planteaba el reto a determinados gobiernos extranjeros el control de la seguridad en las grandes ciudades del mundo en casos de disturbios populares. La Ciudad de México fue analizada en ese proyecto.

El argumento central de ese documento es que generalmente los aparatos de represión del Estado (civiles y militares), por su experiencia, son eficaces para el control de ciudades medias y las zonas rurales con relativa población y vías de transito accesibles; no así en las grandes metrópolis. Obviamente, la recomendación de los autores de aquel proyecto es iniciar cuanto antes los ensayos “antes de que el destino nos alcance”.

En política, dicen los avezados, no existen las casualidades. Si tiene plumas como pato, pico como pato, come como pato,  camina como pato, etcétera, es que es un pato.

Iniciamos esta narrativa sobre los violentos sucesos en San Salvador Atenco en el contexto de las campañas presidenciales de 2006. Aunque en este sexenio hemos presenciado una sucesión adelantada, es hasta septiembre en que el Instituto Nacional Electoral (INE) dará el banderazo de salida al 18 a partidos y candidatos. En el centro de gravedad de ese escenario, doce años después, se encuentra Enrique Peña Nieto, hoy Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. Es cuanto.