Los símbolos transparentes en el Estado de México

Los símbolos transparentes suelen mandar señales ominosas. A veces, hasta los Búhos de Minerva se declaran incompetentes para descifrarlas.

El pasado 29 de marzo, Alfredo del Mazo Maza (tercero de la dinastía que pretende el encargo), presentó en Toluca su registro formal como candidato a la gubernatura del Estado de México.

Salvo que haya sido por telepatía, en el acto no estuvo presente el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, como sí estuvo en el correspondiente a Josefina Vázquez Mota, el jefe nacional del PAN, Ricardo Anaya.

Entre ambos polos, al cierre de marzo, una sombra se cierne sobre la patria chica de Enrique Peña Nieto: Es potencialmente posible que, ni aun con la guerra sucia que enloda el teatro de la contienda, el priismo prolongue a 94 años su supremacía política en el Estado de México. Lleva hasta hoy 88.

127 operaciones de mapaches en investigación

Para abrir boca, un picoso entremés: Hasta hace una semana, la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales de la Procuraría de Justicia de la República llevaba abiertas 127 carpetas de investigación sobre transgresiones a las normas electorales en el Estado de México, a saber:

Alteración de la lista del Registro Federal de Electores, compra de votos, compra y coacción del voto, coacción a subordinados, peculado electoral y condicionamiento de programas sociales, las principales.

Con independencia de que no hay precampaña partidista o independiente que no esté sujeta a denuncia, la mayoría de las acusaciones son en contra del PRI.

A Peña Nieto sólo le cree el 5 por ciento de los mexicanos

Éramos muchos, y parió la abuela: Al presentar los resultados de sus encuestas nacionales del primer trimestre de 2017, el despacho metropolitano Grupo de Economistas Asociados-Investigaciones Sociales Aplicadas (GEA-ISA) asestó un mandarriazo al ánimo priista: Al presidente Peña Nieto sólo le cree un 5 por ciento de los mexicanos.

En otro rango, 63 por ciento de los consultados “no le cree nada” al mandatario mexiquense. De ello sigue que 77 por ciento reprueba la gestión presidencial.

Cuando se explora la confianza de los mexicanos, el resultado es que una de las instituciones de las que más se desconfía es el Instituto Nacional Electoral.

Los factores principales de la desconfianza y la reprobación populares son los feminicidios y la inseguridad. Por supuesto, la corrupción está en el eje del mal humor social.

Consecuencia de todo ello, es que en el diagnóstico de GEA-ISA se perfila la sucesión presidencial de 2018, en un mano a mano entre el líder del Partido del Movimiento Regeneración Nacional, Andrés Manuel López Obrador, y el candidato que resulte del PAN. El PRI, como partido, sigue en el tercer sitio.

El PRI busca bules para flotar

El Estado de México, como laboratorio del 18, revela los retortijones tricolores: Enrique Ochoa Reza se ha tenido que rendir a las urgencias del PRI estatal, de llevar como compañeros de viaje al putrefacto PVEM, en primera línea.

Le sigue por orden de aparición Nueva Alianza (Panal), que se encarama a cualquier carreta. En estos días, el Panal tiene spots electrónicos en los que recuerda a los maestros que en ese partido tienen la trinchera más idónea para defender los intereses magisteriales.

Si es así, aunque sea de manera subconsciente, la dirigencia nacional del Panal admite su carácter corporativo; carácter que prohíbe el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales.

Ese sello se lo imprimió al Panal la ex cacique del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo, ahora presa del peñismo.

Por tramitar esa franquicia siendo aún secretaria general del CEN del PRI, Gordillo fue echada del tricolor, acusada de traición. Pero en su naufragio mexiquense, el PRI está urgido de vejigas para flotar. Todo se vale.

Finalmente, está el Partido Encuentro Social (PES), producto de pactos de sectas religiosas no católicas. Ahora el PES está con el PRI, pero hace unos días proclamó como candidato a la gubernatura de Morelos, al alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco, que llegó a esta posición nominado por el “Partido” Social Demócrata.

