Roberto Cruz: retroceso político y moral

“Roberto Cruz, ese Fausto de la política local, vendió su alma al malovismo, y hoy el impuro se siente puro como cuando era muchacho; malabares del sicologismo”.

-El Autor.

El supuesto exmalovista y hoy diputado local por el PAN, Roberto Cruz Castro, enderezó sus baterías políticas, invectivas y denuestos contra la segunda fuerza política en Sinaloa, el Partido Sinaloense, y de su líder, Héctor Melesio Cuén Ojeda, acusándolos de estar preparando una alianza estratégica con el PRI frente a los comicios locales y federales en el 2018.

Los vilipendios son producto de sus desvaríos y miedos por cargar él, y su camarilla panista, en el 2018 y en el 2021 con los costos del desastroso gobierno panista de Mario López Valdez. No es lanzando falsas acusaciones como se salvará Roberto de su desprestigio.

Cruz Castro, de corta memoria y cola larga, carece de autoridad moral para opinar y mucho menos criticar sobre el estado de cosas que guarda la política sinaloense, ya que él fue uno de los artífices y operadores políticos que hicieron posible la llegada de Malova, por la ruta del PAN-PRD-PT-Convergencia, a la gubernatura del estado, donde el aprendiz de brujo se desempeñó como jefe de asesores y Secretario de Desarrollo Económico del tristemente célebre fanfarrón de los Mochis.

En buena medida el retraso político, económico y la espiral alcista de violencia criminal que resentimos en la tierra de los 11 ríos, es imputable a todos esos fariseos de la política panista (Roberto Cruz, Rafael Morgan, Adolfo Rojo, Heriberto Félix, Francisco Solano, etc.) que entronizaron a Malova en el palacio de gobierno.

La debacle política, moral y ética del PAN en Sinaloa, tiene fecha de nacimiento cuando el blanquiazul le arrendó mercantilmente las siglas partidistas al frívolo ex gobernador Mario López Valdez. El otrora partido de las buenas conciencias se corrompió hasta el tuétano por un plato de lentejas que le aventaron desde el Tercer Piso del palacio de gobierno sinaloense.

Roberto Cruz sin embargo, de forma inopinada fue recompensado por ” sus buenos oficios” con una diputación plurinominal, acaso por carecer de la necesaria implantación electoral para competir en las urnas y en pago por los favores recibidos por la mediocre y primitiva dirigencia local, por las gestiones que el hoy diputado realizaría en el Comité Ejecutivo Nacional del PAN para derrumbar la alianza con el PAS en el pasado proceso electoral, que hubiese dado al PAN y a ese partido regional y a Cuén Ojeda la gubernatura de Sinaloa.

Dividido y lastrado por la corrupción malovista, el PAN -y Roberto, también- busca reinventarse políticamente; sin embargo, el “mensajero” que han escogido para ello carece de autoridad política para liderar una renovación moral del blanquiazul, ya que nadie puede dar de lo que carece.

Cruz Castro es la muestra más acabada de la falta de liderazgos al interior del PAN local, cuya dirigencia actual, no tiene la más mínima capacidad política siquiera para construir un discurso que aliente a la desencantada membresía panista.

Este hecho innegable se vio reflejado en las elecciones para gobernador acontecidas el año pasado que hizo posible que muchos panistas migraran su voto al Partido Sinaloense, desplazando esta formación política al PAN como tercera fuerza partidista en Sinaloa.

El líder del PAS, Héctor Melesio Cuén Ojeda, hace política de conformidad con las fichas que tiene y eso es normalidad política. 234 mil votos obtuvo como candidato al gobierno de Sinaloa, lo que colocó al PAS (el partido regional más exitoso de México) como la segunda fuerza política local en tan solo 3 años de existencia jurídica, lo que proporción guardada, superaría la irrupción en el plano electoral de MORENA y sus indudables éxitos electorales.

Sin lugar a dudas el PAS encuentra en el hiperactivo Cuén Ojeda su dinamo político; el ex rector de la UAS es un hombre incansable en su trajín laboral, es difícil competir con un hombre que trabaja, al menos 18 horas al día, y que ha imbuido esa dinámica a su partido, es esa la razón del por qué el PAS se comió vivos al PAN y al PRD en los pasados comicios.

No puedo pasar por alto el trabajo anónimo que cientos de operadores y operadoras políticas realizan en las colonias populares y en las rancherías a lo largo y ancho de Sinaloa, muchos de ellos bajo la férula y dirección política de mujeres como la Doctora Sandra Reyes, incansable luchadora social de izquierda, no la de salón y escritorio, sino la que conmueve las almas con el trabajo de organización social y comunitario, como corresponde a la lógica de hombres y mujeres que militan en el PAS inscritas en las coordenadas de la social democracia, lo que contradice las versiones perversa de que el Partido Sinaloense es un partido de derechas.

El terror de la derecha sinaloense y en particular del PAN, es que el PAS continué su ascenso sistemático en las preferencias políticas ciudadanas y al no tener mayores argumentos políticos para ofrecer a la ciudadanía que se hartó de su corrupto pragmatismo, hoy reclaman (sin pruebas) del Partido Sinaloense, exactamente lo que ellos sí hicieron en el 2010: vender su alma política al mejor postor.

El panorama político para el PAS en 2018 se prefigura halagüeño, lo más probable es que duplique su presencia en el Congreso y en los ayuntamientos se triplique con al menos 7 alcaldías, fortaleciendo por sí mismo sus posibilidades de alcanzar el gobierno estatal en el 2021. El 2018 puede marcar un punto de inflexión política en México, donde por primera vez en la historia política contemporánea del país un partido esencialmente local se haga de una gubernatura, lo que sería magnífico para la democracia mexicana, dominada por el centralismo/ chilanguismo de la partidocracia nacional y un ejemplo digno de imitarse en otros estados.