CNC Y JAP, ALIANZA PARA LA DERROTA

Igual que CTM, CNOP, mujeres y jóvenes, sin liderazgo real ni fuerza política

La derrota del PRI en Nayarit y las convulsiones políticas en el Estado de México, Coahuila y las entidades que ese partido perdió en 2016, indican la proximidad de su ocaso.

Es un proceso de debilitamiento iniciado con la devaluación acelerada de los sectores priistas y la proliferación de cacicazgos que prevalecen sobre la voluntad, las aspiraciones y las preferencias de la militancia.

El caso de Aguilar Padilla, candidato por “dedazo” y craso error de Juan S. Millán en perjuicio de Sinaloa, es emblemático del estado agónico de la CNC y de los demás sectores priistas.

Cenecista por pánico a la rendición de cuentas en 2011, luego de fallar su proyecto de cetemista a favor de Jesús Vizcarra Calderón, el ex gobernador en 2005-2010 se refugió en la Confederación Nacional Campesina y trató de construir un nuevo entorno político.

Llegó arrastrando sus mismas viejas formas antidemocráticas, como “chango viejo que no aprende maromas nuevas”, según dice el refranero popular.

Es la primera lección, bien aplicada en la CTM, organización obrera que, como su hermana del agrarismo, vive la hora que amenaza su existencia como organismo activo y trascendente.

Aguilar fue enviado por el CEN del PRI como delegado a Nayarit, no por razones de mérito y menos por certeza en la eficacia de su desempeño. El partido sólo quiso sacarlo de Sinaloa para facilitar el arranque del gobierno de Quirino Ordaz Coppel y aligerar la presión aguilarista por una cuota de poder que no corresponde a su magra aportación en la campaña quirinista, en la que Chuy Aguilar fue más lastre que salvavidas.

LA DERROTA DE MANUEL COTA, DE LA CNC Y DE JAP

El 4 de junio reciente, el voto de castigo de la sociedad nayarita hundió al candidato senador Manuel Cota Jiménez, dirigente nacional de la CNC, arrastrando a la propia organización y al delegado que se volvió aliado incómodo en su tierra.

Como siempre ha sido, el discurso de Aguilar Padilla en el vecino estado fue una canción monótona por hueca y repetitiva: que Cota era un ganador en la política (como todos los cazafortunas que toman por asalto a la CNC).
Ni por asomo conoció el enviado de Sinaloa el verdadero sentimiento de los priistas y de los electores de Nayarit.
Los nexos del gobierno priista de Tepic con el narcotráfico, que detonó primero en Estados Unidos y luego en México, fue una realidad para la que el partido en el poder no tuvo respuesta. El delegado, menos, envuelto siempre en sus conocidas limitaciones de conexión con el pueblo.

Aguilar seguirá en su exilio disfrazado el mayor tiempo posible que le impondrá Enrique Ochoa Reza, para restarle maniobra en la competencia interna por las posiciones electorales que se definirán el año próximo.

Dentro o fuera de Sinaloa, el ex gobernador es un derrotado, con un elenco político desgastado y sin capacidad de convocatoria política. Fue mandatario del estado por la práctica del fraude en las urnas, principalmente de Badiraguato y otros municipios serranos; y lo fue desde los inicios de su carrera como candidato a diputado federal, y en su propia sucesión en 2010, desperdiciando una candidatura viable y promisoria como la de Vizcarra Calderón. Siempre “la sombra” de JAP ha pesado negativamente más que la figura que recibe su preferencia o conveniencia. Sólo ganó cuando su jefe Millán lo llevó de la mano a la silla ejecutiva.

Sin Millán como escudo, la corte de mediocridades que lo rodeó no le ha permitido trascender en la política de su partido y menos recuperar credibilidad e imagen ante la sociedad sinaloense.

LA CNC, SÓLO UN BOTÍN DE FALSOS CAMPESINOS

La derrota del cenecista Manuel Cota, con todo y su escaño, es la muestra de que los sectores del PRI dejaron de ser fuerzas corporativas capaces de atraer la voluntad del electorado.

