2018: Comienza el juego de imposturas

En la presentación que Umberto Eco realizó del maravilloso libro “El Cementerio de Praga”, apenas en 2010 en el Paraninfo de la Universidad Complutense, el autor italiano indaga sobre algunas de las grandes falsedades que han dado forma a la historia de la humanidad.

Desde las inexistentes cartas del Preste Juan que motivaron los viajes de Marco Polo por el mundo, pasando por la cuestionada Donación de Constantino que significó el nacimiento del estado Vaticano, hasta llegar las falsas armas de destrucción masiva que estaban en manos de Saddam Hussein y que sirvieron de pretexto para la ultima invasión estadounidense a Irak; el semiólogo da con un entramado de imposturas que “entre más grandes, complejas y secretas sean, otorgan más poder al impostor”.

Nada sería más cercano a la narrativa de Eco en textos como el citado anteriormente, u otros más que envuelven al lector en un rejuego de mentiras, que lo que se ha desatado en la vida del país con el acicate de la cercanía del proceso electoral del 2018 y la inminente alternancia que llegará a Los Pinos.

Las extravagancias, folklores y desvaríos que provoca el histrionismo de la clase política tienen en estos momentos un singular acento que toca a actores y líderes de múltiples tonalidades ideológicas, e incluso, de distintas ubicaciones geográficas. Este fenómeno seguramente se agudizará conforme la cuenta regresiva se acerque al día de los comicios del siguiente año. Aquí algunas de las estampas que deja esta coyuntura:

La pose de un movimiento social que había mantenido durante más de 20 años una intermitencia en sus apariciones, “misteriosamente” correlacionada con los años comiciales y que ahora en un etapa crucial de la vida del país decide maquillar, con inusitada habilidad, su salida de la abstinencia electorera presentando una candidata presidencial propia.

El desatino que modifica gesticulaciones y diálogos de un gobernador inmerso en un laberinto que se ha impuesto por la lógica de sus aspiraciones, rejuegos, compromisos y protagonismos; así como por la presión social que genera el gobernar una entidad, que después de un nefasto desgobierno, reclama esfuerzos extrahumanos para recuperar la conducción y el rumbo.

Un partido gobernante inmerso en el descrédito por la corrupción y las violaciones a los derechos humanos; que sin embargo exhibe falsas muestras de vitalidad en la fraudulenta operación electoral y el espionaje a los opositores, ocultando así la inminente caducidad de su estancia en el escenario.

El antiguo matrimonio presidencial que desea recuperar el papel de protagónico, fingiendo haber cambiado el rojo carmesí de su ensangrentada mascara, por el de un rosa mucho mas femenino y aligerado, pero igual de infame y estridente.

Una mentira sin embargo se cierne en el auditorio como si se tratase de la música incidental de una macabra puesta en escena. Su intrincada sonoridad riega todo el ambiente haciéndolo pesado y denso. La idea de un destino fatal, del fin de la utopía y del imperio del desaliento; puede ser la conclusión de este inmenso circo de muchas pistas, llamado el juego de las imposturas.