La crisis de imagen de Quirino y los fracasos en la comunicación política y social

Ningún funcionario estatal ha demostrado más ineptitud en los cuatro meses y medio de 2017 ni causado más daño al gobierno que el coordinador general de Comunicación Social, Alberto Camacho García.

Es un fracaso anunciado desde antes de la integración del gabinete de Quirino Ordaz Coppel a fines del año anterior, cuando diversos medios, entre ellos Proyecto 3,voces que rompen el silencio, afirmamos que los antecedentes de Camacho no recomendaban su incorporación al equipo de trabajo del ejecutivo.

Hoy, el gremio periodístico tiene rotos los vínculos de trabajo con la administración pública, porque el coordinador del área se empecina en distorsionar la realidad a través de un reducido grupo de no más de cuatro o cinco incondicionales, del club de la lisonja, para vender la idea al mandatario de que su imagen es inmejorable.

Fuera del círculo camachista, los demás periodistas son clasificados despectivamente como “la perrada”, los reporteros de a pie, de Culiacán y las demás ciudades del estado, a pesar de que son quienes tienen el contacto diario y directo con la noticia y el sentir ciudadano.
El asesinato de Javier Valdez Cárdenas demostró que la gran mayoría de los profesionales de la prensa no respetan el filtro de Camacho García, así como tampoco éste les atiende como lo hace con su selecto y reducido grupo de “cuates”.
Para hablar con el gobernador, la prensa indignada ni en cuenta tomó al coordinador de Comunicación, demostrando la irrelevancia de quien fue recomendado por Jesús Vizcarra sólo para ponerlo fuera de la nómina de Sukarne.
La dependencia comunicadora se apartó de su obligación primordial de transmitir con puntualidad no sólo el quehacer del mandatario, sino de todas las áreas operativas, para un preciso conocimiento de lo que hace el aparato gubernamental. Es un vacío de información que tiene un alto costo social y hasta político.

La percepción ciudadana no recibe todavía suficientes elementos del trabajo institucional y personal de Quirino Ordaz porque no hay visión para dimensionar lo que se hace y, además, reconocer lo que está pendiente, de manera que el público se forme una opinión más aproximada a la realidad que vive el estado.

Cuatro meses y medio no han bastado para conectarlo con la opinión pública por dos hechos elementales que demuestran las peores omisiones de los comunicólogos producto del influyentismo y no de la capacidad como referente.

1.- El desgastado recurso del boletín, frío y sin “carne” para una noticia de interés, hizo monótona y repetitiva la información de las actividades del gobernante y de los demás grandes temas del estado.
Concretamente, se pudo apreciar que hasta ese día negro no se había advertido a la ciudadanía lo que el gobernador debió admitir acorralado en su propio palacio: que recibió de Mario López Valdez una estructura de policía y de las instituciones de seguridad pública y procuración de justicia totalmente desmanteladas.
Hasta ese momento, pudimos enterarnos de la devastación que heredó de su predecesor. Para el estratega de la comunicación de gobierno fue más fácil ocultar la verdad y por lo tanto puede ser señalado como mentiroso, arrastrado a ese calificativo por la estrecha perspectiva que ofrece acerca de la realidad del gobierno.

2.- Camacho engaña a su jefe al no admitir la pertinencia y sustento de las opiniones críticas que le advirtieron sobre el riesgo de la forma de difusión basada en la salida más fácil, el halago comprado a un reducido club de aduladores a sueldo, que no ha traspasado el titular del área, Alberto Camacho García, por su incapacidad para acercarse a la inmensa mayoría de los periodistas sinaloenses y al sentir de la ciudadanía.

Esto se debe a que para el coordinador y sus limitados colaboradores debe ser inalterable la comodidad del boletín zalamero y hueco.

El pasado explica lo que pasa hoy. Camacho García falló como comunicador de Jesús Aguilar Padilla, cuya imagen no le permite ser aceptado por el pueblo como referente, con aceptación limitada a su círculo de amigos y aliados que acapararon los beneficios del mal gobierno que impuso al pueblo gracias a un fraude electoral.

Volvió a fallar Alberto Camacho como operador de Jesús Vizcarra Calderón, quien perdió la elección 2010 en los medios y en la comparación de su imagen con la proyectada por sus adversarios. El comunicador fue una figura de más en aquella campaña histórica, en la que participó gracias a la recomendación de Aguilar, que se dio por satisfecho con el aplauso de los comprometidos con su gobierno.

MENTIR DIARIO NO HACE UNA VERDAD; AL FINAL LOS HECHOS MANDAN

La comunicación puede ser un Talón de Aquiles del gobierno si no es manejada con ética.

Por eso la gente acaba de agotar su paciencia ante las mentiras y las verdades a medias que a diario le repiten, despedazando la falsa creencia de Goebbels de que la repetición del engaño convence.

Aquí se demuestra que los hechos mandan finalmente, en la medida en que los encargados de difundir falsedades e inexactitudes se llenan de caldo gordo en su edén de fantasía.

Es una lección que Quirino está aprendiendo. La crisis de imagen no es cualquier cosa, porque implica que el pueblo no está informado con suficiencia y a tiempo.

El daño de apenas cuatro meses de ineptitud tardará en desaparecer y no se borrará sin un cambio radical en la política de comunicación basada en dos premisas: que acerque al mandatario con la sociedad y que no distorsione la verdad sólo para justificar un lugar en la nómina oficial.

“La perrada” demostró de manera enérgica que es mucho más de lo que le conceden quienes la menosprecian. Es un conglomerado de personas conectadas con la realidad que no se admite en la burocracia, profesionales que no venden su criterio ni su trabajo para ganarse sólo la inclusión en el club de la lisonja.
Si tradicionalmente los gobiernos habían perdido fuerza en el último año de sexenio, con los graves errores de la comunicación recomendada a Quirino se dio un precedente histórico, al darse este fenómeno antes de acercarse siquiera al final del primer semestre.

Si el ejecutivo no sabía lo que estaba ocurriendo, el responsable de enlazarlo con la calle debió saber lo que podía surgir de una inconformidad desbordada, ahora también aprovechada por oportunistas y defensores de intereses que dejaron de concederse en diciembre pasado.
Pero Camacho no supo ni siquiera diferenciar las motivaciones justas de los periodistas de las que obedecen a propósitos de empresas que tratan de someter al gobierno a sus afanes de rapaz mercantilismo.

LA MENTIRA DEJA EXPUESTO A QUIRINO A MERCED DE MERODEADORES

Lo peor para el régimen y su cabeza es que no han sabido enfrentar a los merodeadores de canonjías del gobierno cebados en la prodigalidad que les dispensó la pasada administración.
Grupos elitistas de presión del medio informativo pretenden vender espacios y servicios colaterales al gobierno, con el alto precio que cobraron hasta fines del año pasado.

Es el otro extremo del problema de gobierno, que no ha sabido operar lo que debe ser la conexión de los funcionarios con el pueblo socializando la verdad de lo que encontró a su llegada al tercer piso.
Y los cortesanos que lo rodean no le sirven para recuperar la confianza ciudadana. Es una lección que no debe desperdiciar el mandatario.