Los responsables del mal crónico de la central que fundaron Lázaro Cárdenas del Río y Graciano Sánchez, son los falsos campesinos que la tomaron por asalto en la cúpula nacional y en las Ligas de Comunidades Agrarias.

La CNC combativa y representante de los intereses del agrarismo murió con Alfredo V. Bonfil, en lo más tórrido de una lucha contra los industriales azucareros en Veracruz.

Desde entonces, la central campesina quedó a merced de oportunistas y ambiciosos, muchos de los cuales sí llegaron a ser gobernadores de sus estados. Los más renombrados, por buenas o malas artes política, Celestino Salcedo Monteon, Víctor Cervera Pacheco, Héctor Hugo Olivares Ventura, Maximiliano Silerio Esparza, Heladio Ramírez y Cruz López Aguilar.

SINALOA, EL OCASO DEL SECTOR EJIDAL

En Sinaloa, el sector ejidal inició su ocaso luego del liderazgo auténtico de Francisco Alarcón, en la época del “hombre del paliacate” que lo mostraba con orgullo agrarista, Leopoldo Sánchez Celis.

Desde aquellos lejanos tiempos, la Liga cenecista ha estado en manos de líderes huecos como carrizos, que sólo obedecieron y obedecen a los caprichos del gobernante en turno, existiendo sexenios en que la CNC sólo fue membrete pasivo, como los de Millán, Aguilar y Malova.

En el primero, porque el gobernador obrero decidió hacer a un lado a Pablo Moreno y lanzar al frente de las causas campesinas a líderes anticenecistas, como Ricardo Armenta, Rangel Espinoza y otros; en el periodo de JAP, con cuadros sin liderazgo, como Ramón Barajas y José Luis Vázquez. Como antes lo hiciera Víctor Gandarilla, aprendieron a cobrar cuotas y dejar pasar la devastación del ejido.

Con López Valdez, sin ningún interés en el campesinado, a pesar de ser el sector de origen de sus padres, los asuntos del sector quedaron confiados a un izquierdista aburguesado, Juan Nicasio Guerra Ochoa, quien decidió utilizar como representantes ejidales a miembros de su corriente política y advenedizos, a quienes pagó sueldos de lujo, de hasta 300 mil pesos, por ser líderes mentirosos de uniones agrícolas inexistentes.

Germán Escobar Manjarrez encontró campo libre para apoderarse de la Liga y convertirse en un nuevo magnate, “coyote” y vocero de los intereses industriales, no de los campesinos.

El colmo llegó con la sobrina de Pablo Moreno, sin conocimiento de los asuntos y problemas del sector, manipulable para su tío de corte aguilarista y también para Escobar, diputado presidente de la Comisión de Agricultura, sin asomo de agallas y ADN campesinos, subordinado del grupo de Jesús Patrón y demás mega-acopiadores. Ana Cecilia Moreno es el colmo de la ignorancia en el principal cargo de la CNC en Sinaloa.

AGUILAR, INDESEABLE COMO MENSAJERO DEL FRACASO

Con el fardo de su nuevo descalabro político, Jesús Aguilar Padilla es indeseable como un probado mensajero del fracaso. Indeseable, para el PRI y la CNC, incluso para su grupo, que puede pensar mejor sin su “cabeza”.

Cierto que la candidatura de Manuel Cota fue un error de cálculo y de conocimiento de la realidad del jefe supremo del PRI y de su “gerente” en el partido, pero en Nayarit documentan los desaciertos del delegado que llegó de Sinaloa, con la oculta intención de romper la estancia monótona en Tepic con un permanente contacto a escondidas con sus pocos seguidores.

Aguilar dijo al llegar que sería delegado de tiempo completo, pero se dio tiempo para escapadas veloces a Sinaloa.

Nada aportó a la campaña del candidato, que de hecho fue arrasado en la elección por la alianza PAN-PRD.

La oposición al PRI en Sinaloa podría recibir complacida al ex gobernador que, si lo dejan, puede dar la última palada en la tumba de “su” sector campesino y del partido que tiene lastrado con su peso muerto.

Y Manuel Cota podrá seguir siendo senador, si quiere regresar a ser el señalado por el fracaso.

Pero la CNC que despedazó no tiene vuelta atrás. Se la acabaron.