El auditor real vs el auditor ideal

Está por definirse el nombramiento del auditor por parte de los diputados del Congreso, luego de un tardado proceso de depuración que ha dejado en la recta final a tres postulantes. Cada uno de los cuales, se supone, cuenta con las cualidades que requiere responsabilidad tan delicada; es decir, sí ya llegaron hasta esta etapa es porque el perfil de estos tres profesionistas reúne todos, o la mayoría de los elementos que se necesitan para desempeñar un puesto que se encargará, ni más ni menos, de revisar el uso adecuado de los recursos públicos.
El contexto en el que esta decisión será tomada no deja de ser exigente, pues la suspensión de las cuentas públicas, correspondientes al primer semestre del 2016 del gobierno anterior, imprime un peso especial al voto que emitirán los diputados. Tal vez no debiera ser así, pero al futuro(a) auditor o auditora, le tocará desentrañar las sospechas que pesan sobre el manejo de los dineros públicos del sexenio pasado, no solo lo correspondiente al año 2016, sino por la gravedad de las sospechas, literalmente de todo el ejercicio que comenzó, tan solo para recordarlo, con una compra de patrullas, sin mediar licitación, a un empresario de Los Mochis, muy ligado al gobernador que entregó la estafeta el 31 de diciembre.
En la designación que habrá de hacer el congreso, por mayoría calificada, no se puede ser iluso y si, realista por obligación. Se trata de designar, ya se ha dicho y escrito muchas veces, al más competente de los expertos en finanzas y auditoría, que se aproxime a un modelo en que se distingan honradez, responsabilidad, capacidad y conocimiento; si conjunta estas cualidades se podrá afirmar que la transparencia y la rendición de cuentas estarán garantizadas; en cambio, suena a quimera demandar en cada uno de los aspirantes, una pureza que apenas podrían tener los arcángeles del espacio celestial.
Exigir, por ejemplo, carencia de nexos con grupos y personas notables es un contrasentido, que incluso se opone a una práctica sana de buscar respaldos entre agrupaciones profesionales que puedan avalar la trayectoria de los postulantes. Por eso las características al modelo de auditor(a) aludidas. En el extremo de la exageración mueve a risa incluso, la propuesta de vetar a quien tenga nexos con políticos encumbrados, empresarios destacados y partidos políticos.
Si se dejan de lado estas fantasías, impropias de un mundo complejamente interrelacionado como el nuestro, y los diputados se concentran en las cualidades apuntadas, sin distraerse en el lado demasiado humano, para utilizar una terminología nietzchiana, el auditor(a) contará con los méritos y atributos exigidos para estar al frente de la Auditoría Superior del Estado (ASE). Se dice fácil, pero la persona que reúna las características enlistadas estará en la ruta correcta para evitar impunidad en la comisión de ilícitos como el peculado y el desvió de fondos producto de nuestros impuestos y, por lo tanto, sagrados. Por eso será importante la revisión de las cuentas públicas del sexenio pasado. De no suceder así, seguirá imperando en la sociedad una sensación de orfandad y hartazgo que a nadie conviene que exista. Un buen paso para evitarlo será el nombramiento de un(a) auditor(a) con calidad moral. Si nos movemos en este derrotero, como sociedad estaremos del otro lado. Por eso, bienvenida sea una dosis de realismo práctico para nombrarlo, y no un idealismo utópico que solo conduce a una crítica sin fundamentos.