El PRI operado desde la delegación de la SEDESOL

Carlos Gandarilla García es presidente del PRI estatal por cumplimiento de una estrategia de Agustín y Enrique Coppel, con amplia injerencia en el grupo de Felipe Calderón Hinojosa y de otras facciones del Partido Acción Nacional y del Revolucionario Institucional.

Gandarilla representa el “miedo” de los Coppel a que Andrés Manuel López Obrador llegue a la presidencia a la República. Desde el PRI pretenden fabricar falsas desbandadas y falsas candidaturas de “izquierda”, independientes, a modo, para intentar frenar la avanzada lopezobradorista en Sinaloa.

Pero lo peor, Gandarilla es todo un “golazo” en la portería de Enrique Peña Nieto y de su tocayo Ochoa Reza, porque carece de liderazgo y falta de control de los grupos políticos municipales, de la estructura priista. La realidad es que el PRI es manejado desde la Segob por su padre Víctor Manuel Gandarilla Carrasco, delegado de la dependencia.

En el 2016 el progenitor fue pieza clave en el engaño de un grupo político y de empresarios hacia AMLO que urdieron la presunta deserción de quien fuera líder priista y de la CNC para que fuera alzado candidato del PRD al Senado de la República, únicamente para frenar la penetración y los votos a favor de Andrés Manuel López Obrador.

En la traición jugó un papel relevante la dirigencia estatal del PRD metido en la trama antiobradorista. Simultáneamente al “destape” de Víctor Manuel Gandarilla Carrasco, los Coppel enviaron una carta a su planta de trabajadores contra AMLO, convocándolos a votar por Felipe Calderón Hinojosa.

El actual “líder” priista llegó a aparente conductor de la militancia tricolor directamente de la gerencia nacional de la Coppel que se encarga de las gestiones de facilidades para la apertura de las tiendas del coloso comercial en el país, con poca relevancia ejecutiva.

Antes fue secretario de agenda de Juan Sigfrido Millán y después, en 2006, como parte de una estrategia de los grupos políticos de Sinaloa y de los propios Coppel, entró al PRD a fisgonear en la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador y a fingir apoyar a su padre, Víctor Manuel Gandarilla Carrasco.

Eran los tiempos en que “El Güero” Gandarilla, aparentó despecho por no recibir más espacios dentro del PRI, que decía era manipulado por Millán y Aguilar, proyectando así la filtración por medio de una candidatura a senador por el PRD, a la campaña de Andrés Manuel López Obrador, obligado a declarar -hay testimonio periodístico de ello- que se iba con Andrés Manuel López Obrador porque era más consciente de los problemas del campo mexicano. Y se llevó a su hijo con él, para que aprendiera los oficios de la traición.

Después el ex candidato perredista regresó al PRI colmado de aplausos. En el Comité Directivo Estatal del partido, un presidente, Eduardo Garrido Achoy, retiró la fotografía de Gandarilla de la galería de ex dirigentes reconocidos. Otro presidente, Joaquín Vega Acuña, sin más protocolo, la devolvió a su lugar.

AHORA SE PERSIGUE A PRIISTAS QUE DEN UN VASO DE AGUA AL PEJE

Pero hoy, cuando el contacto con López Obrador no es contacto, es de rompimiento abierto, lo que ocasiona la persecución y castigo para ex gobernadores que simpaticen o den un vaso de agua al tabasqueño, estos antecedentes debieron tener otra valoración política. Y no sólo por la inexperiencia del recomendado para hacerse cargo del CDE priista.

Ninguna acción expedita puede minimizar el hecho de que los Gandarilla fueron falsos promotores que se dijeron convencidos de la necesidad que tiene México de un presidente como López Obrador, y fueron protagonistas de una estrategia que difícilmente le podrán repetir al tabasqueño.

De seguro es algo que quieren olvidar, pero es un hecho que no se borra, menos de la memoria de los priistas sinaloenses, y que despierta el enojo de aquellos que apenas comienzan a darse cuenta de que solo son piezas de un tablero manejado por los grupos políticos caciquiles y de los Coppel, que no les interesa el PRI sino tomar medidas para que López Obrador no llegue a la Presidencia de la República.
Con la llegada de “Gandarillita” al PRI los poderosos Coppel, que se adjudican la candidatura a gobernador de Quirino Ordaz Coppel, tratan a toda costa de obtener un blindaje político personal.

