Días de guardar

En la película Trece Días (año 2000, Dir.  Roger Donaldson), se narra la crisis de los misiles en Cuba durante los inicios de los años sesentas, sin duda el momento cuando más cerca estuvimos de una guerra nuclear; el personaje de Kevin Costner, infiere que cada acción de las dos potencias en conflicto es la expresión de un nuevo lenguaje entre sus líderes, su búsqueda para entender y contribuir a hacer más fluido ese diálogo, es lo que en realidad nos muestra la cinta.

La crisis con Cuba fue el momento más riesgoso de toda la guerra fría, fue ahí que estuvo a punto de descarrilar la fórmula que ha contenido desde 1945, la agresividad natural de todas las superpotencias.

Diez años después, aproximadamente, Henry Kissinger (seguramente partiendo del análisis de aquel momento) sintetizó la esencia de la nueva estrategia disuasoria, en la frase “para enfriar algo, primero hay que calentarlo”.

Este año, sin duda, va a develar la nueva naturaleza de las relaciones internacionales y, a decir verdad, es difícil hacer pronósticos de lo que pudiera pasar, pero es innegable que los líderes de las grandes potencias de nuevo están negociando en un lenguaje que el hombre común no puede entender. Pero no por ello dejaremos de hacerle la lucha.

A diferencia de los sesentas, la correlación de fuerzas ahora aparenta estar más pareja y más concurrida, la presencia de una tercera nación (China) vuelve mucho más complejo el entendimiento entre iguales, y lo peor es que Trump como presidente del principal actor, no contribuye en nada para mejorar la situación.

Si fuera torneo de ajedrez, los cronistas nos estarían diciendo que Estados Unidos acaba de iniciar simultáneamente jugadas en dos tableros; en Siria, el bombardeo a la base aérea como castigo por el uso de armas químicas, obtiene respuesta de Putin cuando Rusia presenta su nueva bomba nuclear, capaz de destruir un territorio del tamaño de Francia. Sin embargo, el armamento atómico es eminentemente disuasivo, lo cual significa que nadie lo usará, pues basta lanzar una sola bomba para desencadenar una guerra de menos de una hora de duración, que en el mejor de los casos dejará sobre la superficie de nuestro planeta sólo unas cuantas cucarachas vivas.

Todos coincidirán que el principal temor lo provoca la principal duda, y aquí el elemento nuevo se llama Trump: es mucha la incertidumbre que el tipo genera en todos los órdenes, ya no digamos el bélico.

Sin embargo, la respuesta de EEUU a la nueva arma rusa, según yo, fue atinada: abrió un segundo frente (contra China), al mandar una flota de ataque hacia Corea del Norte, como diciendo “con los dos puedo”. ¿Es un blof? No lo creo. Rusia puede tener el arma nuclear más potente y China el mayor número de efectivos, pero desde la II Guerra Mundial el arma de los domingos es el portaaviones, cuando lo que se desea es una guerra convencional que deje alguna utilidad al posible triunfador; eso es precisamente lo que hicieron nuestros vecinos mandando la flota hacia Corea: manifestaron voluntad para mantener el conflicto dentro de cauces razonables. Si el chicle pega, los gringos se habrán anotado otro éxito al irrumpir en una guerra que no pueden perder: Estados Unidos tiene más portaaviones que el resto del mundo, todo junto.

…si el chicle pega, porque si no…?

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.