Tres Ríos

Ante su devastador primer paso como gobierno en Sinaloa, el Partido de la Revolución Democrática parece estar colocado en un estado vegetativo.

Pero hay más: la cúpula perredista parece estar dispuesta a insultar la inteligencia ciudadana al mantenerse en estado blanco y negro y no quieren dar color en su posición en torno al destino que muchas de sus vacas gordas jugaron durante la travesía sexenal pasada en que se sirvieron con la cuchara grande del banquete económico que les pusieron enfrente.

De hecho nadie en el PRD ha elevado el tono de su voz exigiendo la expulsión de Juan Guerra Ochoa, Juan Figueroa Fuentes, Ricardo Armenta, Audomar Ahumada, y otros Sócrates del perredismo sinaloense que abrevaron en las aguas oficiales servidas por el temporal malovista y ahora actúan como operadores del gobierno esperando que el tiempo haga olvidar a los sinaloenses que en el robo sexenal todos los partidos políticos nacionales fueron actores de la tragicomedia política que ahora nos mantiene atrapados en el espanto.

En el comité directivo estatal del Partido de la Revolución Democrática, Claudia Morales Acosta no está dando resultados para los sinaloenses. Actúa como si estuviera al servicio del gobierno, porque no ha llamado a cuentas a los militantes que operaron como funcionarios en diversos cargos del gobierno estatal y tampoco ha dicho a los electores que el PRD no es comparsa ni copia fiel del PRI y del PAN.

El colmo es que todos estos partidos se parecen en mañas que no en colores.

Es la oportunidad histórica para que Claudia Morales Acosta deje en claro que en política una mujer sabe dirigir a los partidos políticos.

En Sinaloa ella lo dirige, pero lo dirige mal para desventura del propio partido amarillo.

Hay muchas cuentas que tienen que rendir los perredistas que hundieron al estado, máxime que antes comían tortilla con sal y ahora cocinan con mantequilla, sobre todo aquellos que llegaron al servicio público con parcela y salieron con ranchos equipados como los mejores de Texas.

En el estado de Sinaloa ya se sabe que el Partido Revolucionario Institucional no está dispuesto a mostrar amor por la patria y por tanto su lucha es como franquicia económica y electorera más que un instituto político dispuesto a reinventarse para  mejorar las condiciones maltrechas en que ha quedado la entidad en el último sexenio.

Del PRI y del PAN el 70 por ciento de los diputados locales son manufactura de Mario López Valdéz y por tanto su papel está en entredicho para investigar al anterior mandatario estatal.

Por parte del PRD muchos están bajo sospecha, pero es la dirigente perredista la que tiene en sus manos acantilar el destino de este instituto político, de frente a las elecciones del año 2018 o reivindicar los ideales que le dieron pulso a sus latidos en las preferencias electorales.

Lo imposible. Uno de los primero pasos que debe dar el PRD es llamar a cuentas a Juan Guerra Ochoa y hacer que devuelva las canicas que conquistó en su paso por el fichaje malovista y sobre todo es necesario llamarlo a cuentas sobre los motivos por los que hay tantos ganaderos tronados a pesar de que toda su vida han desarrollado la actividad y de paso exigirle que explique porque ahora anda de zapatos lustrosos si antes andaba disfrazado hasta con huaraches de llanta y de tres correas.

La misma pregunta es para juan Figueroa Fuentes cuya vergonzante transformación es sorpresiva como insultante, pues prácticamente ofende al perredismo que otrora ofrecía un discurso fresco y sano y ahora tienen solo mensajes oscuros e increíbles para los simpatizantes.

Para colmo de males las elecciones federales están a la vuelta de la esquina y el PRD no está preparado ni siquiera para realizar una alianza con otras fuerzas políticas ya que no representa calidad ni músculo como para asegurar que tiene tablas con las que pueda competir acompañando a otro instituto político.

Sin embargo, está en manos de la dirigente estatal, Claudia Morales Acosta, darle un nuevo impulso al perredismo, aunque para ello tenga que poner en la charola del juicio penal a las vacas sagradas del partido que se enriquecieron con Malova.

De lo contrario, el PRD no alcanzará ni tendrá musculo para competir en el proceso venidero porque no habrá recobrado la confianza de los electores.

Ya acabe.