Talantes presidenciales

Cada presidente mexicano se ha distinguido por su talante, rasgo distintivo o forma de actuar; D. Daniel Cosío Villegas diría “su estilo personal de gobernar”.
En los 50’s del siglo pasado Miguel Alemán impulsó la industrialización, olvidó el campo, creció la migración a las ciudades, se enriqueció en exceso con sus amigos.

Ruiz Cortines marcó contraste con él: fue parco en manejar el erario y político zorro que confió en los hombres maduros y jugó con sus posibles sucesores hasta destapar al “pollo” (así decía a sus predilectos) Adolfo López Mateos.

Éste, de sonrisa afable, personalidad atrayente, brazos abiertos y saludo peculiar, abrió nuevas rutas a la política exterior al recibir a personajes, como John F. Kennedy y Charles de Gaulle y visitar muchos países y se robó la simpatía popular. La gente le decía “López paseos”.

Con ganar la sede de los Juegos de la XIX Olimpíada proyectó la imagen de México en el mundo.

Gustavo Díaz Ordaz, de gran ingenio, gustaba hacer chistes aun a costa de su fealdad, manejó con tacto el dinero público, impulsó la infraestructura y la economía con un buen gobierno; por desgracia le quedó el estigma de la masacre estudiantil del 2 de octubre de 68, provocada por políticos ambiciosos y países extranjeros interesados en sabotear la Olimpíada.

El autoritario Luis Echeverría frenó a los estudiantes con “el Halconazo” del 10 de junio de 1971 (“Jueves de Corpus sangriento”), desató la demagogia con peroratas larguísimas y sesiones de trabajo sin ton ni son que nada resolvieron; su caprichoso manejo de las finanzas públicas desató una devaluación sin precedente.

López Portillo, el presidente más culto que ha tenido México, se sacudió el control a que quiso someterlo Echeverría; con la reforma política, lanzada por Reyes Heroles, titular de Gobernación, sentó bases de nuestro avance democrático; su impreparación política y frivolidad para gobernar y una gran devaluación dieron al traste con su sexenio.

De la Madrid habría pasado sin pena ni gloria, mas su ejercicio financiero equivocado llevó a macro-devaluación, inflación y crisis económica, que arruinaron y ahuyentaron capitales, acentuadas por el sismo de septiembre de 1985.

Con imponer a Salinas de Gortari de sucesor provocó la salida el PRI de Cuauhtémoc Cárdenas, que cree tener derecho hereditario para ser Presidente, y posiblemente lo derrotó; mas prefirió negociar y reconocerlo triunfador a cambio del registro del PRD, su plataforma para lanzarse otras dos veces de candidato presidencial y ganar espacio político para la izquierda.

Salinas modernizó al país con reformas legales atrevidas y la economía con el TLC, que abrió amplio campo a las exportaciones hacia EU. Reconoció por primera vez que la oposición ganó gubernaturas. Para justificar su tentación de reelegirse prohijó el Ejército Zapatista, con el obispo de Chiapas Samuel Ruiz y Camacho Solís y dejó a éste sabotear al candidato Colosio, hasta que fue asesinado.

Fue el sexenio de grandes crímenes: Maquío, cardenal Posadas, Colosio y Ruiz Massieu, que siguen impunes, y de la expansión del narcotráfico.

A Ernesto Zedillo le cayó la presidencia sin esperarla. Inició con devaluación y crisis económica heredadas; rompió con Salinas, capturó a su hermano Raúl por el crimen de Ruiz Massieu. Aceptó el triunfo electoral del “panista” Vicente Fox, abrió nuevo capítulo democrático para México, mas permitió a López Obrador ser jefe de gobierno del DF sin llenar requisitos constitucionales

Fox decepcionó las esperanzas que sembró y al partido que lo postuló, no tuvo tamaños para gobernar; auspició la ambición de su “pareja presidencial” Marta Sahagún, quien capitalizó su sitio para ella y sus hijos, y terminó apestado por el PAN, al que traicionó al congraciarse con el priista que recuperó Los Pinos en 2012 para no perder el subsidio del Centro Fox.

Se esperó mucho de Felipe Calderón como panista de cepa, pero cayó en yerros, cobró cuentas a panistas, dio múltiples cargos a advenedizos; le achacaron miles de muertes debidas a las mafias; no refutó adecuadamente la intriga del Peje de que lo derrotó en las urnas y se dejó acorralar por él.

No supo cacarear el huevo de sus logros, como dejar una economía sólida, pese a la gran crisis económica internacional de 2009; Leonel Godoy le cargó el “michoacanazo” pues le desnudó su narco-gobierno.

Manejó al PAN como piista, le impuso presidentes, dio línea y lo fraccionó; le imputan que transó con su sucesor priista para asegurar su futuro y traicionó a Josefina Vázquez Mota, la candidato presidencial panista.

Total, fracasaron la esperada transición democrática fracasó y la alternancia en el poder.

Peña Nieto no puede con la economía y la inseguridad pública; creyó someter a López Obrador otorgándole un partido político mediante los organismos electorales que se le someten, pero le crea problemas como el la CNTE, el Politécnico y Ayotzinapa, que sus operadores políticos dejaron crecer, se les embrolló y provocó gran desprestigio en el mundo; mientras el Peje está a punto de ganar gubernaturas al PRI para apuntalar su ambición presidencial en 2018 y sigue en campaña permanente, aunque lo prohíba la ley.

Por la fuga del Chapo sólo sancionaron a chivos expiatorios y los grandes aspiran a lo alto; lo acercaron al penal de Ciudad Juárez so pretexto de un apagón en Almoloya para extraditarlo a EU, negociaron que le perdonen la pena de muerte; él busca le rebajen penas por “soltar la sopa”, con lo que afectará a algunos gallones de acá.

Crece el disgusto o “mal ambiente social” que Peña niega y quiere paliar con medidas populistas, como incorporar 7 millones de preparatorianos al IMSS y aceptar a todos los reprobados en la educación superior, ampliar la cobertura de los servicios de salud indistintamente a todos los afiliados a éstos, y proponer reformas constitucionales para legalizar la marihuana, los matrimonios gays y la adopción de niños por ellos, para ganar votos a la izquierda y tender una cortina de humo sobre la corrupción e impunidad que corroen el país.
Dios no encuentre confesados en los 30 meses que quedan del sexenio.