Grupo Culiacán: desintegración por pugnas de poder

Hacer públicas evidencias en deuda pública, divide a Torres y Valdés

Mientras crece el repudio popular hacia el PRI, por su imagen de corrupción, antidemocracia y pérdida de visión social, se desatan las ambiciones de los grupos al interior del partido por los cargos de elección popular que se definirán el año próximo.

Ante los presagios de desastre el partido en el poder no planea apertura democrática para buscar los consensos de las bases y prefiere dejar abierto el camino hacia la intransigencia y la imposición en el proceso del 2018, que será de elecciones concurrentes, federales y locales, para elegir presidente, renovar Congreso de la Unión y ayuntamientos y Congreso del Estado.

En este escenario de retos a la supervivencia del partido en el poder, el Grupo Culiacán, sobrevaluado para lo que realmente representa en votos más que en intrigas, trata de “madrugar” en la búsqueda de su cuota particular; pero lo hace dividido en tres fracciones y avanzando hacia un proceso de desintegración.

Las fisuras son visibles:

Sergio Torres Félix se deslinda de su engendro político, por incompatibilidad de ambiciones e inconforme por las declaraciones de su sucesor Jesús Valdés Palazuelos y del tesorero municipal, José Luis Garza Ochoa, exhibiendo la elevada deuda pública que encontraron y de la investigación que llevan a cabo las Auditorías, Federal y Superior del Estado sobre la administración del padre del “Morrín”.

En paralelo, el grupo presenta otra fisura con el proyecto alternativo y firme de Aarón Rivas Loaiza, en busca de una diputación federal, de un escaño o del regreso a la alcaldía, para ser el próximo contendiente a la candidatura del PRI al gobierno de Sinaloa, mismo camino que tiene trazado, de manera accidentada, el actual presidente municipal de Culiacán, miembro que ahora está a la cabeza del mismo grupo.

A este escenario de confrontación se agregan las pretensiones políticas de Rosa Elena Millán Bueno, titular de la Sedeshu, y de la diputada Martha Sofía Tamayo Morales, que reclaman la equidad de género para sustentar sus planes hacia los mismos objetivos de senaduría y gubernatura.

En adición a este cúmulo de ambiciones políticas debe considerarse también la ruta que seguirá otro cofrade, Antonio -Tony- Castañeda Verduzco, que desde la Subsecretaría de Gobierno construye sus propios planes, sin visión de confraternidad “culichi”, confiado que el contexto le es más favorable a partir de este año.

La razón de este criterio de Castañeda, por supuesto de choque con la proyección de sus compañeros de grupo, es el apoyo de los dos personajes políticos más influyentes dentro del PRI actual: Quirino Ordaz Coppel y Jesús Vizcarra Calderón. Al primero ya lo “grilla” y al segundo le finge lealtad.

Aislado quien fue en el pasado trienio el guía del grupo, Sergio Torres Félix se volvió ahora un lastre y un motivo de conflicto. Es la parte débil o lo más delgado del hilo, a quien sólo sigue ya el ex diputado local Manuel Osuna Lizárraga.

Un ex alcalde en problemas no resueltos con las auditorías, federal y del estado, es un mal referente para cualquiera de los proyectos mencionados.

Torres Félix pretendió que Valdés no descobijara los problemas financieros que encontró a su arribo al poder. Pero estos eran demasiado obvios para ser negados y la presión pública reventó el intento de ocultar la verdad, que Proyecto 3 ha señalado con anticipación.

A fines de febrero reciente, Chuy Valdés reconoció públicamente que estaba revisando los conceptos de la deuda pública que recibió de su íntimo. Y pareció quedarse corto en sus comentarios.
El tesorero Garza Ochoa había sido más categórico el 27 de enero al señalar que habían recibido de Torres y Edgar Kelly, su tesorero, una deuda sin fuente de paso considerable, de 743.3 millones de pesos.

Mucho dinero extraviado en un manejo desaseo, que no puede negar el trasfondo de la corrupción y del costo financiero del sueño irrealizable de Torres en 2016 de ser candidato a gobernador del estado.

La regidora Imelda Castro abonó al caso Torres con el señalamiento de que la deuda que dejó el ex presidente municipal bien podría ascender a dos mil millones de pesos, más de lo que reconocieron los casi hermanos. Jesús y Sergio.

PROCESO DE EROSIÓN POR COINCIDENCIA DE AMBICIONES POLÍTICAS

El grupo, formado inicialmente para atrincherar las aspiraciones políticas de un núcleo compuesto por Torres, Valdés y Castañeda, en los días críticos que siguieron a la derrota priista del 2010, que los siniestró por ser vizcarristas militantes y por lo mismo antimalovistas, entra hoy en un proceso de erosión y fractura en sus piezas claves por nada menos que la coincidencia de ambiciones políticas.

En 2012, la fracción Culiacán fortaleció el acuerdo interno, para dilucidar sin rispidez la participación en el proceso del PRI por la presidencia municipal de la capital del estado.

Torres agandalló a Valdés una “manipulada” consulta a las bases que sólo conocieron ellos dos en un pacto “de sangre”. Pero el grupo avanzó sus piezas para arropar sus mutuas pretensiones. Tamayo, Millán Bueno, Rivas y Valdés tomaron posiciones de avanzada. Y acomodaron también a Oscar Valdez y Manuel Osuna. En racimo. Hacia el futuro, Oscar Valdez se vuelve un problema, porque sus antecedentes personales saltarán a la luz pública otra vez si acaso trata de competir por una candidatura. Como funcionario de Chuy Valdés resulta ya una figura incómoda.
Un acuerdo de ellos en aquel año fue dejar de momento la bandera de Vizcarra y se aliaron a Mario López Valdez; todos se “suman” teóricamente, con fintas, ahora gobernador Quirino Ordaz, para no vivir en el error de alejarse del centro del poder y de sus beneficios.

Además, en el pasado reciente, por conveniencia y no por convicción, tendieron puentes hacia los ex gobernadores protagónicos, Francisco Labastida Ochoa, Juan S. Millán Lizárraga y Jesús Aguilar Padilla, a los que luego descartaron para no negociar nada y tratar de acaparar lo más posible del “pastel”.

En enero del 2016 se colgaron de la decisión del presidente Enrique Peña Nieto, a favor de Quirino Ordaz Coppel, y se prendieron la etiqueta del momento, para subirse a la misma ola política, volviendo a lucir la camiseta de Vizcarra.

Entonces consiguieron la alcaldía para Valdés Palazuelos, la diputación de Rivas Loaiza y la secretaría de Desarrollo Social para Millán Bueno, entre otras posiciones de menor relevancia para los miembros del grupo que por lo pronto están en segunda fila, como Oscar Valdez López y Manuel Osuna Lizárraga. Castañeda, con participación directa en la campaña de Quirino, de la mano de su jefe original, Jesús Vizcarra, consiguió el alto cargo en el organigrama estatal.