La generación del asco

Con un acento más bien anecdótico, en el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988) se habló de La familia feliz, por el trato filial que desde la Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP) su titular les daba a sus más cercanos colaboradores.

El Grupo compacto tuvo otro sentido político en el sexenio siguiente (1988-1994). Ese grupo se gestó en la SPP desde 1982, donde operó como tanque pensante que, desde entonces, fue liderado por Carlos Salinas de Gortari e inició la tarea de zapa en el PRI.

En el sexenio de la usurpación, El grupo compacto se presentó como La generación del cambio.

La Generación del cambio fue representada en la dirigencia nacional del PRI por Luis Donaldo Colosio. El sonorense se resistió al cambio de nombre del partido por el de Solidaridad.

La Alianza estratégica

En su sexenio, el usurpador Salinas de Gortari convirtió al PAN en partido satélite, no del PAN, sino de la Presidencia imperial. Con los portaestandartes del neopanismo, Salinas de Gortari pactó la Alianza estratégica para lograr “legitimidad de gestión”.

La Alianza estratégica operó como bisagra en el Congreso de la Unión para acometer las “grandes reformas estructurales” con las que México fue puesto a remolque del neoliberalismo globalizador.

Desde el punto de vista cualitativo, dicho con independencia del signo ideológico que se imprimió al rumbo de México, la Generación del cambio operó con eficacia transitoria por lo menos hasta 2000, en que Ernesto Zedillo Ponce de León entregó la banda presidencial a Vicente Fox.

La Generación del cambio, sin embargo, quedó marcada por su vocación homicida que se avistó desde los asesinatos del cardenal de Guadalajara Posadas Ocampo en 1993 y de Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, en 1994.

La Generación del cambio empolló el huevo de la serpiente: Su producto fue La generación del asco que, entre 2000 y 2012 le puso marca a la casa: La docena trágica.

La Docena trágica dio pie a la resurrección del PRI en 2012. Lo repetiremos tercamente: El PRI fue resucitado sin limpiarse las excrecencias de la corrupción. El síndrome de Lázaro, le hemos llamado a ese fenómeno: El de la lepra.

En cada efervescencia electoral, como ahora en los estados de México y Coahuila, los observadores ponen su mira crítica en las sucias prácticas de partidos y candidatos en campaña.

Nosotros vemos el proceso de pudrición como un signo de decadencia general, en cuyo caso se trata de la degradación del Sistema Político en su conjunto; no sólo del sistema de partidos.

Por Sistema Político entendemos todo el entramado institucional del Estado, en cuyo caso abarca los tres Poderes de la Unión y otros componentes del propio Estado. Desde esa óptica, la doctrina de contrapesos del poder quedó subvertida.

Ministro Mariano Azuela y Güitrón

Ilustremos una aproximación desde el Poder Judicial de la Federación y el Tribunal Constitucional, la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En el viejo régimen, sus detractores vieron al Poder Judicial y la Corte como extensiones subordinadas del Ejecutivo. Magistrados y ministros pretendían que sumisión era igual que “colaboración institucional”.

En el viejo régimen se forjó, por ejemplo, el ministro de la Corte, Mariano Azuela y Güitrón. Su tesis para recibir el título de abogado fue Los grandes temas del Derecho y el Estado a la luz de la Doctrina Pontificia Contemporánea.

De ello la vino a Azuela, nombrado ministro en 1983, la identidad de Un cura en la Corte. Azuela, con el ministro Juan Díaz Romero, fueron los únicos que se salvaron de la purga que Zedillo aplicó a la Corte en diciembre de 1994.

Por méritos propios, Azuela se convirtió en ministro presidente de la Corte en 2003. Para abril de 2004, Azuela ya andaba metido en berenjenales electorales.

Por aquellos días, Azuela se metió a Los Pinos para, con Fox, el secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda, y el procurador general de la República, Rafael Macedo de la Concha, fraguar el desafuero del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador a fin de impedirle ser candidato presidencial en la sucesión de 2006.

Eduardo Tomas Medina-Mora e Icaza

La Corte se ha visto cooptada durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. A propuesta del Ejecutivo, en 2015, por ejemplo, el Senado dio entrada a la Corte a Eduardo Tomás Medina-Mora Icaza. Éste había sido secretario de Seguridad con Fox, procurador con Calderón.

