El PAN, partido de la traición

Temen malovistas de ayer y hoy, pagar los costos políticos del saqueo del gobierno

En alguna época los ingleses sostenían: “Aquí todos somos iguales, pero habemos unos más iguales que otros”. En Sinaloa los dirigentes y actores del Partido Acción Nacional que empujaron la candidatura de Mario López Valdez en el 2010 -(PAN-PRD-PT-Convergencia) – no han podido romper los cordones umbilicales, de sus pares, que los unen incluso a un segmento del Partido Revolucionario Institucional.
A manera de “distractor”, porque el mundo político se les viene encima, varios adoradores de Malova, impulsores de su candidatura, pretenden engañar al respetable y, ora desde la tribuna del Congreso Estatal, ora de los medios de comunicación tradicionales, “alineados” a la causa malovista, cacarean su “independencia”, autoelevándose en justicieros, demócratas, transparentes, reformistas y otras “yerbas demagógicas” con las que intentan hipnotizar a la sociedad.

Se mueven aprisa. Con gritos destemplados: el terror los atrapa. Es hora de que los responsables de los desastres del gobierno de Mario López Valdez paguen sus facturas. Están en puerta las elecciones del 2018 y el electorado está presto a cobrar en las urnas el descarado saqueo de Sinaloa. La quiebra de la entidad.

Una pregunta desgarra a los falsos demócratas blanquiazules ¿Se atreverá el Comité Ejecutivo Nacional del PAN a depositar en el 2018 candidaturas a puestos de elección popular en los personajes que en el 2010 impulsaron el proyecto de Malova y lucraron, unos como alcaldes y otros como miembros de su gabinete, de los presupuestos municipales y del gobierno del Estado?

Para entender al PAN y sus maquinaciones vayamos a fondo:

A modo de la sociedad de castas, en su hora fundacional el Partido Acción Nacional creó tres reservaciones: 1) para los dueños de la patente; banqueros, abogados y algunos ministros de la Iglesia católica; 2) para  la burocracia operativa encargada de la talacha, y 3) para el infelizaje. El populacho.

Sólo en las misas, el derecho de admisión era libre. Pero tampoco aquí todos eran iguales.

Los banqueros despachaban, por ejemplo, en el Banco de Londres y México. Los abogados ejercían con éxito el tráfico de influencia en instancias judiciales, sobre todo en la ciudad de México.

La burocracia robaba tiempo a sus jornadas de trabajo ordinario para dedicar horas extras al servicio del partido; sin remuneración.

Los de la burocracia panista se sentían gratificados si uno de los patronos del partido aceptaba ser padrino de bautizo o primera comunión de sus críos. Luego éstos recibían, para vestir y calzar, los gallitos de los hijos de los patronos que “iban creciendo”.

En esa burocracia sirvió don Luis Calderón Vega, padre de los ahora célebres Felipe y Luisa María Calderón Hinojosa. Cuando Carlos Castillo Peraza tuvo a cargo la dirección ejecutiva de la Unión Social de Empresarios Mexicanos (USEM) actuó como una especie de Mecenas de don Luis, a quien cariñosamente le llamaba Joven abuelo.

Capítulo aparte merece el infelizaje. Partido de cuadros, el PAN, requería en temporadas electorales del “voto duro”. En el pobrerío tenía su fuente tributaria. El clero enganchaba a los pobres con el cuento de que los panistas habrían de estar tocados por la gracia Divina ¡cruel embuste!

Ese infelizaje lo constituían mayoritariamente los más humildes de los sobrevivientes cristeros, que fueron reclutados por los fundadores de la Unión Nacional Sinarquista (UNS). Su más eficaz promotor fue Salvador Abascal Infante, padre Carlos María, que en el sexenio de Fox ocuparía las secretarías de Trabajo y Gobernación.

A los militantes de la UNS, por su vocación de sacrificio se les nombró “milicias del espíritu”.

Salvador Abascal Infante era un gran organizador; pero, además, un gran orador. Decía: “Lo lamentable, hermanos, lo triste sería que no perdiéramos ninguna vida… En el sinarquismo se habla, se discute; pero, sobre todo, ¡se muere!”.

No eran  palabras. Poco más de seis años después de fundado el PAN, el 2 de enero  se convocó a la raza a un mitin político en León, Guanajuato, donde se había fundado la UNS. La provocación a elementos del ejército terminó, según boletín  de la propia Unión, con un saldo de 100 muertos; más los heridos. La sede del mitin se llamaba Plaza de la Constitución; ahora se conoce como Plaza de los Mártires.

Los propietarios del PAN ponían las incendiarias proclamas; los sinarquistas los muertos.

Desde la época en que los dirigentes del PAN denominaban a su formación “el partido de la gente decente”, por ahí, en Culiacán aparecía como activista el periodista Esteban Zamora Camacho (después fundador del Noroeste). Todavía vive. Hace unos días se le vio retratado en la Ciudad de México acariciado por la señora Margarita Zavala Gómez del Campo de Calderón Hinojosa.

El partido de cuadros azules siguió durante tres décadas su línea doctrinaria fundacional, como postulante del humanismo político. Pero causó baja, por la acción de leyes biológicas, la generación fundacional.

