Lindolfo Reyes tiñe de fracasos a Choix

Lindolfo Reyes Gutiérrez se convirtió en el retrato hablado del fracaso

Durante la campaña electoral del año 2016 el ahora presidente municipal prometió empleo y trabajo para la población de Choix, pero los primeros muestreos de su administración reflejan una fotografía diferente, porque solo les acarreo hambre e insalubridad financiera que ha empujado a los ciudadanos a debatirse entre la huida o su incorporación a las filas del crimen.

Reyes Gutiérrez hizo de la campaña electoral del 2016 un proceso de golpes bajos, señalando que la administración de Juan Acosta Salas estuvo muy por debajo de la talla que los choicenses requerían para avanzar, pero en los primeros cinco meses del año 2017 ha probado la miel amarga del fracaso, porque se atoraron los proyectos públicos y las mieles del servicio público solo la saborean personajes desconectados de la realidad social.

En 150 días de gobierno no ha podido colocar un metro de pavimentación de las calles, la ocupación laboral cayó en 800 empleos, las violencia alcanzo rango de estado en las poblaciones y sindicaturas de los altos y en el ranking de migración nacional más de 2 mil 500 personas han sido expulsadas por el hambre y la violencia tan solo en ese municipio.

Son los cinco meses más feroces de la historia de Choix y las páginas de terror y angustia no tienen punto final porque todos los días los funcionarios públicos del ayuntamiento de Choix pregonan que existen mejores condiciones de vida pero en comunidades colocadas entre las rocas de las montañas los incendios de viviendas y los esclavos del hambre muestran una estampa diferente.

El pasado delata al presidente municipal.

Durante la campaña del 2004, José Lindolfo Reyes Gutiérrez prometió tranquilidad y trabajo a los ciudadanos de Choix, y en lugar de cumplirles los gobernó con una baraja de violencia, desempleo y abandono institucional de los programas sociales.

La primera ocasión en la que el munícipe se estrenó en el cargo se inició un ciclo fatal de terror que abarco nueve años en que el Partido Acción Nacional dirigió los destinos de esa región de los altos y la muerte  toco la puerta del ayuntamiento arrebatando la vida de funcionarios encargados de la seguridad pública y sembrando de cadáveres la alfombra de las comunidades rurales y la propia cabecera.

Por el carril institucional el gobierno estatal de Jesús Aguilar Padilla, realizo obras de pavimentación que luego fueron acogidas por Lindolfo Reyes Gutiérrez como si fueran de él, pero ahora las circunstancias son diferentes y no muestra capacidad para administrar el gobierno y tampoco le pone freno a la inseguridad.

Además la carrera política del presidente municipal de Choix de ha permitido amasar una fortuna que contrasta con la pobreza que campea por todo lo que es el mapa municipal en donde los campesinos y ganaderos han vendido sus propiedades para alimentarse, y hasta para salvar la vida emigrando de la zona peligrosa de Choix.

En las zonas intrincadas no hay gobierno. En las arterias rurales campea la ley del crimen.

Desde la postulación de José Lindolfo Reyes Gutiérrez como candidato del Partido Acción Nacional a la presidencia municipal, los pobladores de la región más intrincada de Choix vislumbraron una estela oscura que los hizo recordar que en el primer periodo de gobierno del munícipe, comprendido del año 2005 al 2007, la tasa de criminalidad se disparó y la economía fue emboscada para enriquecer a políticos y elevar la marginación social.

Era el año 2005 cuando la tasa de criminalidad en el estado se leía a un ritmo de 3.7 homicidios por cada 100 mil habitantes.

La tormenta reapareció con mayor fuerza.

El retrato de la violencia se refleja en las estadísticas oficiales que indican que más de 380 personas han caído abatidas en el caos de muerte que vive el escenario sinaloense.

En el caso de Choix, Corral Quemado, Real Blanco, El Orito y La Culebra, entre otras comunidades no han recibido ningún programa de seguridad y la coreografía de balas y disparos siguen siendo el escenario regional y los antiguos pobladores son expulsados para salvar la vida mientras sus viviendas están siendo incendiadas previo saqueo de bienes muebles por parte de grupos armados que gobiernan la vida y propiedades de los lugareños.

Del lado del municipio las autoridades esquivan las denuncias para maquillar las cifras del delito y engañar a las estadísticas diciendo que nada pasa en las arterias del monte que cubre la alfombra municipal.

De esa manera Lindolfo Reyes pretende ocultar las huellas del fracaso de su gobierno y difundir la idea de que la pobreza, el desempleo, la violencia y el rechazo social hacia su administración es un mito.

Lindolfo Reyes se cree un alcalde de fantasía donde el poder y la riqueza son de él y de nadie más.