La pecera de la corrupción

El Tiburonario de Mazatlán estalló y los culpables siguen libres de responsabilidades

A dos meses del colapso apenas intervienen las autoridades de impartición de justicia

 Definitivamente es la joya de la corrupción en Mazatlán. Pero apenas la Fiscalía General del Estado interviene tras más de dos meses del colapso de la pecera de la corrupción.

Solo duró 38 días de operación antes de reventar.

Tiene la complicidad de los ex Alcaldes Carlos Eduardo Feltón González, Alejandro Higuera Osuna y Jorge Abel López Sánchez, del ex Secretario de Obras Públicas del Gobierno del Estado, José Luis Sevilla Suárez y del ex subsecretario, hoy alcalde de Guamúchil, Carlos Mario Ortiz y del Ex Jefe de la Unidad de Inversiones José Luis López Montiel.

Es un proyecto rodeado por depredadores político-marinos que se mueven en la pecera más grande de Latinoamérica con más de cuatro millones y medio de litros de agua que ya se derramaron.

Con una inversión millonaria arriba de los 60 millones esa gran vasija acrílica ya “nada de muertito” por obra y fé del constructor privado Omar Osuna.

La posibilidad de que terminará así se previó desde siempre. Su operación, se dijo hace meses, sería riesgosa por las graves deficiencias del sistema de soporte de vida de las instalaciones y de las inconsistencias de cimentación que quedaron en manos de un contratista de escasa experiencia en ese ramo: Osuna y Osuna Arquitectura S.R.L. de C.V.

Los diagnósticos de la obra negra y cuasi terminada nunca fueron halagadores y por el contrario daban una visión clara de las negativas consecuencias que hoy ya se conocen.

Ya concluyó la cuenta regresiva de ese espectáculo marino que solo muestra tras su caja de cristal a los verdaderos tiburones del presupuesto: el constructor de Osuna y Osuna Arquitectura, a los ex Alcaldes Feltón González y al Diablo Higuera, al Secretario de Obras Públicas, José Luis Sevilla y al Jefe de la Unidad de Inversiones del Gobierno del Estado, José Luis López Montiel.

Todos hoy están bajo la mira de la Fiscalía General del Estado y de la Auditoría Superior del Estado. Al menos eso debía parecer.

Caja negra

Ya se escribiría en “Proyecto 3, Voces que rompen el silencio”: Desde su inicio el tiburonario estaba destinado al fracaso. Fue en julio del 2010 que la construcción marcaba sus primeros trazos, pero para noviembre del 2011, el primer escándalo lo sacudía.

Después del dictamen de especialistas, el primero de muchos, el reporte técnico sugería reforzar el subsuelo o se tendría que analizar la posibilidad de demoler la obra.

Se trabajaría en la deficiente cimentación del suelo y se evitaba su inminente demolición.

Apenas sobrepasaba este episodio cuando más tarde en febrero del 2012 se daba el banderazo de una nueva etapa del tiburonario que incluía las correcciones en la infraestructura del proyecto.

Los sobresaltos no dejaron la obra ni por asomo y la tercera etapa de construcción que se licitaría en octubre del 2013, para la instalación de bombas y filtros de agua para crear condiciones de vida para la posible exhibición de esos escualos, no sería la excepción. Todo se complicaría más.

Solo unos meses después, en abril del 2014, al llenar el tanque se detectarían filtraciones de agua dentro y fuera de los acrílicos. Además en agosto de ese mismo año una fuerte lluvia provocaría la inundación del cuarto de máquinas y develaría serias deficiencias técnicas y de seguridad.

Como respuesta a la presión pública y por una propuesta del Consejo del Acuario un equipo de expertos realizaría otro diagnóstico de la obra que el constructor mencionaba como terminada.

El diagnóstico efectuado del 10 al 13 de noviembre del 2014, era revelador. Las deficiencias y las complicidades se asomaban.

Fallas repetidas

El diagnóstico realizado por la empresa “Hidrotam S.A. de C.V.” revelaba serias deficiencias constructivas que evitarían el correcto funcionamiento del sistema de soporte de vida del tiburonario, la calidad del agua requerida para los organismos que se mantendrán en confinamiento y para mantener condiciones óptimas para la  exhibición y el disfrute de los usuarios del tiburonario y del Acuario de acuerdo a los estándares nacionales e internacionales de operación de estos centros recreativos. Pero sobre todo se asomaba la idea de que la pecera y los acrílicos no aguantaran el peso.

La lista de fallas era amplia, según el informe entregado a las autoridades del Consejo del Acuario por el representante de la empresa, Mauricio Garza Alarcón.

De entrada, en el diagnóstico se cuestionaba, adjunto con fotografías, la capacidad del sistema de bombeo.

El documento señalaba que la instalación de sistema de bombeo era inadecuada, “debido a la posición del área de succión y de la descarga. El agua no debe de regresar al estanque por medio de los peines instalados en el fondo”.

De la misma manera en la instalación de succión y descarga del sistema de bombeo se encontraron operando 6 filtros mecánicos, pero con la deficiencia de que están conectados en serie.