A pesar de sus antecedentes políticos de familia y personales, así como por su probada falta de perfil para el cargo político, Gandarilla García llegó a la encomienda por “dedazo”, porque se le vendió a Enrique Ochoa Reza que es el ideal para camuflar la “dirigencia” el PRI, operada desde la delegación estatal de la Segob.

Si acaso conoce una lista de nombres que recuerda de la agenda millanista, sin ubicar la participación y militancia de sus “compañeros” de partido.

Este hijo de uno de los más “rolleros” líderes cenecistas y priistas del país, un despechado que fingió alinearse con AMLO, que vino a matar la importancia de la trayectoria de partido para aspirar a la máxima dirigencia.

El único caso de similitud con el del junior “Gandarillita” es el de Cenovio Ruiz Zazueta, sonorense perredista que Millán incrustó en su aparato político y que luego se definió por Jesús Aguilar Padilla, hasta asumir la presidencia del PRI, tan desvinculado con la militancia como el junior del momento.

Desde el PRI-Segob se pretende hacer creer que habrá muchos desertores del PRI que pretendan irse con AMLO, con la misma trama que jugo Víctor Gandarilla para “reventar” desde su interior la campaña del tabasqueño en Sinaloa. La jugada ya les funcionó una vez. El más interesado en que todo funcione es Agustín Coppel.

ENDEBLE, EL ÚNICO RENGLÓN DE SU TRAYECTORIA PÚBLICA

Egresado del Instituto Tecnológico de Monterrey, Carlos Gandarilla García fue llevado de la mano de su padre a buscar trabajo en una sombra política como la millanista, que impidiera al hijo del privilegio enfrentar competencia con jóvenes fogueados en la adversidad.
Víctor Gandarilla apoyó a Juan S. Millán en la interna del partido en 1998, con su aliado José Luis Leyson Castro contra Lauro Díaz Castro.

Millán pagó el favor y llevó al inexperto recomendado, de 25 años de edad, a su oficina, como auxiliar de Abraham Velázquez, encargado de escribir y borrar en la agenda del gobernador. Nada relevante.

Con Carlos Gandarilla no pasó nada. Millán no lo promovió a ningún ascenso, seguramente porque no apreció “materia prima” política o capacidad administrativa, a pesar de la inscripción en el Tec.

Puede haber solvencia en un político afortunado, pero pagar altas colegiaturas no significa certeza en un acceso al nicho de los más aptos. Si acaso, al de los mejor recomendados.

Luego, intentó hacer camino con Jesús Aguilar Padilla, pero tampoco dio mucho de sí. ¿No tiene que dar o no lo dejaron?

LLEGADA A LA IP, TAMPOCO SIN MOSTRAR LIDERAZGO

El sexenio aguilarista coincidió con la elección federal de 2006, cuando Víctor Gandarilla Carrasco creyó estar “maduro” para ser candidato a senador y a gobernador, luego de dos trienios en la Cámara de Diputados y de dos legislaturas locales.

Su falta de oficio político en el PRI estatal y su alianza convenenciera con Francisco Frías Castro, secretario general de gobierno, provocaron al PRI la peor derrota electoral de su historia en 1995.
Mientras el actual delegado de la SEGOB “chacoteaba” con Héctor Yunes Landa, entonces delegado nacional del PRI, la oposición panista aprovechó la pésima conducción priista y abrió de par en par las puertas hacia el poder, en el inicio de su época de esplendor en Sinaloa, a expensas del tricolor, que puede ganar comicios con prácticas fraudulentas, pero no recuperar la confianza de la gente. Aquel resultado afectó sus más ambiciosos planes, aunque logró boleto a la cámara baja.

Gandarilla Carrasco se fue al PRD, como parte de una estrategia. Si perdía regresaba al PRI y si ganaba AMLO sería el enlace para lograr el perdón de los grupos políticos caciquiles y empresariales de Sinaloa a los cuales ha servido.
López Obrador perdió por muy poco las llaves de Los Pinos, pero Gandarilla padre estuvo en Sinaloa muy lejos de ser competencia para Labastida y Malova por un escaño, tal y como estaban diseñados los planes.

Carlos Gandarilla, arrastrado por la aparente “derrota” del padre, debió guardar o quemar las camisetas amarillas de AMLO y buscar a su padrino para acercarse a los Coppel, título del Tec en la mano. Haber sido porta-agenda de un ejecutivo estatal sirvió a sus planes.

