Crónica de una indignidad cobarde  

Luego de una vapuleada publica mediática a nivel nacional en donde el ex Director y accionista principal del diario Noroeste acusara en un artículo a Arturo Santamaría de vender su pluma a los intereses del ex gobernador de Sinaloa Juan S. Millán, el ex investigador universitario escribió un artículo en defensa de su honor mancillado por el colérico empresario Manuel Clouthier Carrillo. El artículo de marras, Santamaría lo intitulo: ” Clouthier”. Así como de escueto el título, fueron también los argumentos que en su descargo escribió el pensionado de la UAS.
El artículo de Santamaría apela a las buenas formas sociales o política y por eso la defensa es tibia y cobarde.  Los argumentos vertidos por el ex investigador de la UAS no atacan el fondo del agravio infligido por Clouthier.  No señores, el opúsculo está redactado con un irritante temor reverencial, propio de los vasallos al dirigirse a su señor feudal. El artículo es vergonzoso de cabo a rabo, por la falta de dignidad y de estamina moral y ética para defender el honor mancillado. La “filigrana” gramatical que utiliza Santamaría para no provocar al energúmeno heredero de Maquío mueve a la indignación.
Santamaría en su fallida defensa argumenta que Clouthier lo motejo de ” escribano” de Juan S. Millán, por un texto que publicó con pretensiones de revelar secretos ocultos del político rosarense, cuando la verdad publicada en el mismo diario que escribe Santamaría, Clouthier lo acuso descarnadamente de ” amanuense” de Millán. Escribano es un sinónimo de Notario Público y amanuense es la persona que escribe lo que se le dicta o copia de un texto, dos expresiones con significados muy distintos.
Es increíble la forma en que Santamaría pretende engañarse a sí mismo inventando un término que Clouthier no utilizó para descalificarlo rotundamente y poner en duda su honradez y ética periodística, cuyo bajísimo nivel queda al descubierto con la pésima defensa que hace de sí mismo y en donde abyectamente , termina besándole los pies al intolerante político.
Veamos el siguiente párrafo que el ex universitario escribe y que rebela una inusitada cobardía para enfrentar al hoy diputado federal:
“No puedo asegurar que Manuel escribió esa palabra para descalificarme por haber escrito un libro sobre Juan S. Millán pero intuyo que sí. Que me disculpe si me equivoco y paso aclarar a los lectores lo siguiente…..” Fin de la cita.
No creo exagerar si digo que el anterior párrafo es una rendición vergonzosa de la más elemental de las dignidades que debe tener un hombre que se precie de serlo. Ahora resulta que el que debiera estar ofendido, en este caso Santamaría, termina  pidiendo una disculpa a su ofensor/ agresor. Pero no, en lugar de hacer gala de dignidad y de testosterona, termina rindiéndose ante el colérico empresario de los medios con el siguiente argumento que haría palidecer al más abyecto de los cortesanos sociales y políticos:
“Finalmente, quiero decir que Noroeste y Manuel Clouthier aguantan este tipo de discusiones, pero no quiero utilizar ni una vez más esta columna para discrepar por un asunto personal con quien fue director del diario, con quien estoy muy agradecido por nombrarme Defensor del lector y a quien considero mi amigo. No me gusta que me descalifiquen falsa e injustamente, pero tampoco me deja contento polemizar con la gente de mi aprecio”. Hasta aquí la cita.
Qué pena en verdad, ver rendir el honor y el doblar de la cerviz de este gutierritos del periodismo, que un día presumió ser “revolucionario” de izquierda, ante uno de los más conspicuos representantes de la oligarquía sinaloense , quien según su dicho,  le levantó un falso y fue injusto con él.  Para vergüenza de Santamaría,  ni por asomo el ofensor/ difamador Clouthier ha escrito o proferido una sola palabra en forma de disculpa para retractarse de lo escrito en contra de su persona. Es curioso que Santamaría tenga estas ridículas y vergonzosas actitudes con Clouthier y Noroeste, cuando su patrimonio económico lo formó a la sombra de los beneficios de la Universidad Autónoma de Sinaloa, a quien vive combatiendo como su principal enemiga. El tránsito de proletario/ revolucionario a burgués suele aparejar el síndrome del mayordomo vengativo.
Como último: qué vergüenza para su hija, que se inicia en estas lides periodísticas al advertir  la penosa cobardía de su padre, quien se esconde en las cómodas  y frondosas enaguas de lo social o políticamente correcto para no defender como hombre lo que ahora llora como señorita de buenos modales. Los hijos aprenden del ejemplo, porque la dignidad se testifica con actos, y no a través de la palabrería cobarde.