El PRI en su propia salsa

 

Crímenes de Estado y otras andanzas revolucionarias

No por accidente, escribimos estas notas el 6 marzo. Si se nos permite la licencia, en este tema incluimos por orden de jerarquía los nombres de algunos protagonistas de la Historia mexicana, y específicamente la del partido que fue de la Revolución.

Obviamente, el marco de esta entrega, es el 88 aniversario de la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR), abuelo en línea directa del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

“Amistad contratada” Calles-Obregón

De manera sumaria, citaremos a Plutarco Elías Calles, hombre de luces y sombras, por su papel fundacional del PNR-PRM-PRI. El sonorense sostuvo lo que podría denominarse una “amistad contratada”, en función de intereses políticos, con su paisano Álvaro Obregón.

Una década antes de fundarse el PNR, Calles y Obregón conspiraron para desembarazarse de Venustiano Carranza, el gobernador de Coahuila continuador de la revolución maderista, que en 1913 organizó el Ejército Constitucionalista contra el cuartelazo de Victoriano Huerta.

Asesinado Carranza en 1920, meses después Calles surgió como candidato a la Presidencia de México, para la sucesión de Obregón. Su único opositor, el general sinaloense Ángel Flores, fue envenenado.

Durante el mandato de Calles, fue suprimido de la Constitución el principio de No Reelección para favorecer la vuelta al poder de Obregón, reputado entonces como el verdadero caudillo de la Revolución.

El principal oponente de Obregón, el general sinaloense Francisco R. Serrano, con su equipo de campaña, fueron masacrados en Huitzilac, Morelos en octubre de 1927. Obregón, ya reelecto, fue asesinado a su vez en julio de 1928.

En los registros de aquel momento, se inscribe la conseja popular con la siguiente composición acusatoria. A quienes hacían la insinuación sobre los responsables intelectuales del crimen contra Álvaro Obregón, se les atajaba: Cálles-e; Pórtes-e, bien. Calles era el Presidente; Emilio Portes Gil, secretario de Gobernación.

Del caudillismo al Maximato

El asesinato de Obregón inspiró la convocatoria a la fundación del PNR bajo la premisa y promesa callista: No más gobierno de caudillos. Gobierno de instituciones y de leyes.

El propio Calles burló su compromiso, haciéndose proclamar, después de terminada su gestión, Jefe máximo de la Revolución. Fue el general Lázaro Cárdenas (1934-1940), quien fracturó el Maximato, expulsando del país al ex Presidente, detractor de las políticas del Divisionario de Jiquilpan.

Existen hipótesis de que, desde el exilio, Calles sonsacó el levantamiento armado del general Saturnino Cedillo contra Cárdenas después de la Expropiación Petrolera en 1938.

En todo caso, el investigador y politólogo Diego Velázquez Caballero sostiene que Calles estuvo detrás de la fundación en 1939 del Partido Acción Nacional (PAN).

Su teoría tiene un alto grado de verosimilitud: El convocante y fundador del PAN, Manuel Gómez Morín,  había sido cercano colaborador del sonorense, quien durante su gobierno le confió la fundación del Banco de México y otras tareas de política hacendaria.

Como sea, Cárdenas cerró el ciclo del PNR al fundar el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), con el que abanderó la candidatura del general Manuel Ávila Camacho, quien a su vez dio curso a la nueva fase del partido, al convertirlo en 1946 en Partido Revolucionario Institucional (PRI), que viró hacia la presidencia civilista, cuyo primer titular fue el abogado Miguel Alemán Valdés.

La imposible reconciliación de la Familia revolucionaria

Desde entonces, el incipiente priismo estuvo fragmentado en dos vertientes: La callista y la cardenista. Calles murió un 19 de octubre. Cárdenas murió el mismo día, pero de 1970. Entonces Presidente electo, Luis Echeverría quiso reconciliar a la familia revolucionaria, auspiciando el depósito de los restos de El gran expropiador en el Monumento a la Revolución, donde yacían los de Calles.

Los rescoldos de la vieja pugna, en cuyo centro de gravedad estuvo la tipificación del cardenismo como Populismo, fueron removidos en la campaña presidencial de 1988, al aparecer como candidato el ex priista Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, vis a vis contra el tecnócrata priista Carlos Salinas de Gortari.

La medalla Calles a Beltrones Rivera

Cortamos la narrativa para referirnos a un gesto en la agenda conmemorativa del 88 aniversario del PRI, el pasado 4 de marzo: Enrique Peña Nieto distinguió al sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera, con la medalla Plutarco Elías Calles.

La Comisión de Justicia Partidaria del CEN del PRI, órgano que asigna esa medalla, dice que la otorga al militante acreditado por sus méritos revolucionarios, su defensa de los principios ideológicos de la Revolución y la promoción de la Justicia Social.

Es el caso que, desde que Beltrones Rivera fungió hace una década como pastor del Senado, en la gestión de la Reforma del Estado, alineado en el modelo neoliberal, ha declarado que las causas de la Revolución y los principios establecidos por la Constitución mexicana, son mitos obsoletos que no sirven ya a un Proyecto Nacional.

Por las manos del sonorense pasó la primera Reforma Energética propuesta por el presidente panista Felipe Calderón.

Desde el Senado, Beltrones Rivera operó para lograr la candidatura presidencial tricolor en 2012. No la logró. En 2015 fue designado presidente del PRI para un periodo que terminaría en 2019. Fue defenestrado violentamente por Peña Nieto después de que en 2016 el PRI fue dejado para el arrastre.

¿Cuáles son los méritos “revolucionarios”, pues, de Beltrones Rivera, para ser receptor de la medalla Plutarco Elías Calles?