VICTOR VOLVIÓ A LA CNC

En la iniciativa privada, el junior se hizo cargo de gestionar la parafernalia oficial que requiere toda nueva sucursal de la cadena de tiendas.

Daba seguimiento a las órdenes que bajaban de lo que decidían los verdaderos ejecutivos del coloso comercial. Pero no había posibilidades más acordes con las ambiciones de padre e hijo.

Mientras tanto, el padre buscaba otra oportunidad en la CNC y en el PRI. La encontró relativamente pronto en Cruz López Aguilar, cuando éste se desempeñaba en la presidencia de la Confederación Nacional Campesina, de 2007 a 2010.

Precisamente en ese último año Gandarilla fue llevado por el jerarca tamaulipeco al Estado de México, para acercarlo al grupo priista que ya rodeaba a Eruviel Ávila, aspirante entonces a la candidatura al gobierno mexiquense.

Víctor Gandarilla les informó que la estrategia contra AMLO en Sinaloa había funcionado muy bien y pidió a las dirigencias de la CNC y al PRI una oportunidad de regresar por la puerta grande, pues ese había sido el compromiso de la traición a Obrador.

Pero queda en pie la sentencia de que quien traiciona una vez tiene inclinación a seguir traicionando: porque AMLO, el que conoce mejor a los campesinos, según Gandarilla señor, sigue en el camino que transitaron aparentemente juntos hace 11 años.

EN CASA COPPEL, ENLACE CON OCHOA REZA

Acostumbrado a pedir recomendaciones a falta de resultados, “Gandarillita” encontró la oportunidad de su vida en la burocracia empresarial de los Coppel. En esa confluencia se dio el contacto entre ambos frutos del “dedazo”.

Luego de la campaña del fraude, surgieron versiones de que el junior podría ser incorporado al gabinete. No fue así.
A los Coppel les “latió” que podía ser político y, más aun, presidente del PRI. Pero así: por “latidos” y recomendaciones del padre Gandarilla.

Es una trayectoria que no singulariza al actual dirigente partidista, porque se trata de saltos en suelo parejo por la influencia y el favoritismo.

Nada parecido a los militantes que han debido enfrentar a los cortesanos tricolores, que son los más implacables contra los humildes de origen. Y Carlos Radamés no es de estos.

La designación que hizo Ochoa Reza puede ser la más desafortunada de todas las que ha hecho, y eso que hay varias inexplicables.

Con Gandarilla, el PRI puede reeditar el “Waterloo” que vivió su padre en 1995 al lado de Frías Castro, porque hay castas nacidas para perder.

Y en su cargo depende de que le hagan la tarea los más experimentados que congrega el PRI para ayudar al improvisado. Y no tiene donde recargarse en la secretaría general con Erika Sánchez Martínez, otro producto de la antidemocrática vieja línea priista, la de la consigna y la imposición.

RENIEGA INCONFORME, PERO SUMISA, LA MILITANCIA PRIISTA

Si el “nuevo PRI” de la era peñanietista es una versión más antidemocrática y corrupta de todas sus etapas históricas, la militancia es actualmente la base más degradada en sus principios, capaz de aceptar cualquier ignominia, que murmura por los rincones, donde no sea escuchada, para no forzarse a actuar.

Es la membresía que acepta imposición tras imposición, cada vez de peor aceptación ciudadana, con una cúpula nacional confiada en la manipulación del árbitro electoral y en el refinamiento de la elección de estado para triunfar contra toda tendencia de la opinión pública y del voto ciudadano.

En el caso de Gandarilla García, apenas da tres pasos fuera de su despacho, inicia el espacio de la crítica que lo desaprueba por ser advenedizo, consigna de un oligopolio contrario a los sectores sociales aglutinados de membrete en el PRI; presidente pero no líder; ejemplo de que no basta ser joven para ser garantía de apertura y no siquiera de modernidad; rompimiento de la democracia interna que permite construir un destino con base en lucha por la superación con años de esfuerzo como militante de carrera, desde la condición de pegador de calcomanías hasta ganar el reconocimiento y el apoyo de sus compañeros.

Este PRI del esfuerzo es muy distinto al PRI del discurso presidencial arrogante del aniversario del partido.