Tres Ríos

El señor de los chocolates, Jesús Valdés Palazuelos, está dando muestras de cansancio.

Siente que le quedó grande la yegua.

El presidente municipal de Culiacán recibió un testamento negro de parte de su antecesor, Sergio Torres Félix, que le colgó una medalla de alcalde y al mismo tiempo lo dejó tronado y con la carga de pagar más de mil 450 millones de pesos que se gastaron durante el bailongo del trienio pasado y que ahora se refleja en “el cero hit y cero carreras” en obras públicas.

De hecho, Valdés Palazuelos jura y perjura entre sus allegados que tiene mucho arrepentimiento de haber dejado que se le “calentara el boiler” por la alcaldía y debió haberle hecho el fuchi luego de haber conocido los pasos del alcalde que se fue y que lo dejó atado con los números rojos que se maneja en la baraja presupuestaria de la comuna.

Y lo dice: No encuentra una válvula de escape.

De hecho, hasta las reuniones públicas las vuelve privadas y colocó en posición de mito aquello del cabildo abierto promovido por Torres y los diputados locales, ya que el mal humor ciudadano y los reclamos por los fracasos que hay en materia de seguridad, generación de trabajo, salud, pavimentación, drenaje y servicio de agua potable se han vuelto el paisaje natural de la otrora boyante capital sinaloense.

Eso sí, la única riqueza que se tiene en el municipio de Culiacán es la violencia que creció a un ritmo acelerado y mostró el rostro de la incompetencia de las autoridades municipales.

Ahora todos tienen que andar con cuidado. Es la marca de la casa.

Hasta el propio alcalde anda de mal humor.

Debería comerse un “milkyway”.

Otro de los que no ha exorcizado sus fantasmas y ha visto caer muertos casi a diario en el terreno en que gobiernan, es Felipe Garzón presidente municipal de Concordia, Sinaloa.

El paradigma del municipio de Concordia es la estela lúgubre que está dejando como huella entre los ciudadanos del lugar, que no pasan un instante en calma y ahora son rehenes de las protecciones de fierro que han colocado en puertas y ventanas de sus domicilios. Tantas precauciones costosas porque ahora no pueden salir ni al patio sin temor de caer bajo las balas.

En la odisea de ese municipio han caído gentes inocentes que han sido dados de baja del censo de población sin haber tenido relación alguna con los grupos criminales, pero que el fuego cruzado los alcanzó y lo peor es que en ese lugar ni para cámaras de vigilancia les alcanza el presupuesto.

Eso sí hay que entender, que con cámaras de vigilancia o sin ellas los cohetazos entre bandas rivales se han convertido en el telón de fondo de todas las alcaldías de la entidad porque nadie les tiene miedo a los cuerpos de seguridad que apenas logran escabullirse ellos mismos de las balas.

La muestra de ello es el municipio de El Fuerte donde la presidenta municipal, Nubia Ramos Carvajal, ha visto disminuir la presencia de turistas extranjeros y se han dado casos en que cuando algún visitante de otra nación llega despistado, usa un aparatoso sistema de cuidado para prevenirse de algún ataque.

Nos tocó ver que, para cuidar a dos turistas, sólo a dos, la alcaldesa ocupó a dos patrullas con cupo completo de policías, utilizando a nueve personas para cuidar al par de turistas. Con ello destapó un hoyo para tapar otro.

En ese mismo sentido se encuentra el municipio de Sinaloa, la llamada tierra de los generales, donde hace mucho tiempo no reciben visitas de los turistas, y en Guamúchil tampoco se ha visto interés internacional por contemplarlo en el mapa de visitas porque las ráfagas de disparos se confunden entre las calles como si fueran fuegos artificiales.

En fin todo el estado de Sinaloa esta crispado y capturado por malos alcaldes, que no se atreven ni a denunciar el vandalismo rateril que encontraron de las anteriores autoridades.

La justicia sigue esperando el llamado a ocupar su sitio en Sinaloa.

Ya acabé.