Castillo de la pureza en que habita la democracia mexicana

El seguimiento de imágenes en la programación metropolitana en las pantallas de televisión del 19 al 25 de febrero, nos permite un ensamblado en el que predominan figuras prominentes de la derecha política mexicana. No incluimos el incesante bombardeo gráfico en las redes sociales ni el huracán de spots.

Sin intentar una discrecional jerarquización de esos activos personajes televisivos, por orden de aparición citamos al ex panista y ex presidente de la Republica, Vicente Fox; al ex presidente panista de la Republica, Felipe Calderón; al ex candidato presidencial del PAN (1994) Diego Fernández de Cevallos y al actual jefe nacional azul, Ricardo Anaya.

De las emisiones televisivas de la semana, con cierre en las pantallas el pasado sábado, rescatamos las imágenes de la ex candidata panista presidencial 2012, designada ya por el PAN candidata a la gubernatura del Estado de México,  Josefina Vázquez Mota, y de la aspirante a la candidatura panista a la sucesión presidencial de 2018, la esposa de Felipe Calderón, Margarita Zavala Gómez del Campo.

Vázquez Mota dispuso de toda una media hora en una barra sabatina de tercera división; cuando terminó esa cómoda entrevista a la candidata mexiquense, en otro canal (que presentó días antes la primicia del destape de Josefina) apareció Zavala Gómez del Campo, declarando que es la única capaz “de vencer a Andrés Manuel López Obrador en 2018”. Por mera deducción, se da por hecho que al tabasqueño se le considera de nuevo el enemigo a vencer.

Alianza estratégica recalentada

Debe ser así, porque, como viene ocurriendo desde hace varias semanas, la pasada aparecieron casi simultáneamente en las pantallas el jefe nacional del PAN, Ricardo Anaya, y el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, acusando de corrupto a López Obrador por imputaciones hechas en su contra por el gobernador panista de Veracruz, el neopanista Miguel Ángel Yunes Linares.

Ese acaramelamiento bipartidista nos plantea la sospecha sobre si no estará entrando a una segunda fase la Alianza estratégica que el jefe nacional del PAN, Luis H. Álvarez pactó con el usurpador Carlos Salinas de Gortari en 1988, después de los calambres que les metió el entonces candidato presidencial del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Antes del sainete veracruzano, Ochoa Reza había retado a López Obrador a un debate público. El libreto del discurso contra el presidente de Morena tiene en la carátula, invariablemente, el recordatorio al tabasqueño que alguna propuso “mandar al diablo a las instituciones” mexicanas.

Desde la campaña electoral de Donald Trump, en los medios mexicanos se le caracterizó como el Hitler estadunidense e invariablemente se asocia a su estilo y tipo de discurso a López Obrador.

El mole se aceda con el mismo ajonjolí

Estamos pues, en la ruta de 2018. Lo sobresaliente de la recapitulación de la semana pasada, es el predominio de las tendencias político-ideológicas arriba consignadas en la programación televisiva.

Con independencia de sus tiempos fijos como “líderes de opinión”,  a los personajes listados se les invita incesantemente opinar a cualquier hora y sobre cualquier cosa; de preferencia sobre todo tópico político-electoral, a sabiendas de que su choro será el mismo de la hora anterior, del día anterior,  de la semana anterior y de la década anterior.

Estamos, repetimos, en los tóxicos entremeses de la sucesión de 2018. Vamos a ensayar un cuadro escénico sobre “los recuerdos del porvenir”.

Aquella Triple Alianza en torno al PAN

Como ahora Trump respecto de la del 18, en la perspectiva de la elección presidencial mexicana de 1982 ocupaba la Casa Blanca el republicano Ronald Reagan. Desde entonces, dentro del Programa Democracia, la FundaciónHeritage aconsejó a Reagan favorecer financieramente al PAN. El embajador estadunidense John Gavin vino a México como operador designado.

Ya para 1984, por primera vez en su historia como oposición real en México, el PAN acreditó en Dallas, Texas,  delegados a la convención del Partido Republicano para votar un segundo mandato de Reagan.

Al año siguiente, el PAN aceitaba las baterías en la pugna por las gubernaturas en Chihuahua, Nuevo León, Sonora, Sinaloa, etcétera. Abortó en 1985 la Triple Alianza empresariado-clero político-Embajada EU en torno al partido azul.