Para los años setenta, el panismo se quitó la careta: Efraín González Morfín -hijo de don Efraín González Luna, compañero de  Manuel Gómez Morín en “la brega de eternidad”- y don Manuel González Hinojosa, denunciaron la penetración del PAN por los capitanes del Grupo Monterrey; pero los de la línea fascista.

A causa de esa pugna por el control del PAN, el partido se quedó sin candidato presidencial en las elecciones de 1976. Para principios de la década de los 80, los fascistas cortaron oreja y rabo. Sobre el cadáver del “partido de la gente decente”, fertilizó el neopanismo.

La Operación Cesárea se puede narrar así: A principios de 1982, en Ciudad Juárez tuvo su cónclave un grupo de acaudalados empresarios norteños. En la agenda hubo un solo punto opcional: Se funda el Partido de los Empresarios Mexicanos (PEM) o se termina la obra de infiltración del PAN. Se votó por la adquisición de esta franquicia.

¡Ojo! En la encerrona de Juárez ya participaron  sin antifaz los hombres de negocios sinaloenses encabezados por el ingeniero Manuel de Jesús Clouthier del Rincón y Emilio Goicoechea Luna.

Los nombres de dichos empresarios habían  aparecido en 1976, en la minuta de la abortada Conspiración de Chipinque, de la que fue anfitrión el Grupo Monterrey, y en la que se diseñaba el derrocamiento de Luis Echeverría.

El neopanismo fue una marca registrada por el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Confederación  Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco),  por cuyos liderazgos nacionales transitaron Clouthier del Rincón y Goicoechea Luna.

Ambos personajes emplearon las siglas del PAN, pretendiendo alzarse con la gubernatura de Sinaloa; el más robusto y bragado, con la Presidencia de México. Fracasaron.

Como sea, el neopanismo tuvo una nueva metamorfosis: Los bárbaros del norte. (En esta evolución se disolvió el clouthierismo). A ese tren se encaramó Vicente Fox Quesada. Estaba a la vera de la vía, refugiado en el Movimiento de Deudores El Barzón, perseguido por acreedores bancarios después de la quiebra de sus proyectos empresariales intentados después de causar baja en la trasnacional Coca Cola.

Fox fue financiado para su primera campaña a la diputación federal por los miembros de la secta ultrasecreta El Yunque, de corte cristero. El coordinador financiero, fue Elías Villegas, quien también llegó a la LIV Legislatura federal. Fue la misma fuente de financiamiento que  hizo a Fox llegar a la gubernatura de Guanajuato.

A partir del 2006 la franquicia del PAN pudo prescindir del infelizaje para acreditar base social y electoral. Ese año entró un poderoso suplente: El algoritmo. Esta criatura sabe contar votos hasta con tres meses de anticipación. Y aléguenle al ampáyer.

Pero en Sinaloa, en el 2010, la oportunidad de “gobernar” del PAN, la encontraron en un priista desertor, según ellos. En un personaje vinculado a las esferas del poder que le disputó a Jesús Aguilar Padilla la decisión de dejar heredero en Palacio de Gobierno.

En la figura populachera del ex alcalde de Ahome, Mario López Valdez, salido de las filas del infelizaje (fue bolero en su niñez), pero convertido en próspero empresario ferretero, el PAN localizó la vertiente para tomar por asalto el Poder Estatal. En el impulso con olor a conjura contra el PRI, de la candidatura de Malova participaron los más conspicuos panistas, perredistas y aliados de otros partidos “átomos”.

Con gritos destemplados contra los corruptos del PRI, los narcopolíticos, evasores fiscales, y la incursión del Poder Fáctico en las elecciones, Malova llegó al gobierno estatal, al gobierno del cambio, sí, un cambio que al final resultó “de reversa”, y que sumió en la bancarrota financiera la administración pública estatal y de la algunos ayuntamientos.

Ahí están los impulsores de la candidatura de Malova.

Ahí están los usufructuarios de la victoria del 2010 del PAN-PRD-PT-Convergencia.

Ahí están quienes fueron alcaldes, diputados locales, y que aun lo son; algunos cuantos que recibieron apoyo para llegar a esos cargos; ahi están quienes saquearon las finanzas en secretarías, subsecretarías y departamentos del gobierno del estado, unos prendidos del PRI y otros más del PAN y otros del PRD.

Los del blanquiazul son los más furibundos. Quienes más gritos calenturientos lanzan intentando generan confusión; pretendiendo que la sociedad los desligue en la ruta del 2018 de Mario López Valdez, el peor gobernador en la historia de Sinaloa.

Nada más que enfrentan un problema: nadie les cree….Ni siguiera la Iglesia Católica: porque los dirigentes y actores del PAN fueron omisos ante la embestida de Mario López Valdez contra el Obispo de la Diócesis de Culiacán, Benjamín Jiménez, uno de los hombres lúcidos que vio en Malova la encarnación del vivo demonio arropado de azul.

Con Malova y un segmento del PRI y otro del PRD, entonces, queda claro,  gobernó el PAN; rigió Sinaloa con un gobernante que insultó a la propia Iglesia propiciando la expulsión de la entidad hasta de un Obispo.

En el blanquiazul, pues,  todos son iguales, pero hay unos más iguales que otros.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.