Tres Ríos

En política, la fiebre amarilla de otros tiempos está resultando precaria y sin fuerza en Sinaloa.

Aquellos jugadores de primera línea en la baraja del Partido de la Revolución Democrática incurrieron en el pecado de la gula económica en cargos de gobierno y sumieron al perredismo en una crisis moral y ética que ahora es una pesada carga para los retos que se atalayan en el año 2018.

El calibre del daño al perredismo causado por aquellos que se embarcaron como viajeros de primera clase en el sexenio que encabezó en Sinaloa Mario López Valdez, es enorme y difícil de sortear porque ya no queda ninguna vaca sagrada sana en el redil amarillo.

Por eso, Juan Nicasio Guerra Ochoa, Juan Figueroa Fuente, Ricardo Armenta Beltrán, Alejandro Cervantes Sotelo, Audómar Ahumada Quintero y otras aves aventureras que anidaron en el Partido de la Revolución Democrática ya no son invitados de honor a las movilizaciones campesinas que están sembrando el terror en la cara norte, centro y sur del estado.

Fueron colocados con el calibre de traicioneros y oportunistas que succionaron riqueza de los presupuestos estatales y se fueron.

Las razones de la nueva estafeta con que se ha patentado exprofeso a estos militantes del perredismo son muchas.

Pero la que más pesa es que se les ha perdido la confianza por su manifiesta codicia, más grande que sus convicciones políticas.

En las acciones que productores de maíz y de frijol han llevado a cabo en la carretera internacional México 15 y las zonas de acopio de trigo, los movilizados han dejado en claro que no quieren ver ni en pintura a ninguno de los referidos políticos.

En otros tiempos, los mencionados líderes perredistas eran los primeros en subirse a las tribunas para gritar fermentados reclamos de cambios a la política de atención al campo y mejores programas de desarrollo rural.

También pedían acabar con el intermediarismo en la venta de productos agrícolas.

Estos pregones hechos a la rosa de los vientos por Guerra Ocho y sus alegres compadres del PRD se apaciguaron en el 2011 cuando cambiaron sus beligerantes discursos por una dieta económica balanceada para unos cuantos que lograron bajar recursos federales y estatales y con ello les taparon la boca.

Se convirtieron así en los nuevos ricos de la comarca amarilla, pero se ganaron el fuchi de aquellos que en algún momento le profesaron admiración.

Tomando en cuenta lo anterior, no cabe duda de que el Partido de la Revolución Democrática se encuentra ahora en una posición incómoda y astrosa, ya que nadie quiere ambular por sus colores en la lucha por posiciones políticas que se abrirán en el escenario 2018, cuando se elijan presidente de la república, senadores, diputados federales, ayuntamientos, diputados locales, arrastrando a síndicos y comisarios municipales.

La devaluación del Partido de la Revolución Democrática adquirió un acento de gravedad al conocerse que el gobierno de Mario López Valdez dejó rechinando de limpias las cajas registradoras del estado y que unas de las áreas con mayor sospecha fue la Secretaria de Agricultura, Ganadería y Pesca, que durante la travesía sexenal estuvo tripulada por Juan Nicasio Guerra Ochoa, a quien los ejidatarios y jornaleros le perdieron la confianza porque no les solucionó ningún problema de los que les presentaron y en cambio el político amarillo se dedicó a vestir casimir y calzar de charol, y ahora cuenta con pulidos campos de producción agropecuaria propios.

Es considerado uno de los nuevos popis de la política y la agricultura sinaloense.

Otro de los que perdió el galillo con que venía cacaraqueando su condición de político pulcro e inmaculado es Juan Figueroa Fuentes, a quien lo alcanzó el pantano de la tentación y saltó de líder campesino a cacique devorador de la actividad rural.

De Ricardo Armenta no es difícil definirlo. Sus correligionarios y los campesinos que se han venido manifestando en exigencia de un trato justo a los productores del campo lo definen claramente como oportunista y traicionero, y como persona proclive a sacar ventaja de la crisis política y económica del estado. Cobró como líder de una inexistente unión nacional agrícola y fue proveedor de servicios de maquinaria del gobierno.

Por eso estos personajes son calificados como los simuladores del perredismo sinaloense.

Es la nueva realidad del ya viejo PRD.

Ya acabé.