Lo que es, es

Sí, yo fui amigo de Javier Valdez, aunque debo admitir jamás le presté dinero, así que no me queda andar rasgándome las vestiduras como si con su muerte me hubieran quitado a un hermano.

Lo siento, no puedo ser hipócrita y gritar más fuerte y expresar más dolor del que manifiesta su banda de hermanos, porque sería de mi parte una grosería además de una mentira, no puede haberme dolido más que a Ismael Bojórquez, Alejandro Sicairos y el resto de quienes conforman Riodoce.

Alejandro me sorprendió con su participación frente al gobernador el día de la marcha: centrado, sin aspavientos y sin gritos demandó lo conducente, no pidió justicia ni pidió venganza, reclamó por lo necesario para que el crimen no sea en balde y nada más, como el mismo Javier lo hizo siempre, poniendo la satisfacción de otros por encima de la propia.

Luego este domingo en el editorial de Ismael Bojórquez, la crónica de vida del semanario que nos ofrece establece una premisa extraordinaria, la de un grupo de personas que decide hacer de su profesión una actividad de alto riesgo, no para enriquecerse ni para ceñirse la rama de olivo, sino porque a la vocación se le atiende y lo demás puede irse a la chingada, que para morir nacemos y al final lo único que nos llevamos a la tumba es la satisfacción de haber hecho lo que consideramos bueno. El grupo periodístico de Javier, está dando un buen ejemplo al no recurrir a chantajes baratos ni reclamos para nadie que no haya tenido vela en el entierro: para quienes están aprovechando el crimen para llevar agua a su molino, cuidado porque estos periodistas son más aventados que Juan Escutia y, cualquier rato, les van a pegar una desconocida y el quemadón va a ser de antología.

Pinches buitres.

En su momento tuve discrepancias importantes con ellos, sin embargo ambas partes hemos sabido manejar nuestras diferencias y la relación cordial que hemos llevado hoy se acrecienta, al menos de mi parte, por la dignidad y entereza que muestran en este momento funesto. Así lo reconocen: ellos son quienes hace años decidieron jugársela, acordaron meterse adonde nadie quería entrar, a donde nadie, hasta la fecha, lo quiere hacer, salvo ellos de nuevo y asimismo asumen otra vez los riesgos.

Son como soldados más bien: lamentan sus muertos, los entierran y siguen adelante agradeciendo por vivir un día más para seguir peleando. Les reconozco sus güevos. Yo no los tengo tan grandes, quizá sí para otras cosas pero no a la hora de hacer periodismo, no estoy dispuesto al máximo sacrificio en aras de mi profesión. No puedo, no estoy hecho de esa sustancia, la neta. En esa cola no me formo.

Mis respetos.

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.