Para 1988, el PAN presentó como candidato presidencial precisamente contra el priista Salinas de Gortari, al ex presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Manuel de Jesús Clouthier del Rincón.

De la mano de Gavin, Clouthier había visitado en 1983 varios estados de la Unión Americana para denunciar que el año anterior al PAN le habían robado la elección presidencial. En 1985 el empresario agroindustrial contendió por la gubernatura de Sinaloa.

En 1988, después de los sorpresivos resultados del 6 de julio, el comité nacional del PAN desautorizó los planes de su candidato presidencial de emprender una cruzada de resistencia civil para denunciar el fraude electoral. La traición culminó en diciembre, en Los Pinos, al día siguiente de la toma de posesión del usurpador, con la firma de la Alianza estratégica.

El gabinete de sombra de Clouthier

A ese pacto pinolero acudieron representando al PAN, entre otros, Diego Fernández de Cevallos y Carlos Castillo Peraza en el mismo vehículo en el que llegó Luis H. Álvarez.

Pese a ello, en febrero de 1989, Clouthier del Rincón anunció la formación de su gabinete de sombra. Aceptaron ser parte de ese gabinete alternativo los citados Fernández de Cevallos y Castillo Peraza; y Vicente Fox. También, dicho sea de paso, Luis Felipe Bravo Mena.

Ocho meses después, el ex candidato presidencial falleció en un conveniente carreterazo en la ruta Culiacán-Mazatlán. Los del gabinete de sombra prefirieron permanecer en la oscuridad. Al menos una temporada.

Desde aquel año, Vicente Fox ya andaba pensando en el gobierno de Guanajuato. Perdió, pero Salinas de Gortari obligó al priista triunfador, Ramón Aguirre Velázquez, a pedir licencia. Se entregó la gubernatura a Carlos Medina Plasencia, ex alcalde panista de León.

En 1994, otro del gabinete de sombra, Fernández de Cevallos se alzó con la candidatura presidencial del PAN. Después de haber hecho trizas a sus contendientes en un debate público, Ernesto Zedillo Ponce de León y Cuauhtémoc Cárdenas, el queretano emprendió la graciosa huida, dejándole alfombra roja al priista.

Fox porfió por la gubernatura guanajuatense al concluir el sexenio el espurio Medina Plascencia. Se la dieron. El siguiente paso sería Los Pinos, para cuyo efecto sirvió la reforma al artículo 82 constitucional del que se suprimió el impedimento a hijos de extranjeros a ocupar la presidencia.

Los operadores foxianos y su producto

En estricto rigor el PAN, ya bajo la dirección de Castillo Peraza, no comulgaba con las pretensiones del guanajuatense. No obstó. De la operación en favor de Fox se encargó, básicamente, el Grupo San Ángel y su figura más sobresaliente y activa: Jorge G. Castañeda, quien por aquella temporada andaba más cercano a Cárdenas Solórzano, ya derrotado, sin embargo, en sus dos primeras tentativas presidenciales.

Uno de los agentes determinantes en las campañas electorales de Fox fue su amigo y financiero Lino Korrodi. El tamaulipeco reconoce abiertamente a Castañeda todo el entramado por el que corrió la aventura de Fox en el mundo intelectual y mediático.

Castañeda a su vez, en la presentación de un libro de Korrodi (Me la jugué/ El verdadero amigo de Fox), dice que “sin el dinero que Lino juntó, sin su talento para convencer a los empresarios del país a apostarle a una opción remota como Fox, no hubiera habido campaña de Fox, no hubiera habido candidatura de Fox y no hubiera habido triunfo de Fox”. Con eso está dicho todo.

Lino Korrodi de su lado, en el texto citado, habla de Fox como nuestro productoy escribe que, además de empezar a “venderle el proyecto a los empresarios”, dicho trabajo supuso otro, el de establecer una estructura regional similar a la de Coca Cola. (Cuyos concesionarios le entraron con su cuerno a las finanzas de la campaña).

El eje de esta historia, obra también de Lino Korrodi, es la asociación Amigos de Fox que, con el Pemexgate priista, en 2000 nos dieron las señales del castillo de la pureza en el que habita la democracia mexicana. Hasta la fecha. Pero nos da material para continuar el tema. Es cuanto.