Tres Ríos

Al paso con que marcha el Partido Acción Nacional ni el Chapulín Colorado podrá defender a sus dirigentes nacionales.

Ricardo Anaya Cortés sigue obstinado en cultivar su propia candidatura por la presidencia de México y deja que el Comité Directivo Estatal de Sinaloa siga crujiendo porque no tiene piloto que dirija la nave azul de frente al reto que se abre camino rumbo al proceso del año 2018.

En suma, a Ricardo Anaya no le importa el panismo sinaloense. Por lo menos esa es la sensación. Seguramente considera, con mucha lógica, que el estado dio definitivamente la espalda a ese instituto político y trata de atender otras entidades con mayor rentabilidad blanquiazul.

El partido creado por Manuel Gómez Morín se encuentra en Sinaloa en el centro de una de las más graves crisis política en sus últimos 30 años porque luego de que Edgardo Burgos Marentes concluyera su periodo al frente del comité directivo estatal del PAN, el engrudo se hizo bolas en el partido azul cuando la mano negra de Mario López Valdez se metió hasta la cocina de la militancia y dividió las corrientes atrincheradas en este instituto político.

De hecho, como gobernador del estado, Mario López Valdez supo tratar con los políticos de alcantarillas azules y se le recuerda su malestar cuando por decisión de la dirigencia azul le rompieron su control en la bancada panista en el Congreso del Estado en el año 2014.

El PAN paga hoy muy caro el experimento de 2010 por órdenes de Felipe Calderón Hinojosa. Los pocos cargos en el gabinete y en el Congreso local, que cobraron como cuota de cuates, es una migaja que no compensa el descrédito en que cayeron con la coalición opositora, que sólo explotaron los malovistas y los priistas.

Ese 2014 se conoció con estridencia que el coordinador de los diputados azules en el palacio legislativo de Sinaloa, Francisco Solano Urías, había logrado que empresas relacionadas con su familia realizaran obras de construcción para consumir parte del presupuesto del Congreso del Estado e inmediatamente fue sacado del control azul y fue colocado en su lugar el legislador Adolfo Rojo Montoya.

Muy tarde llegó la solución al partido, y no con la amplitud que se requería. Burgos Marentes fue, además, uno de los peores errores del partido en el presente siglo.

Eso molestó sumamente al entonces gobernador Mario López Valdez que por su parte pasó a la historia como el autor de la ordeña financiera que catapultó a su sexenio como el padre de la mayor deuda pública de que se tenga memoria en la entidad.

Pero la situación del PAN no paró allí. Como Mario López Valdez ejercía el control dentro del PRI, PAN y PRD, durante su sexenio desbarató la dirigencia panista para que no influyera en la nominación de un candidato a modo.

Esto propició que en el año 2016 el PAN tuviera en Martin Heredia Lizárraga al segundo candidato más priista a la gubernatura del estado.

Hay que recordar que, con los colores del Partido Acción Nacional, fue Malova el primer candidato más priista en la historia del PAN, y luego de triunfar en las elecciones del 2010 supo dirigir al mismo tiempo el timón del Partido Revolucionario Institucional, el de Acción Nacional y el de la Revolución Democrática.

Por eso ahora nadie le mueve el agua para que explique él o sus funcionarios las claves del endeudamiento público que dejo como herencia de su periodo gubernamental.

De hecho, Malova ha dado señales de que controla a estos partidos en el Congreso del Estado, a través de sus piezas el PRI, PAN, PANAL y PRD, donde nadie quiere que se investigue al anterior sexenio por aquello de que puedan salir salpicados.

Bajo esa atmósfera contaminada se están creando los carriles de las candidaturas del PAN hacia el proceso electoral del año 2018, aunque, a decir verdad, primero deben limpiar la casa y nombrar bajo el sistema fast track a la nueva dirigencia estatal antes de que el tinglado azul se desmorone estruendosamente.

El problema es que la decisión ni siquiera está en las manos de la militancia azul de Sinaloa, sino que quien está moviendo los hilos es Ricardo Anaya y la realidad es que cuando menos en esta entidad le está quedando grande la yegua.

Ya acabé.