Con ese lastre navega el otrora Partido de la Revolución, que blasonaba su monolitismo como su energía interna para “ganar de todas, todas”. No buscaba ni aceptaba aliados de troneras ajenas.

Del Mazo causa resquemores en la cúpula

No obstante su condición de primo del Peña Nieto, Del Mazo Maza, con la lumbre en los aparejos -si bien reconoce que el gobierno está inyectando descomunales recursos federales a su campaña-, intenta algunas expresiones propias para difundir la impresión de que puede brillar con luz propia.

Todo indica, sin embargo, que en algunos círculos centrales del PRI y en Los Pinos, desde donde se pretende suplantar estructuras de operación partidistas, esos lances de autonomía no son bien vistos. Causan resquemores.

No es sólo la incuantificable derrama en metálico y en especie que el gobierno de Peña Nieto está haciendo en el Estado de México, lo que está a la vista.

Compra a granel de reventadores

En oficio de tinieblas en la entidad, el PRI opera la contratación de “reventadores” de la oposición para mojarles la pólvora a sus adversarios, principalmente la de Morena, Delfina Gómez Álvarez, y la panista Josefina Vázquez Mota.

El primer resultado de esas intrigas de baja calaña fue el aborto de la alianza PAN-PRD. Al quedarse colgado de la brocha, el PRD impuso por sus ovarios, desde la Ciudad de México, la candidatura de Juan Zepeda.

El cálculo priista es que los sublevados amarillos  no irán todos a Morena; si los enganchadores tricolores operan con eficacia, algunos desertores votarían por Del Mazo Maza. Es cuestión de fijarle precio a la factura.

Por si algo faltara, súbitamente salta a la palestra el Partido del Trabajo (PT). En pasados comicios federales de 2015, esta formación perdió su registro nacional. Se maniobró en elecciones extraordinarias en un distrito electoral federal en Aguascalientes, para restituírselo antes de que la resolución del INE causara ejecutoria.

El PT improvisó la candidatura de Oscar González Yáñez, quien difícilmente pudo reunir una comparsa de 30 seguidores a la hora de hacer su registro. Será uno de los “declinantes” más baratos.

Los caballos de Troya “independientes”

En otro escenario, se alentaron las candidaturas independientes: De un total de diez aspirantes iniciales por esa figura, finalmente se seleccionó a tres, a los que se ayudó a cumplir con los requisitos, principalmente el número mínimo de adherentes exigido por la ley.

La liebre salta cuando el primer nombre al que se le autoriza participar como independiente, es el de Isidro Pastor, ex dirigente estatal que fue del propio PRI. Los descarriados vuelven al carril, listos para cachar migajas.

Hasta la fecha de cierre de registros, el 29 de marzo, quedaron inscritos ocho contendientes. La apuesta del PRI es que, con la compra y dispersión del voto, puede salir avante con su voto duro.

En su angustioso trance, el PRI cuenta como primer amable aliado con los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que han estado sentenciando en contra la mayoría de los recursos presentados por partidos de oposición por transgresiones del tricolor.

Ese apoyo jurisdiccional se daba por descontado. Falta saber si la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales de la PGR, sigue la misma línea en las 127 denuncias que ahora investiga en el Estado de México o, si el resultado de sus averiguaciones tiene consecuencia jurídica antes del 4 de marzo.

La tragicomedia de estos días en el Estado de México, reproduce las prácticas canallas que el Partido de la Revolución empleó en las sucesiones presidenciales de 1939, 1952 y 1988, y en territorios estatales de la frontera norte, donde invocó el fraude patriótico para frenar el avance de la oposición electoral.

A principios de la semana pasada, Peña Nieto utilizó la colindancia del Campo Militar número 1 de la Secretaría de la Defensa Nacional, para montar un mitin multitudinario con la mirada puesta hacia el norte, donde está el Estado de México.

Los símbolos transparentes suelen mandar señales ominosas. La sociedad política debe descifrar a tiempo esas señales, so pena de ser aplastada de nuevo. Es cuanto.