Cruz contra Cuén, el fuego contra el hielo

De seguro, ustedes ya vieron algunos de los numerosos videos que circulan sobre el encuentro Roberto Cruz – Héctor M Cuen Ojeda, donde cada uno utiliza su estilo personal de hacer política y nos permite (a los del respetable) analizar y hacer proyecciones sobre ambos gladiadores.

Carajo, parezco Don King. “Eso quisieras pinche pelón”, dirá más de alguno.

Roberto Cruz, fajador de derecha, acostumbrado a destacar a base de descontones (a veces hasta contra los de su propia esquina), sin previo aviso soltó un mandarriazo al dirigente del PAS quien, viejo lobo de mar, no dejó le molestara el colmillo a la hora de hacerse fuerte contra las cuerdas.

En apariencia, sólo en apariencia, Cruz asestó más golpes, pero si nos fijamos con detalle lo que en verdad hizo fue mover más las manos, lo cual no suele ser perjudicial para el contrario, tal vez para el aire que abanicaron sus puños pero nada más: ahora sí que puros aspavientos.

El problema con Roberto Cruz es que es peleador de un solo golpe, si no tumba al contrario en ese momento después ya no sabe qué hacer con él, como bien se puede apreciar a lo largo de todo el encuentro; el discurso de Cruz es variado y por lo tanto sin consistencia, habla de libertades partidarias (cualquier cosa que eso sea, sobre todo aquí en México), de estilos personales, de honestidad, de corrupción, etc. En sentido contrario, Cuen le ubicó el hígado desde el inicio y nunca se lo soltó, pocos golpes pero fuertes y bien acomodados; como espectador, Cruz me deja la sensación de que dijo muchísimas cosas de las cuales me cuesta acordarme, El del PAS en cambio se mantuvo firme en dos: ratero y malovista. Estuvo claro y reiterativo, su defensa no produjo hematomas pero sí graves daños internos.

Caramba, estoy descubriendo mi nueva faceta de cronista deportivo. Me está gustando.

A ambos debemos agradecerles una importante lección que nos han regalado: en política las peleas podrán ser como en el box (arriba del ring), pero inician y terminan debajo de él. Eso es lo que ha ocurrido esta vez, cuando un peleador con más cerebro que punch, se apresuró a concluir el round para continuar con el siguiente, en el escenario donde en verdad se ganan y se pierden hoy las batallas políticas: en las redes sociales.

Pasarían a lo sumo un par de horas, cuando el PAS ya lanzaba por Facebook una inteligente edición del desaguisado, donde ya sin las limitaciones de ningún réferi, usaron técnica de kung fu al usar el propio impulso del adversario para destruirlo: con sus propias palabras; con sus propias imágenes; con su propia historia.

Se lo acabaron.

Te lo digo chana para que me entiendas Juana: en el PAS ya aprendieron que la mejor defensa es el ataque y esta vez lo han hecho bien, muy bien. Cuidado quienes piensen que ahí van a comer pichón; cuidado quienes tengan la extendida costumbre de la autocomplacencia; cuidado los que viven convencidos de no tener cola que les pisen. Se les puede aparecer Juan Diego.

De aquí en adelante.

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.