PRI en grave riesgo en Sinaloa con cualquier fórmula; PAN y PRD, en el pozo y sin salida

Es tiempo de análisis al interior de los partidos políticos nacionales para abrir el análisis de sus pobres posibilidades en las urnas.

En estados en que coinciden elecciones federales y locales, como ocurrirá en Sinaloa, el trabajo es más complejo y preocupante, con ambiciones en juego a partir de este mismo mes.

Movimientos priistas visibles, los de Jesús Valdés Palazuelos y Mario Zamora Gastélum, por la primera posición en la fórmula uno de los candidatos al Senado por Sinaloa. Acelerados y ventajosos ambos. Y no son los únicos apurados. Igual intensidad se observa en Aarón Rivas, en los aguilaristas y algunos seguidores de Aarón Irizar, así como en pupilos del desinflado David López Gutiérrez, como José Menchaca, que irá a un choque con Diana Armenta si pretende interferir el intento de reelección de la actual alcaldesa.

Donde se toman las decisiones priistas, en Los Pinos, Segob y el CEN del partido, los diagnósticos son preocupantes porque hay sondeos de opinión que los ubican en tercer lugar en las preferencias del Estado de México, el espejo más cercano a la realidad de lo que puede ocurrir el año siguiente en el país.

Hay entidades, como Sinaloa, donde el partido está gravemente postrado y no hay timoneles ni rumbos seguros.

El tricolor corre el riesgo aquí de perder por primera vez la mayoría de las diputaciones federales y de los escaños senatoriales. Y lo dicen muestras de opinión para consumo interno.

El pueblo quiere un verdadero cambio, no como el que le ofrecieron hace siete años. Pero no a favor del PAN y menos de las opciones que ofrece el ala de la desvencijada izquierda -PRD- en los procesos federal y estatal.

La preocupación en el PRI es real, porque ya perciben que, con cualquier fórmula para el Congreso de la Unión, el tricolor estará en desventaja, pero no mejor que el PAN, por el hartazgo que estos aliados, a veces ocultos y que a veces fingen pendencias, han causado a la sociedad.

Con Jesús Valdés o Mario Zamora, peor con Rosa Elena Millán y Aarón Rivas, o Irma Moreno, Tony Castañeda o cualquier improbable emisario del pasado malovista, el partido ex revolucionario y sumiso-institucional está en extremo riesgo de colapso.

¿Cuál partido está peor ubicado en el ánimo del pueblo sinaloense? ¿El PRI, el PAN o el PRD? ¿O están en la misma incómoda posición de relegados?

La respuesta es que les corresponde la misma cantidad de materia pestilente que corresponde a los peores defraudadores de la confianza ciudadana.

El PRI no se da cuenta que al mostrarse como cómplice de los corruptos que le dejaron la pelota en la mano en Sinaloa está escribiendo su derrota.

Su silencio actual por consideración a los saqueadores, su dejar hacer y nadar “de muertito” en el ejercicio del gobierno, le harán pagar una factura muy cara dentro de catorce meses. A la vuelta de la esquina.

 

EL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL AVANZA HACIA UN NUEVO RETROCESO POLÍTICO en el 2018… con y sin Margarita Zavala como candidata presidencial.

La pobre participación de su bancada en el Congreso del Estado, la gris dirigencia estatal que ni siquiera puede legitimarse y menos levantar las banderas azules en los municipios, la pésima gestión del senador Francisco Salvador López Brito y del diputado federal José Antonio López Rodríguez como improvisado que impulso el nefasto clan Leyson, son demasiado lastre para cualquier posibilidad de repunte de la tercera fuerza electoral de Sinaloa.

Otro golpe a la línea de flotación del PAN es el fresco antecedente de la maniobra urdida por su entendimiento con Los Pinos para romper la alianza con el Partido Sinaloense en las elecciones de gobernador del estado y postular a un candidato débil que allanara el camino al PRI. En la ruta hacia los comicios federales y locales próximos, Acción Nacional resultará más perjudicado por sus graves errores recientes.

Los triunfos del azul en siete estados que eligieron gobernador en 2016 no marcan una preferencia que podrá seguir vigente en la contienda por venir. En aquel momento, el voto de castigo fue para el gobierno priista de Enrique Peña Nieto más que un reconocimiento al PAN con algunas alianzas.

Los pobres resultados de los nuevos mandatarios estatales de este partido, casi sin excepción, indican que no eran las mejores opciones. Si acaso pudieron calificarse como las menos peores, pero que ahora aportan lo suyo al descrédito panista, sobre todo en los estados de Chihuahua, Durango y Tamaulipas, principalmente, y de Veracruz, apenas un escalón más arriba de la mediocridad, porque ahí no puede abonarse nada a su favor con la detención de Javier Duarte de Ochoa en Guatemala.

A pesar de lo que ocurre en otras partes, en ninguna entidad federativa el PAN ha registrado un retroceso tan marcado como en Sinaloa. Y sus expectativas no son las mejores en la competencia próxima.

Una dirigencia estatal que no encuentra la puerta para salir del cuarto oscuro en que está recluida y la pretensión de Rafael Morga Ríos y de Heriberto Félix Guerra, imágenes de lo peor del pasado de ese partido, de erigirse en la nueva catapulta blanquiazul y de su probable candidata, no son elementos de atracción para la militancia y menos aún para el electorado. Con Morgan y Félix sobra ambición y faltan liderazgo y aptitud.

No quieren creerlo y en esto vuelven a ser iguales a los priistas: la gente está indignada porque la actual legislatura y su inepta Auditoría Superior del Estado ha permitido la fuga de los responsables del saqueo financiero más cuantioso que hemos padecido en Sinaloa en todos los tiempos.

El PAN no puede deslindarse de su colusión con Mario López Valdez y de los alcaldes “inolvidables” (porque sus obras no pueden perdonarse), Armando Leyson Castro y Carlos Felton González, así como Baltazar Rubio Ayala en 2011-2013.

Es muy obvio lo que tienen de culpa adquirida durante 2010, en el auge calderonista, y después acrecentada. Esto lo saben Morgan, Félix, Cruz, Castaños, Sebastián, lo mismo que Zavala, su marido y Ricardo Anaya Cortés.

De seguro encontrarán ilusos para competir por las curules y los escaños que, junto con municipios y diputaciones locales, se disputarán el año que viene; pero será difícil y casi imposible que saquen de entre sus filas candidatos con imagen política y arrastre electoral que reposicione al partido que acredita la mayor parte de la herencia negra de Malova y de la camarilla panista que se empoderó en su sexenio.

Los protagonistas del pasado no podrán ser decisivos ni resultarán factores de triunfo en las urnas. Sin la palanca y los recursos del poder, en amasiato con el régimen federal priista, no podrán evitar su nueva condición de peso muerto en la carrera electoral.

Dentro del PAN volverán a vivir el canibalismo pirañesco que les causará el hundimiento, con todo lo que esto represente para las expectativas de Zavala y de Anaya.

 

EL PRD NO TIENE SALVACIÓN. EN SINALOA ES CADÁVER y su gerontocracia encabezada por Juan Guerra y Audómar Ahumada no se dan cuenta. Sólo les queda la opción de volver con López Obrador, el denostador de quien les dio beneficios a manos llenas.

Pero está visto que entre los amarillos la lealtad es divisa devaluada hasta casi la inexistencia.