Periodistas asesinados y el lucro con la Libertad de Expresión

La patria de Enrique González Martínez fue universal. Pero después de Jalisco, refugió su espíritu en Sinaloa. Su muerte la recordamos en voz del poeta venezolano, Eloy Blanco: El campesino, que lo quiso llorar, le dijo al obrero: No hay que llorar la muerte de un viajero; Hay que llorar la muerte de un camino.

Fue asesinada Miroslava Breach Velducea. Su memoria nos merece un profundo respeto. De hombre y de colegas, es la indignación por el crimen. Por eso, es de exigirse que el atentado no se tome como causa oportunista de quienes medran a costa de la Libertad de Expresión y del Derecho a la Información.

La corresponsal de La Jornada en Chihuahua se erigió en paradigma del oficio periodístico. Desde la elección de vocación y estilo -con la peligrosa investigación profesional como soporte-, se propuso transitar, muchas veces en solitario, el agreste campo de la solidaridad social y abrazó el clamor de Justicia.

Las balas que segaron la humanidad de Miroslava se suman a las toneladas de plomo acumuladas con deseos de asesinar por aquellos que pretenden obstruir el camino a la libertad en México y en el mundo. Esta es la gran cuestión.

La defensa de la libertad, en nuestro caso la Libertad de Expresión, no se hace exacerbando el instinto del miedo; ni siquiera cuando éste se disimula bajo el falso ropaje del coraje.

La defensa de la libertad, se hace tomando conciencia de lo que es el periodismo como servicio a la sociedad; no como trinchera para proteger bastardos intereses propios. Si son los de los negocios, aún peor. No se hace para encaminar proyectos políticos demostrando “músculo” en movilizaciones “independientes”.

La trayectoria de Miroslava se fundó en un evangelio cuyo fin es limpiar el periodismo de las excrecencias de la corrupción: La colega asesinada asumió como fuente de información los parajes más inhóspitos de la Sierra de Chihuahua y sus habitantes abandonados a su suerte; las sombrías calles de Juárez, donde han sido exterminadas cientos de mujeres, sin que la justicia llegue a sus familiares; las causas de las clases populares, fueron su causa.

Ella no se refugiaba en el confort de lujosos despachos con aire acondicionado y de los fraccionamientos residenciales. A pleno sol capturaba los temas de sus reportajes-denuncias. Habitaba una vivienda de interés social.

Para Miroslava, como para El Quijote, preferible era el camino que la posada ¿Quién dice que se sacrificó para descansar en paz?

Quienes convocan a tomar las calles para defender la Libertad de Expresión, ¿lo hacen poniendo por encima de todos sus intereses, el ideario de la periodista muerta?

Miró Miroslava la muerte de cientos, miles de compatriotas, mucho de los cuales están  confinados en el casillero de daños colaterales. ¿Lo hacen los que convocan a la manifestación? Lo dudamos.

El luto se expresa desde lo profundo de la Moral; no en el espectáculo mediático del exhibicionismo. Lo dijo en su oportunidad Kapushinski: De personas malas no se puede esperar buen periodismo. Miroslava era una persona buena. Su legado es el buen periodismo. Ese es camino, no el del show de ocasión.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.