Guerra sucia y voto del miedo galopan rumbo al 18

Garras aparentemente anónimas -la huella es de la “Familia Unida”, que apesta a una sórdida extensión de La familia michoacana o de Fuerza mexiquense; quién sabe si de Los Zetas– han optado ya por el terrorismo electoral, desencadenando el voto del miedo en el Estado de México.

El voto del miedo aparece como espejo del tamaño del miedo que asusta a los operadores que Enrique Peña Nieto colocó en la dirigencia nacional del PRI para hacer frente a los retos de 2017 en los estados de México, Coahuila y Nayarit, con cambio de gobernador, y Veracruz, con renovación de gobiernos municipales.

La criminal ofensiva empezó hace tres semanas en el municipio de Texcoco, del que fue alcaldesa la profesora Delfina Gómez Álvarez, ahora candidata de Morena a la gubernatura del estado, donde brigadas aéreas inundaron la Feria Internacional del Caballo con miles de volantes arrojados sobre una multitud inofensiva e indefensa que asistió a ese evento con ánimo de recreación.

Amenazas directas contra López Obrador

El pasado fin de semana, a un mes de la cita en las urnas, fueron los municipios de Acolman y Chimalhuacán, donde concentraciones públicas fueron sorprendidas e  intimidadas con papeles con leyendas amenazadoras contra el dirigente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador cuando, casualmente, éste asistía a mítines de Gómez Álvarez, donde hizo públicos expedientes acusatorios contra el gobernador panista de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, y una carta conminatoria a Peña Nieto para que aclare su participación en fraudes atribuidos a empresas contratistas del gobierno del estado, desde que el ahora Presidente fue gobernador.

En ese ruin combate que candidatos y comentaristas tipifican ya como una guerra sucia, no son ajenos el PAN y su candidata a la gubernatura, Josefina Vázquez Mota, emplazada a su vez a esclarecer uso de subsidios del gobierno de Peña Nieto a su fundación Juntos Podemos, supuestamente para asistir a emigrantes mexicanos en los Estados Unidos.

Unos mil millones de pesos del presupuesto asignado a la Secretaría de Relaciones Exteriores, es la suma bajo sospecha.

PRI y PAN, en caída libre

El voto del miedo (al estilo salinista en 1994), tiene como explicación el derrumbe que registran las expectativas reales de los candidatos del PRI, Alfredo del Mazo Maza, y la del PAN, la citada Vázquez Mota.

Un concentrado combinado de resultados de encuestas aplicadas en el Estado de México durante las dos últimas semanas de abril, reporta un viraje en la intención del voto de los mexiquenses.

Si bien uno de esos estudios demoscópicos conserva una precaria ventaja de 3.5 por ciento en favor de Del Mazo sobre Gómez Álvarez, lo que significa un empate técnico, otras dos investigaciones realizadas por agencias metropolitanas, colocan ya a Gómez Álvarez en la punta, así sea con centésimas porcentuales sobre el candidato del PRI y algo más alejada de la candidata del PAN.

En  la lectura de esas encuestas, la conclusión es que la izquierda, representada por Morena y el PRD, cuyo candidato es Juan Zepeda, le llevan la delantera a la derecha, representada por el PRI y el PAN.

La histeria sienta sus reales en Los Pinos y el PRI

Ese giro, siempre vinculado al potencial de Morena, PRI y PAN con vistas a 2018, ha desatado la histeria en Los Pinos y en Insurgentes Norte de la Ciudad de México, donde han decidido aplazar hasta el mes de agosto la Asamblea Nacional del tricolor para encontrar de lo perdido lo que aparezca, para el diseño de la Plataforma Electoral y la candidatura tricolor para el año entrante.

El síndrome de la paranoia tiene un hilo conductor de causa-efecto en la crisis sicológica del peñismo: Los medios electrónicos, en los que el grupo dominante confía su imagen, tienen un déficit de credibilidad en el llano que rebasa el 80 por ciento; Enrique Peña Nieto, en consecuencia, tiene un índice de reprobación de su gestión cercano al 90 por ciento.

En el Estado de México, la guerra sucia tiene como aliados a Enrique Ochoa Reza y Ricardo Anaya; en Coahuila, el PAN ha cargado su estrategia propagandística contra los hermanos Moreira, Humberto y Rubén; el primero ya expulsado del PRI, pero el segundo responsable de mantener el tricolor a flote en el ya cercano junio.

En Veracruz, el PRI tiene como ariete al gobernador panista, el ex priista Miguel Ángel Yunes Linares, a quien se le desgasta el espantajo de Javier Duarte de Ochoa -ya capturado en Guatemala y también expulsado del PRI- para mantenerse activo en los medios de la ciudad de México. En Veracruz, el enemigo a vencer es también Morena, según las tácticas de Yunes.

En Nayarit, el PRI se mueve a la defensiva contra la alianza que postuló a Antonio Echeverría hijo, que recorta distancia respecto  del candidato tricolor, en la coyuntura prácticamente abandonado por los estrategas de la Ciudad de México.

Consejeros y magistrados electorales, alcahuetes

Hay guerra sucia en los estados de México, Coahuila y Veracruz. En el estado de México se apela al voto del miedo.

¿Cuál es el fangoso caldo de cultivo de esas innobles operaciones? Evidentemente, al PRI dejó de bastarle la alcahuetería de los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) y de los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) quienes, de dos de cada tres recursos interpuestos en contra del PRI, votan exonerando al tricolor; dos de cada tres recursos interpuestos por el PRI, los sentencian contra sus adversarios.

Peñismo tricolor en su fase terminal

Son esas las ominosas señales que los órganos electorales federales están enviando para 2018. Ya lo dijo, Antonio Gramsci en su oportunidad:

Si la clase dominante ha perdido el consenso; esto es, si ya no es “dirigente” sino sólo dominante, ejerciendo sólo la fuerza coercitiva, esto significa precisamente que las grandes masas se han distanciado de sus ideologías tradicionales y ya no creen en lo que solían creer previamente.

Es lo que estamos viendo en el peñismo tricolor, después del fáctico y devastador Pacto por México, empujado a salidas suicidas. Es cuanto.