“Lo que significa que la salida de uno es entrada del otro, provocando la pérdida hasta del 50% de la capacidad de filtrado.  La limitación es la operación de tres filtros en lugar de usar los seis con una entrada independiente”.

 Más fallas

También se detectaría una conexión inadecuada de la descarga del Fraccionador de Proteína para mantener la vida de las posibles especies en cautiverio.

El informe revelaría también el uso de material no recomendable como metal galvanizado en estanques para el tipo de instalaciones de un sistema de soporte de vida para agua salada.

En la instalación eléctrica se observaría la falta de soportería adecuada para las canalizaciones de las líneas eléctricas. Es decir muchas líneas se encontraban dispersas sobre el piso.

El diagnóstico detectaría una conexión inadecuada a los motores y reubicación de registros eléctricos.

Calidad del agua

Las recomendaciones para mantener una calidad de agua óptima para la vida marina en exhibición fueron varias.

Entre ellas se pidió recircular el volumen total de agua del tiburonario cuando menos 12 veces cada 24 horas a través del SSV (sistema de soporte de vida).

En acuarios públicos es necesario recrear unas condiciones ambientales adecuadas para los diferentes organismos, y el control de la temperatura del agua es uno de los factores más importantes, asentaría el informe de la empresa especializada.

Revisión, una y otra más

Otra revisión técnica solicitada al ex Alcalde Carlos Eduardo Feltón González de la obra construida por Omar Osuna, se pidió en agosto del 2014 por parte de los regidores Esperanza Kazuga y Humberto Becerra Batista.

El reporte final se habría de entregar en aquel tiempo al Presidente, el 21 de ese mismo mes con conclusiones detalladas que al parecer jamás se tomaron en cuenta.

La cerrazón del constructor solo se pudo abrir al dar la cara por primera vez al Consejo del Acuario el 4 de agosto y acordar el recorrido por las instalaciones del tiburonario.

Tiempo después de nueva cuenta la regidora Esperanza Kazuga Osaka recibió en abril del 2015 un diagnóstico realizado por el Doctor Juan Manuel Martínez Brown, Investigador del programa Cátedras de CONACyT (Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo A.C. Unidad Mazatlán en Acuicultura y Manejo Ambiental).

En el documento dirigido a la edil le informaba de las observaciones técnicas sobre el sistema de soporte de vida de la visita realizada el 11 de abril del 2015 a la instalaciones del tiburonario en construcción. Las conclusiones eran las mismas y nadie hacía nada. El entonces Alcalde solo callaba. Cubría con el silencio.

“La instalación de los equipos que constituyen el sistema de recirculación no cumple con las recomendaciones técnicas que se aplican para este tipo de instalaciones y están fuera de la normatividad mexicana en el contexto de seguridad e higiene”, se aseguraba.

Además se asentaba: “La operación de esta instalación, tal como se encontró durante la visita, representa un riesgo inminente para el trabajador que la realice”.

La posibilidad de que la pecera estallara no estaba lejana según las estimaciones de los auditores. Y así fue recién iniciada la administración del Alcalde Fernando Pucheta Sánchez.

“Se recomienda ampliamente examinar las bases de cálculo y del diseño ingenieril para conocer a detalle las especificaciones de diseño que fueron consideradas y evaluar si cumple este diseño con las capacidades necesarias para cubrir los requerimientos biológicos de las especies que sustentará y de la biomasa que sostendrá”, mencionaba.

¿El botín de muchos?

Por lo pronto queda la idea de que tras tantas deficiencias y más contratos el negocio del tiburonario favoreció a muchos. Pero solo la Fiscalía no lo sabe.

Tan solo para la construcción del edificio que empezó en julio del 2010 se pagaron 19 millones 838 mil 981.65 pesos por el contrato CONT-SCOP-IP-REM-139-2010.

Para la construcción de fachada, obra exterior, suministro y colocación de acrílicos de observación se firmó el contrato CONT-SDUOP.IP-CONST-239-2011 por la suma de 16 millones 71 mil 424.10 pesos.

A pesar de los señalamientos y las deficiencias se les seguía entregando trabajo y para los refuerzos de losa de estanque y cimentación de la estructura de concreto de la obra se concretó el contrato CONT-SDUOP.IP-CONST-238-2011 por la cantidad de 3 millones 675 mil 545.18 pesos.

Finalmente hasta ahora también se le entregó un cifra de 18 millones 665 mil 015.98 de pesos del CONT-SDUOP.IP-CONST-171-2013 para el equipamiento de bombeo, filtrado, aire acondicionado, planta de emergencia, puertas de emergencia, equipo audiovisual, iluminación, taquilla de información, cuarto de máquinas y cabina.

La obra ya reventó tal como se diagnosticó desde un principio. La investigación que empujara el secretario del Ayuntamiento de Mazatlán José Joel Boucieguez Lizárraga podría descubrir o proteger a los verdaderos tiburones del presupuesto y por lo pronto la Fiscalía General del Estado ya asoma sus narices.