El Club de la Difamación, “basura periodística”

Proyecto 3 desata la furia de quienes han convertido la calumnia en un rentable negocio

Si de Sinaloa y de periodismo se trata, no es nada pecaminoso sostener que, en algunos casos concretos, la libertad de expresión se sostiene como una extensión de los negocios comerciales. Descorrer el malévolo “espíritu empresarial” del quehacer informativo es abrir a cielo abierto la caja de pandora de la industria de la difamación y calumnia.

Rentable fue y sigue siendo, aún, el negocio, de quienes en el pasado reciente detentaban el “monopolio de la información”. Pero la faena del dinero está en riesgo.

Para su mala fortuna, en Sinaloa ese monopolio se rompió. En su “descuartización” salieron a flote una serie de personajes que, unidos por el cordón umbilical de sus intereses y sus odios, operan el llamado Club de la Difamación, símil de la perversidad y la destrucción.

En el Club de la Difamación lo mismo pululan caricaturistas regordetes, falsos “analistas”, universitarios tránsfugas, “moneros” con agencias de publicidad, asesores de políticos del PRI y del PAN, perredistas con ropaje de falsos adalides de la comunicación, que dictaban la agenda periodística estatal, para desgracia de los sinaloenses.

Los integrantes del Club odian otra opinión que no es la suya. La censuran. La satanizan. Se dicen defensores de la Libertad de Expresión, pero nada más la de ellos, y la usan para difamar y fabricar falsos entuertos.

Es pues el Club de la Difamación, en su burdo desempeño, el que pone en la mesa del análisis el “espíritu empresarial” de las editoriales que les dan cobijo y espacio. Obligan a la sociedad toda a escudriñar, a abrir la caja de pandora de los negocios y vínculos políticos, los amarres, de los dueños de las “poderosas” empresas periodísticas.

Es aquí donde encaja Proyecto 3 y el análisis de su desempeño: su nacimiento, presente y futuro. Su quehacer y el papel histórico que juega en Sinaloa. El semanario, guste o disguste, es una nueva alternativa periodística. No se acopló a la “línea editorial” del Club de la Difamación. No comulgó con el contenido de sus “análisis” y sus informaciones tendenciosas.

Todos en Sinaloa sabe que el Club de la Difamación elevó a rango de intocables a personajes corruptos, pero lo más criticable es que crearon las plataformas, a la par de las empresas para las que trabajan o colaboran, para impulsarlos en proyectos políticos que al final de cuentas han resultado atentatorios contra la sociedad sinaloense.

Fabricaron la imagen de impolutos, honrados, y de buenos políticos a lo más grotesco de la política estatal. Para su mala pena esas figuras han sido ya ubicadas en su exacta dimensión y alcances.

¿Dónde se desquiciaron y violentan y se abalanzan los miembros del Club de la Difamación contra Proyecto 3? ¿Dónde pierden el juicio y deciden organizarse, sincronizarse de nuevo, para calumniar al semanario, e intentar sacarlo del escenario periodístico estatal?

Les estorba, no hay duda. Con Proyecto 3 en el teatro de los hechos, escrudiñando aquí, allá y acullá, opinando diferente, al Club de la Difamación nada le sale bien. Fueron, así, varias las vertientes editoriales-informativas que enloquecieron a los miembros del Club de la Difamación:

1.- La negativa del semanario a publicar lo que no está comprobado. O no se pueda comprobar con documentos u otros medios de prueba.

2.- El desnudamiento de las “vacas sagradas” de la política estatal, corruptos, que, en abierta traición a los lectores, habían convertido en “héroes” o apócrifos luchadores sociales.

3.- La negativa de Proyecto 3 a vivir de los contratos de publicidad de los ayuntamientos, del gobierno del estado, de los partidos políticos y de las universidades públicas.

4.- La inutilidad de los contratos millonarios de algunos actores políticos y de funcionarios de los tres niveles de gobierno con algunos medios de comunicación, ya que la inversión no les sirve para nada por las revelaciones difundidas por el semanario.

5.- La cobertura dada por el semanario a Héctor Melesio Cuén Ojeda, ex rector de la UAS, y presidente del Partido Sinaloense.

6.- La defensa que se ha hecho de la UAS ante las acciones y acechanzas de grupos vandálicos, que se dicen democráticos, y que intentan desestabilizar la máxima casa de estudios; el resguardo periodístico de la Universidad ante las intentonas de su privatización.

7.- El papel que jugó el semanario en el pasado proceso electoral poniendo en alerta a la ciudadanía sobre un posible “megafraude”, cuando el Club de la Difamación difundía mentiras, sembraba la idea de una elección sin “mapaches”, sin compra de votos, sin amenazas ni agresiones.

8.- La percepción que tienen los periodistas de Proyecto 3 de la Libertad de Expresión, que no encaja con la libertad de libertinaje o la libertad para difamar.

9.- La fuerte presencia y aceptación del semanario, ya sea en su edición impresa o digital, por una sociedad ávida de nuevas alternativas periodísticas.

10.- La reacción positiva de los grupos de la Ciudad de México, de todos los partidos, que ven en el semanario no tanto la contraparte, sino la difusión de lo que otros medios ocultan y que es necesario ventilar ante la opinión pública. Proyecto 3 es lectura obligada en Los Pinos (Presidencia de la República).

Así, el Club de los Difamadores ya no marca la agenda periodística de Sinaloa y culpan de sus desgracias a Proyecto 3 sin ponerse a aquilatar que están recogiendo lo que sembraron en una sociedad harta de mentiras y simulaciones.

Les queda, sí, exacto, el recurso de la censura; de la satanización de quienes no se ajustan a su “línea editorial”, aunque en ello se lleven entre las patas a los dueños de las empresas para las que trabajan o colaboran. Aunque instalen en el sendero de la acusación pública o la sospecha a los propietarios de las casas editoriales, radiofónicas o digitales.

Efectivamente usan los espacios ya no para fijar la ruta informativa, pues nadie les cree, sino para descargar sus odios, denigrando el espíritu del periodismo. No entienden que Sinaloa se ubica en el umbral de “una verdadera revolución” respecto al modo en que es concebida y organizada la función de informar.

No perciben la realidad: que se vive una revolución conceptual y práctica, íntimamente vinculada a los nuevos modelos de sociedad, a los estilos de participación política y a las estrategias de desarrollo social.

Ya se rompió el paradigma de los “poderosos de la comunicación”. Son ubicados como lo que son: mentirosos. La llamada Libertad de Expresión, la de informar, la libertad de prensa, que era regida antes por la agenda fijada por el de Club de la Difamación o por la libertad de los propietarios de los medios “grandes” para decidir qué difundir o qué no, es vista ahora desde la perspectiva de los derechos del receptor, de la sociedad, que no merece que se le mienta.

El Club de la Difamación ha sepultado los códigos de ética, el rigor periodístico, colocando a los directivos de las empresas que les da cobijo en el centro del debate público, ante los ojos críticos de la sociedad. No es casual entonces que la caída del “monopolio de la información” y los negocios de la industria de la difamación, sea tema recurrente en Sinaloa…

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.