La difamación, arma preferida del PRI y el PAN

Con justa precisión, un grupo de especialistas en comunicación política, en un encuentro en el Club de Periodistas de México, planteó: “el PRI y el PAN no son nada sin la ‘industria de la difamación’: La urgencia para el 2018 es reclutar al mayor número de mentirosos”.

La disposición de los versados en comunicación -mercadólogos electorales, unos- encaja en los sucesos trascurridos en los procesos electorales de la época posmoderna de Sinaloa: la difamación y la calumnia les son necesarias al PRI y al PAN para ganar elecciones. Nadie lo puede negar.

Espanta sobremanera, así, a un parvo de “comunicadores” cualquier intento de modificación, modernización o adecuación del marco jurídico-legislativo en materia de respeto a los derechos civiles y humanos de la sociedad. Una sociedad indefensa ante ataques calumniosos y difamatorios es la ideal, la apegada a los proyectos político-electorales de quienes detentan el Poder Público.

Pretender crear instrumentos jurídicos-legislativos para proteger la reputación, el respeto a la vida privada o intimidad, al honor e incluso a la imagen propia, es muy pecaminoso para los “comunicadores” del PRI y del PAN, diseminados en algunos medios de comunicación de Sinaloa.

Así, no es pueril que un reducido segmento del gremio de la “comunicación”, ligado al PRI y al PAN, reaccionara con virulencia ante una Ley Anti-difamación instalada con el rango de iniciativa en el Congreso Local por diputados del Partido Sinaloense, acción ruidosa que generó un ambiente propicio para el linchamiento político.

La “protesta” se orquestó en las propias catacumbas del PRI y del PAN. No nació del talento de los “comunicadores”.

No sorprendió entonces el rechazo faccioso, partidista a la Ley Anti-difamación, oposición que se intentó “generalizar” mediáticamente, engañando a la sociedad con la falsa versión de que la iniciativa pasista había levantado el descontento masivo “del pueblo”.

No causó asombró tampoco que se usara la estrategia de la criminalización contra la iniciativa de reformas al Código Civil, Código Familiar y el Código de Procedimientos Familiares en pro de los derechos civiles y humanos de la ciudadanía.

Resultó una ofensa, un “asesinato a la libertad de expresión” para los “comunicadores” del PRI y del PAN, que los diputados del Partido Sinaloense hayan encauzado reformas legislativas que busquen garantizar el respeto a la vida privada o intimidad, al honor e incluso a la imagen propia.

En este tenor, no es ocioso establecer que el respeto a la vida privada o intimidad, al honor e incluso a la imagen  son considerados derechos humanos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención de Roma para la Protección de los Derechos  Humanos y las Libertades Fundamentales de 1959, la Declaración de los Derechos y Libertades Fundamentales y la Carta Africana de los Derechos del Hombre y de los Pueblos.

Bien. La iniciativa del PAS no “blinda” a quienes se dedican a hacer política. No otorga impunidad a políticos ni gobernantes mentirosos, tramposos y saqueadores. No protege a nadie que se mueva en la actividad pública.

Sin embargo, es considerada de alto riesgo por el PRI y PAN, porque la información, manejada de manera perversa y pervertida, como la ha usado en específicos casos en Sinaloa, tiene efectos en cadena o en “cascada” que afectan el honor de los individuos e irrumpen en la vida de las familias.

Los estrategas del PRI y del PAN se asustaron con la iniciativa del Partido Sinaloense y en la dinámica de vale más prevenir que lamentar, la consideran, por eso la rechazan, un dique contra las campañas político-electorales de odio como como instrumento de manipulación y de choque.

Muy buenos resultados han tenido el PRI y el PAN al reforzar, con el apoyo de los “comunicadores”, el odio, el ataque velado y directo. Quieren seguir teniendo esos “éxitos” políticos y electorales. La conjunción explosiva odio/política, basada en la calumnia y la difamación que instiga y potencia el odio, impregna todo el tejido social contaminando la razón y el sentido común.

Ahí se localiza el “fondo” de la inconformidad de los “comunicadores” del PRI y el PAN. Orientados por los titiriteros “vieron” un fondo electoral a la iniciativa del PAS. Proteger el respeto a la vida privada o intimidad, al honor e incluso a la imagen propia, de los ciudadanos de Sinaloa, no figura en la agenda, en los planes del tricolor ni en el blanquiazul rumbo al 2018.

Es verdad: la libertad de expresión pasa en Sinaloa por un momento complicado debido a que hay grupos de poder, del PRI y del PAN, que quisieran acallar las voces incómodas, aquellas que denuncian la corrupción cínica y voraz, a los gobiernos ladrones y los políticos mentirosos.

Esos grupos de poder lanzan a sus “comunicadores”, cual fieras, contra todo aquel periodista o medio de comunicación que difunda opiniones diferentes o que no se ajuste a sus planes político-electorales. Que denuncien la corrupción. En el blanco directo de sus ataques están quienes les estorban en sus proyectos electorales del 2018.

No sorprendería una alianza de facto PRI-PAN para cerrarle el paso a otras fuerzas políticas el año próximo. Pero a los dos les urge que no existan instrumentos legales que protejan los derechos civiles y humanos de la sociedad contra la difamación y la calumnia.

Por esa razón se politizó y criminalizó la iniciativa del PAS…

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.