Tres Ríos

En los primeros 90 días del año los legisladores del Partido Revolucionario Institucional y de Acción Nacional, amén de Nueva Alianza y Verde Ecologista, han demostrado que definitivamente el recinto les queda grande.

El traje está bien hecho, pero no les viene a los legisladores porque les queda grande la vestimenta.

Tan mal andan las cosas, que ni siquiera saben el nombre de los principales funcionarios del gobierno del estado y mucho menos conocen el pedigree del que provienen y por tanto no están a la altura los diputados como para cerrarle las salidas a aquellos funcionarios que quieran hacer suya la doctrina Malova de la impunidad.

De hecho, en buena parte de Sinaloa se denomina como Doctrina Malova al uso del erario público para enriquecer a funcionarios y gobernantes, así como a sus cuates que se disfrazan de proveedores, cargándoles las cuotas a los contribuyentes.

Dentro de dicha Doctrina se entiende que los diputados locales también son favorecidos con parte del banquete dotándolos con posiciones políticas o dinero que se les entrega en lo oscurito para expropiar a los ciudadanos el derecho de acusar y tratar de meter a la cárcel a los funcionarios corruptos.

En la práctica la Doctrina Malova es también utilizada como manual de la corrupción en la que los políticos se enriquecen a costillas del presupuesto estatal y luego son limpiados de sus suciedades en el Congreso del Estado para dejarlos rechinando de limpios y listos para nuevos encargos en el gobierno o en el poder legislativo, como ocurre esta vez, para burla a la sociedad, que esperaba otra actitud y accionar de la era quirinista contra los corruptos.

Pero la culpa de algunos diputados se la echan al funcionamiento de la mentada Conferencia Nacional de Gobernadores –CONAGO- que no es otra cosa que una escuela del crimen de cuello blanco de la que han egresado, con éxito de campeones políticos de la talla de Javier Duarte de Ochoa, Humberto Moreira, Guillermo Padrés Elías, Roberto Borge Marín, César Duarte Jácques y ahora Mario López Valdez, entre otras figuras que se han colocado en el cuadro del horror.

De hecho, en la CONAGO no hay cuadro de honor: todos son horrorosos hasta la fecha.

Tan así es la desvergüenza de personajes y de partidos políticos que como premio al endeudamiento que trajo para Coahuila, a Humberto Moreira lo quieren hacer diputado con el traje diseñado por el Partido Revolucionario Institucional, pero con otro disfraz político, para no irritar más a los priistas.

De plano no hay vergüenza ni pundonor.

Pero volviendo al cuadrante de Sinaloa es necesario que los diputados locales conecten con el electorado y con los ciudadanos en general, ya que parecen ratas que se niegan a abandonar sus hospederas para conocer el pulso ciudadano, que le señala su poca productividad y la protección de traspatio que le están dando a los funcionarios del gobierno pasado, que se fueron bailando conga y dejaron limpias las arcas del estado.

Lo más reprochable es que se niegan a levantar la voz y señalar donde estuvieron las fallas y tienen que ser funcionarios del gobierno federal los que metan la mano en Sinaloa para ponerle cifras a la cantidad del dinero que no se encuentra por ningún lado a pesar de haber sido presupuestado por el sexenio pasado.

Resulta más triste la situación del Partido Revolucionario Institucional, porque buena parte de los diputados fueron metidos por López Valdez a quien le sirvieron durante seis años, a pesar de que el exgobernador descargo su volubilidad sobre el PRI en el año 2010, cuando jugó con los colores azul y amarillo para derrotar al candidato tricolor, Jesús Vizcarra Calderón, quien ahora ve desde la trinchera que quienes le decían ser sus amigos ahora le cuidan las espaldas a Malova.

Y conste, en política nada es gratuito.