De distractores y reflexiones en torno al asesinato de Javier Valdez

La realidad sea escrita. Nos referimos a esa realidad lacerante, deslizada por la profunda descomposición generalizada, que describía en sus trabajos periodísticos Javier Valdez Cárdenas. Sí, por más ruin y fúnebre que parezca, el asesinato del fundador y director de Río Doce habría de ser festinado por los grupos políticos que le apuestan a la desestabilización del estado para que el pasado se olvide.

El asesinato de Javier Valdez sería así, “un asesinato oportuno”, aprovechado por los políticos que se niegan a irse, interesados en generar una “cortina de humo”, creando la mentira-escenario de que antes todo estaba mejor, que los tiempos peores son los presentes, que no hubo pasado sangriento; de que el clima de impunidad es el hoy, lo del día, por lo que la mejor condición mental de los sinaloenses sería olvidar el pasado.

Sí, el “crimen más conveniente” para quienes dejaron postrado en la ruina y la muerte a Sinaloa sería el de Javier Valdez Cárdenas. Duele. Da rabia reconocerlo.

En torno al asesinato de Valdez Cárdenas, La Jornada, editorializó: “es imprecisa la idea de que nuestro compañero se había vuelto un periodista especializado en temas de narcotráfico, delincuencia organizada y corrupción gubernamental; fue más bien la realidad de Sinaloa la que se deslizó por una pendiente de descomposición generalizada y por la pérdida de control de las autoridades constituidas”.

Esa descripción del Sinaloa putrefacto hasta la médula, infiltrado por la delincuencia, molestaba, calaba, convertía a Javier Valdez en un “periodista incómodo”.

Que no nos empujen a olvidar: el “gobierno del cambio” (PAN-PRD-PT) de Mario López Valdez llegó a su fin en diciembre pasado con cuentas pendientes en deuda pública, inseguridad y crecimiento económico. Durante la administración de Malova, considerada hasta este momento la más violenta en los últimos 18 años, Sinaloa registró un incremento del 23.96 por ciento en homicidios dolosos con respecto a la administración de Aguilar Padilla.

Entre las víctimas del gobierno malovista, caracterizado por la “advertencia”, el terror gubernamental y la represión a las manifestaciones públicas, figuran cinco “personas incómoda” para el gobierno, cuyos crímenes siguen impunes. Igual: La ola criminal  desplazó a unas 33 mil personas, hay aun cientos desaparecidos y las organizaciones civiles siguen sacando cuerpos de las fosas clandestinas.

La deuda pública malovista es escandalosa. Aun no se revisa el segundo semestre del cierre de su administración y se reportan desfalcos que pudieran llegar a los 22 mil millones de pesos. El gobierno “del cambio” dejó prácticamente desmantelada el área de seguridad pública y procuración de justicia.

Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), la administración de Malova sumó, hasta diciembre del 2016, 8 mil 214 asesinatos, mil 588 más que en el sexenio del priista Jesús Aguilar Padilla (6 mil 626)

Casos que cimbraron a Sinaloa

El gobierno de Mario López Valdez inició con el asesinato de Luis Pérez Hernández, ex Director de Gobierno y agente de “inteligencia” del estado: Fue asesinado el 25 de enero de 2011 en el estacionamiento de un centro comercial de Guamúchil.

El 25 de agosto del 2011, el cuerpo del periodista Humberto Millán fue localizado en Culiacán días después de ser “levantado”.

La activista Sandra Luz Hernández acusó varias veces a la Procuraduría del Estado de omisión en la investigación por el crimen de su hijo. El 12 de mayo de 2014, la mujer fue asesinada por un sujeto que le disparó en al menos ocho ocasiones.

El 23 de mayo de ese mismo año, el líder campesino Ramón Corrales Vega fue asesinado en el municipio de Choix, luego de liderar manifestaciones en contra de la instalación de empresas explotadoras de hierro que llevaron a la detención de 32 personas.

En 2009, Atilano Román y un grupo de comuneros emprendieron protestas por la construcción de la presa Picachos, el proyecto que desplazó a decenas de familias de distintos pueblos del sur de Sinaloa. El 11 de octubre de 2014, el líder del movimiento fue asesinado cuando conducía un programa de radio en la cabina del Sol del Pacífico.

El crimen como elemento distractor

El bestial asesinato de Javier Valdez Cárdenas, periodista crítico, comprometido con el oficio, narrador del pasado y presente, de la realidad de Sinaloa y México, tocó las fibras más sensibles del periodismo estatal, nacional e internacional.

El crimen es un atentado a la  libertad de expresión y el derecho a la información.

Su muerte hiere, indigna, molesta, genera rabia, coraje, a toda la sociedad. El crimen se explica en un estado de cosas en que la impunidad es garantía y la barbarie el método más socorrido para dirimir las diferencias.

El asesinato vino de las catacumbas mismas de los andamiajes corroídos del Estado Mexicano. De las complicidades y las componendas del poder. De esa peligrosa pendiente de descomposición generalizada, que describía Javier Valdez en sus textos periodísticos y sus novelas.

Que su asesinato no sirva de distractor, ni para generar “motivos” políticos y electorales.

Que no nos empujen a olvidar: los ex funcionarios corruptos y los gobiernos ineficientes, los profesionales de la mentira que cíclicamente toman las instituciones públicas en Sinaloa y México y las usan para sus fines de enriquecimiento familiar, de grupo, de filiación partidista, usan permanentemente los distractores para evitar que el pueblo se olvide o entere de sus maldades y no les pida cuenta.

Sinaloa no está peor que antes; está igual, sumido en el infierno. La muerte ronda por todos lados y los bandidos de “cuello blanco”, unos quieren escapar del brazo de la ley y otros figuran en la lista de espera para encajarle las uñas a los presupuestos públicos, mientras que la delincuencia organizada o común asesina y asalta impunemente.

¡Ya basta!

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.