Ejército huachicolero

Antes de cualquier otra cosa, va mi pésame y abrazo solidario para familiares y amigos de nuestro querido Javier Valdez Cárdenas, Javier era bueno por los cuatro costados, nunca le hizo daño a nadie, el sólo escribía notas y libros y nos lo han matado. No reclamo nada a ninguna autoridad, a ningún nivel de gobierno, estas palabras no son para ellos, son para familiares y amigos de Javier, a ellos me dirijo…nada más a ellos. Aquellos no existen.

Ahora a lo nuestro.

Las imágenes son sobrecogedoras, los soldados tienen sometidos a los supuestos delincuentes, a uno de ellos se le acerca un uniformado y le da un tiro mortal. Y digo “supuestos delincuentes” por los antecedentes que tenemos, los cuales han sido convenientemente olvidados por el coro de plumas pagadas, pero como hasta mi escritorio no ha llegado ningún sobre lacrado que me retaque el hocico de billetes (ni llegará, como dijo don teofilito), mi memoria funciona mejor que cuando estaba joven.

Fue en el sexenio anterior, que dos “supuestos delincuentes” fueron ultimados por militares en la ciudad de Monterrey, dentro del campus del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), la categoría de “delincuentes” era avalada por voceros militares y civiles, estos últimos pertenecientes a la PGR (sí, esa misma PGR que después fue descubierta sembrándole armas, en el estacionamiento de un centro comercial, a un abogado para inventarle delitos); las evidencias eran contundentes, estaban los cuerpos de los dos “supuestos delincuentes” y a su lado las armas de alto poder con que se habían enfrentado a las fuerzas del orden (a los soldados, pues); el único detallito que se les pasó, fue que ambos muchachos estaban matriculados en el ITESM como estudiantes de un posgrado en mecatrónica (maestría para ser precisos), además salieron en defensa de su honor y su buen nombre sus compañeros de estudios, sus maestros y las más altas autoridades de la institución, es decir la calumnia fue armada a lo pendejo y así les fue a nuestras dichosas autoridades militares y civiles.

Con el pretexto de la guerra contra el narco, nuestras autoridades civiles han enredado las cosas hasta un punto que sociedad y fuerzas armadas quedamos en una posición de perder-perder; todos hemos pasado por alto el elemento ético fundamental de toda fuerza militar: están para arriesgar la vida propia en aras de defender la vida ajena, la de la sociedad. Aquí en México la delincuencia forma parte de esa propia sociedad, es igual que le ocurrió a los gringos en Vietnam, donde los vietcong estaban mimetizados con la población del sur, nunca los pudieron identificar y así no es posible ganar una guerra de desgaste, como ya bien nos consta a quienes no queremos experimentar en cabeza ajena; lo ocurrido en Puebla, el asesinato artero de un supuesto delincuente a manos de un soldado, no debería representar mayor problema: el militar se excedió y por ello se le procesa y se le castiga y listos para la siguiente. Pero ni los propios altos mandos tienen claro contra quienes pelean y por qué; con todo y ello, el incidente sigue siendo un problema menor, frente a la degradación que está produciendo en la conducta de las fuerzas armadas, el haberlos sacado a la calle a realizar un trabajo de policías, como lo acaba de documentar en redes sociales un portal mazatleco, donde hacen la crónica de un grupo de trabajadores de la CFE que sorprenden al ejercito robando luz, con un diablito, para operar su cuartel de campaña; la narración recoge actitudes y expresiones de los militares, donde queda claro que sabían muy bien la naturaleza ilícita de lo que hacían, sin embargo enfrentaron de mala manera a los de la paraestatal que, pese a ello, se mantuvieron firmes y suspendieron el servicio. No es raro lo que está ocurriendo (las fuerzas armadas convirtiéndose en lo mismo que combaten), es un proceso ya muy visto en muchos lugares y en muchas épocas.

Pero Calderón quiso jugar a las guerritas y a los del PRI les gustó ese fandango. Las consecuencias apenas empiezan.

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.