De “partido de masas” a mera nomenclatura

El pasado 4 de marzo, el viejo “partido de masas”, se exhibió como un partido de cuadros burocráticos. Apenas le alcanzó para llenar el auditorio cerrado que lleva precisamente el nombre de Plutarco Elías Calles.

Ahí, frente al politburó, el mexiquense hizo este diagnóstico: Hoy nuevamente, hay riesgos de retroceso. Al igual que hace seis años, están resurgiendo las amenazas que representan la parálisis de la derecha o el salto al vacío de la izquierda demagógica…

El alter ego Peña Nieto, el economista filósofo Enrique Ochoa Reza, le puso nombres a los destinatarios de la arenga del mexiquense.

Denunció Ochoa Reza, viendo la paja en el ojo ajeno: Las coaliciones grotescas entre PRD y PAN, están en estado de descomposición. Enfrentamos a un PAN blando y rancio. En el PRD, enfrentamos a un sol que no alumbra ni a la esquina. Y el mesías de la mentira en Morena, que es el mismo demagogo y mentiroso de siempre…

Dijimos, de entrada, que procesamos estas notas el 6 de marzo. Y subrayamos una frase de Peña Nieto: La del  salto al vacío.

Colosio, contra la Presidencia Imperial

En las crónicas del aquelarre tricolor sabatino, se pierde convenientemente el dato de que el 6 de marzo de 1994, en conmemoración diferida del LXV aniversario de la fundación del PRI, el orador único fue el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio.

Algunos colosistas nostálgicos apenas recuerdan que el sonorense resumió su campaña en esta frase: ¡Veo un México con hambre y sed de justicia!

Pero dijo algo más el candidato. Dijo en aquella ocasión, que “México no quiere saltos al vacío.

Antes había acusado Colosio que, cuando el gobierno ha pretendido concentrar las iniciativas políticas, ha debilitado al PRI.

Advirtió también el candidato contra la excesiva concentración del poder y -al plantear “un cambio con responsabilidad”- aseguró que la reforma del poder significa un presidencialismo ajustado específicamente a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático…

La anterior fue una piedra al tejado de la presidencia imperial, en aquel momento ejercida por Carlos Salinas de Gortari.

La misma receta contra Ruiz Massieu

Poco más de dos semanas después, Colosio fue asesinado el 23 de marzo de 1994. Seis meses después, el 28 de septiembre, corrió la misma suerte el ex secretario general del PRI y flamante coordinador de la bancada del PRI ante LVI Legislatura federal, José Francisco Ruiz Massieu. Se le anunciaba como potencial candidato presidencial al 2000.

La semana pasada, en las pantallas de televisión metropolitanas, observamos dos imágenes contrastantes: La de un indignado Luis Donaldo Colosio Riojas, recordando a su padre y, entristecido, la sonrisa de mi madre.

La contraposición, fue a estampa exultante de la nueva secretaria general del PRI, Claudia Ruiz Massieu, hija de José Francisco, hace apenas hace meses cesada en la Secretaría de Relaciones Exteriores y resucitada en el directorio tricolor.

Lo que nos remite, en el primer caso, a la sospechosa intromisión del entonces gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones Rivera, en los primeros episodios de la indagatoria -en Tijuana- de la ejecución de Luis Donaldo Colosio, en la que uno de los fiscales especiales, Miguel Montes García, abrió una línea de investigación orientada a la probabilidad de un complot.

En los expedientes referidos a la causa, hay varias declaraciones del general Domiro García Reyes, responsable de la seguridad del candidato presidencial. Señala sobre el trágico desenlace en  Lomas Taurinas, las dificultades que las gentes del PRI provocaban en la logística.

Menciona el militar por su nombre al oaxaqueño José Murat Casab. Peña Nieto acaba de nombrar a éste, presidente… de la Fundación Luis Donaldo Colosio. Los símbolos transparentes.

La consigna que no cumplió Colosio

En este ejercicio memorioso, vale la pena recuperar un dato que el amigo de Colosio, Federico Arreola, incluye en su testimonio Así fue.

El apartado 14 de ese testimonio tiene ésta cabeza en voz del candidato presidencial “Quiero que me ayuden a diseñar lo que Salinas y (Jospeh Marie) Córdoba me pidieron: Un grupo político capaz de destruir al cardenismo”.

Eran los resabios de la campaña del 88 y la obsesión contra el Populismo. Cuauhtémoc Cárdenas aparecía en segunda vuelta en 1994. El pedido de Salinas y Córdoba era “seguir golpeando a los cardenistas”. Colosio se resistía a esa exigencia.

Desclasifican en EU información comprometedora

Una página preliminar de próxima  entrega: En Tamaulipas se especula que Manuel Muñoz Rocha ha reaparecido en ese estado. Muñoz Rocha fue diputado a la LV Legislatura federal, a la que pidió licencia por fax días después del asesinato de Ruiz Massieu, de la que se le imputó la autoría intelectual.

Aunque aquí se le dio por muerto, Muñoz Rocha había sido visto en algunas ciudades de Texas. Hay versiones de que la Procuraduría General de la República solicitó entonces su extradición a la Secretaría de Relaciones Exteriores. Por supuesto, no se le dio curso al trámite.

Sobre el 1994 mexicano, el Departamento de Estado del gobierno estadunidense ha desclasificado información relacionada con las muertes de Colosio y Ruiz Massieu.

Podemos adelantar que una investigación privada en vías de convertirse en propuesta editorial concluye que ambos crímenes estarían vinculados. Esperaremos los contenidos del libro.

Días de luto y de voto del miedo los de 1994, ahora son de desenfrenada euforia tricolor: Los oráculos del PRI anuncian que ganarán todas las elecciones de 2017 y, obviamente, la presidencial de 2018. ¿Sin reparar en métodos? Está por verse. Es cuanto.