La corrupción: el mal permanente

 

México tiene dos problemas de magnitud medible: la inseguridad por un lado sumó 21 mil muertes por homicidio en el 2016  y, por otro la corrupción, que se estima le cuesta al país 1.5 billones de pesos, equivalentes al 9% del PIB. Ambos son una desgracia, por donde se les vea, pues dejan una estela de dudas e incertidumbre que afectan a las actividades económicas y su desenvolvimiento.

La corrupción es, sin embargo, el dolor de cabeza principal, porque su permanencia explica todo lo demás. Pues ésta sería inexistente o sensiblemente menor si no contara con el cobijo de la impunidad. Es decir, con el cumplimiento cabal de las leyes.

La corrupción comenzó ya a dar muestras de presencia en Sinaloa, como ya lo alertaban desde antes distintas voces. Durante el sexenio de Mario López Valdez, que se vendió a la población como el régimen del cambio, hasta lo que arrojan ahora las cuentas hubo un manejo distorsionado de más de 13 mil millones de pesos, según información dada a conocer por el actual Secretario de Administración y Finanzas Carlos  Ortega Carricarte.

De esta suma, que incluso podría incrementarse, de acuerdo a la misma fuente, una friolera de 9 mil millones de pesos no cuentan con un respaldo seguro de pago, al carecer de fuente de pago, mientras los 4 mil restantes están sujetos a las observaciones y revisiones de la Auditoria Superior del Estado. En palabras claras, de la suma dada a conocer, el 70% está envuelto por la sombra de la duda, mientras el 30% por ciento restante podrá solventarse con la adecuada comprobación de la documentación correspondiente. Nada mal, podrá decirse, para quien llegó con la bandera de la honestidad y con promesas de que ahora si vendrían tiempos mejores para el estado, a tal grado que llegó a declararse a voz en cuello, que la ciudadanía estaba por atestiguar la existencia del “mejor gobernador de la historia de Sinaloa”.

Por si quedara alguna duda de la opacidad con que fueron manejados los recursos públicos en el sexenio anterior, la  misma quedó despejada con la declaración a la prensa de quien fue responsable de la Unidad de Transparencia y Rendición de Cuentas,  Juan Pablo Yamuni Robles, quien enfáticamente asentó que el titular del ejecutivo sabía de la existencia de este fenómeno. (http://www.noroeste.com.mx/publicaciones/view/malova-sabia-de-la-corrupcion-juan-pablo-yamuni-entrevista-completa-1071509)

El problema de la corrupción no es para nada desconocido. La Auditoría Superior de la Federación, en voz de su titular  Juan M. Portal, detectó un presunto mal manejo de recursos públicos en 2015, por un monto de 161,000 millones de pesos. De los cuales 100,000 millones corresponderían a Estados y Municipios. (http://www.asf.gob.mx/Trans/Informes/IR2015i/Documentos/InformeGeneral/ig2015.pdf)

Vale la pena preguntar, sin embargo, si la existencia de esta situación a nivel nacional, debe servirnos de consuelo para conformarnos y no llamar la atención sobre el tema, acerca de lo ocurrido en el gobierno anterior y la respuesta es un rotundo no. Porque todos somos testigos del impacto generalizado de un mal gobierno. En salud, por ejemplo, existen ahora faltantes hasta en medicinas; en educación no existen recursos para la entrega de becas; y en infraestructura no existen proyectos importantes que dejen huella de beneficios entre la población. Y todo es producto de la corrupción, el permanente mal que una vez más ha dejado pruebas de su existencia.