Sinaloa está igual que antes; faltan cambios sin contemplaciones

El avión que Duarte dijo que no es suyo, llevó a su tesorero a Las Vegas

El asesinato de que fue víctima el compañero Javier Valdez Cárdenas, refleja la descomposición política que ensombrece a Sinaloa desde hace al menos 15 años.
Está a la vista una realidad que trata de ocultarse: la violencia y la inseguridad no comenzaron en este gobierno. Por lo menos los tres anteriores dejaron su propia cuota de homicidios como el que sacudió al estado el pasado lunes 15 de mayo.
Lo que ocurre es producto de una gestación que no inició en enero. Y no lo decimos para congraciarnos con nadie. Está muy clara la línea de deslinde de nuestra parte respecto del régimen de Quirino Ordaz Coppel y de todos los órdenes de gobierno.
Pero el ejercicio de imparcialidad nos obliga a decir que parte de la satanización en marcha en la “gran prensa” estatal contra el actual ejecutivo, tiene otras intenciones, relacionadas con canonjías a críticos feroces en apariencia, que se acabaron este año.
Las estructuras policiacas y de procuración de justicia quedaron en su peor nivel de eficiencia y los efectos los seguimos pagando los ciudadanos.
La realidad de Sinaloa es la misma que dejó Malova, como indican las más de 7 mil ejecuciones en sus seis años de gobierno y parecida a la que recibió de Jesús Aguilar Padilla.
Hacen falta cambios más profundos, rompiendo nexos con el pasado y buscando una recomposición de los cuerpos de seguridad y de la fiscalía del estado, entregada a quien es un probado ineficiente, producto de la recomendación política y no por resultados. Estos no se encuentran en el expediente de Juan José Ríos Estavillo. Lo hemos dicho antes. Es que no los hay.
MINTIERON ARTURO DUARTE GARCÍA Y SU SUCESOR en la alcaldía de Ahome, Alvaro Ruelas Echave, un cómplice en su silencio.
El avión que el ex alcalde Duarte García juró que no es de su propiedad, en los hechos se demuestra de que, por lo menos, tiene un derecho de uso como si fuera dueño con quien fue su tesorero en el gobierno 2013-2016, Juan Tachna Félix.
Es que el pasado 6 de mayo, Tachna, familiares y amigos íntimos viajaron a Las Vegas para asistir a la función de box encabezada por la pelea Canelo-Chávez. Y se fueron en el avión Cessna 414A(0121) 78 Matrícula N300 CG adquirido a principios del año por Tachna, un hermano suyo, Arturo Duarte y un empresario gasolinero de Culiacán, giro económico en que pretende incursionar el ex presidente ahomense, por cierto aspirante a diputado federal por su distrito.
Duarte y Tachna negaron la adquisición del avión, pero es evidente que la aeronave está a su disposición, para vuelos como el de aquel día, realizado por cierto hasta Tucson, Arizona, donde habrían abordado un avión comercial para llegar a su destino.
Los asistentes a la pelea fueron dominados por la compulsión de tomar fotos dentro del recinto de la función y de enviarlas a sus amigos, que no tienen la solvencia de los ex funcionarios para gastar 20 mil dólares -casi 400 mil dólares- en ese happy week-end.
Al presidente en turno, Alvaro Ruelas, cabe la culpa del solapador, al permitir que sus dos principales compañeros en el triunvirato del pasado gobierno engañen a la opinión pública y, más aún, que oculte el origen de los fondos públicos que sirvieron para fines personales de ex funcionarios. Así paga el apoyo a su postulación.
Pero ojo, la Auditoría Superior de la Federación está realizando una nueva investigación sobre manejo de recursos públicos en el norte y en el resto de la entidad.
LA VIEJA CLASE POLÍTICA DE SINALOA QUIERE PERPETUARSE. Esto, a través de sus descendientes.
El PRI es tomado por la camada de juniors de políticos que no dejaron una huella de pulcritud o de beneficio a sus compañeros de partido y conciudadanos que para nada son tomados en cuenta.
Ya tiene réplicas el ejemplo del “invento” del partido de entregar el Comité Directivo Estatal a Carlos Radamés Gandarilla García, para que su padre Víctor Manuel, dirija la política desde la Delegación de la SEGOB.
Esto quiere decir, dicho sea de paso, que Quirino Ordaz Coppel piensa cambiar de “gallo” priista para la candidatura presidencial. Como diputado federal, demostró en sus dos intervenciones que aparecen en la hoja de servicios en San Lázaro que le gustaba exaltar los méritos de Luis Videgaray Caso, en una alabanza sostenida que no dejó lugar a dudas de su simpatía política.
Como gobernador, sus actos indican que metió reversa para permitir que la línea y las consignas políticas, en la vertiente de la sucesión, sean las que acomoden al proyecto de Miguel Angel Osorio Chong.
Es suposición nada descabellada que Quirino debe atender, por encima de todas sus simpatías y ambiciones, la voluntad que le exprese el presidente de México, a quien debe la gubernatura y sus beneficios.
De hecho, la perspectiva de Osorio Chong es la que más adhesiones tiene entre la clase política priista sinaloense.
Pero no es una definición que sea manifestada como una militancia irreductible, porque todos los que comparten el botín político del PRI cambiarán de preferencia tantas veces como quiera Enrique Peña Nieto.
Cuando Videgaray salió del gabinete, Ordaz Coppel se encontró con el regalo de la gubernatura, que la oligarquía familiar le consiguió en Los Pinos y se olvidó de aquel proyecto. Cuando vuelve a figurar como canciller, ya Quirino estaba enfrascado en otros compromisos mayores con Peña Nieto.
En el presente, las estructuras priistas en el estado parecen moverse a favor del político hidalguense, de acuerdo con las indicaciones que baja el jefe político de Sinaloa.
La estrategia es dar la impresión de que el partido deja de ser instrumento acaparado por los dinosaurios y hacen emerger a jóvenes que no tienen trayectoria, ni liderazgo ni identidad con la militancia tricolor, menos con el grueso de la sociedad.
Es el caso de Gandarilla, cuyo ejemplo empieza a replicarse en otras esferas y parece que seguirá en la elección de candidatos, con mayoría de jóvenes y mujeres.
Inexperto, pero lo echaron a caminar por el estado, muestreándose para que lo conozcan y conozca, mientras que su padre, a pesar de su pasado junto a Andrés Manuel López Obrador, se hace cargo de la orientación de su vástago, alineado con el secretario de estado del que depende su trabajo.
“Gandarillita” tiene ya imitadores, como el impuesto al castigado pueblo de Guasave, con Rogelio Burgos Martínez, el hijo de Jesús Burgos Pinto, otro de los “coyotes de la isleta”, que se encargará de hacer lo que se acomode, no a la membresía, sino a lo que venga por voluntad de un solo hombre, el presidente.
Al igual que Gandarilla junior, Burgos Martínez no habría ganado ninguna posición si el PRI abre este proceso a una consulta a las bases. Pero la democracia es una materia tan muerta como las lenguas de antes del diluvio.