En el sexenio del michoacano, fue Medina-Mora exégeta del monopolio legítimo de la fuerza del Estado.

Al margen de su carrera burocrática y aun durante ésta, Medina-Mora era reputado como socio de una empresa vinculada a Televisa, como después se vinculó a este corporativo a la reciente procuradora de Peña Nieto, Aracely Gómez.

El Tribunal Electoral del PJF

A la estructura del  Poder Judicial de la Federación pertenece el Tribunal Electoral federal. En 2006, los magistrados electorales rompieron todas las expectativas que alentó la creación de esa instancia jurisdiccional en material electoral.

Los magistrados federales se confabularon en 2006 para nombrar Presidente de México al panista Felipe Calderón. En la sucesión de 2012, desde sus preliminares, los magistrados repitieron su aviesa conducta. En la perspectiva de 2018, aran sobre el mismo surco.

El Instituto Federal Electoral

El TEPJF surgió después del Instituto Federal Electoral (IFE), que sustituyó la vieja Comisión Federal Electoral. Dada su composición “ciudadana”, el IFE fue considerado, desde su nacimiento, correa de trasmisión de la transición democrática.

De “los ciudadanos” consejeros se dijo que serían confiables por su condición de apartidistas y autónomos. Pronto se vio a no pocos de ellos afiliados a partidos electoralmente beligerantes.

Salvaron los consejeros electorales su pellejo en 2000, pero su descrédito empezó a documentarse a partir de 2006 en que fueron presididos por Luis Carlos Ugalde Ramírez. La misma trayectoria de falta de credibilidad se confirmó en 2012 y apunta con vistas a 2018.

El Poder Legislativo no escapa al proceso de descomposición, que se ha profundizado desde hace tres sexenios en que sus cámaras han sido mangoneadas por personajes como Elba Esther Gordillo Morales, Manlio Fabio Beltrones Rivera y Emilio Gamboa Patrón (Diputados). Estos dos últimos han alternado su control del Congreso, brincando de una cámara a otra.

Los partidos, espejos del pantano

El PRI, en ese recorrido, acredita su supremacía y confiabilidad hasta la gestión de Santiago Oñate Laborde. Sus sucesores, Humberto Roque Villanueva y Dulce María Sauri Riancho alfombraron al PAN el camino a Los Pinos.

Después, en una operación de “delincuencia organizada”, según la describió la ex presidenta el PRI, María de los Ángeles Moreno,   tomaron por asalto la dirección nacional Roberto Madrazo Pintado y Elba Esther Gordillo Morales.

Desde entonces, incluyendo al ex peñista Humberto Moreira López, el PRI ha tenido una decena de dirigentes entre titulares e interinos, hasta el impresentable Enrique Ochoa Reza.

Desde la gestión de Luis Felipe Bravo Mena, con Fox, el PAN ha transitado también la ruta de la inestabilidad y porquerías en su gobierno interno.  Notable fue la sublevación y expulsión de Manuel Espino Barrientos que, en su ambulantaje, pretendió reverdecer laureles con su movimiento Volver a empezar.

Ahora el PAN está en manos de Ricardo Anaya Cortés, cuestionado por tirios y troyanos por su obcecación en usar la jefatura nacional como trampolín a Los Pinos.

La patética Alejandra Barrales

Nauseas provoca hablar de del PRD. Presa de tribus-jauría desde que fue entregado a Rosario Robles Berlanga y Jesús Ortega Martínez, su astrosa imagen la representa la patética Alejandra Barrales, a punto de ser echada también, en agosto, de la presidencia nacional.

Pero las antropófagas tribus del PRD tienen un hándicap. Las empresas de medios electrónicos les dan masajes al ego presentándolas como “la izquierda políticamente correcta”, siempre y cuando combatan alternativas antisistema.

Como el PAN de Salinas de Gortari, el PRD se indexó al PRI de Peña en el fáctico Pacto por México.

Esa es, a grandes rasgos, La generación del asco: Espejo de la podredumbre del Sistema Político mexicano. Es cuanto.