A Quirino se le agota el tiempo para actuar con la justicia en la mano

Teníamos razón: Cuén era el hombre indicado para Sinaloa en 2016

Quirino Ordaz Coppel agota la paciencia de los sinaloenses.
Se acabó el tiempo del discurso demagógico insulso, lo mismo que de las promesas sin conexión con la certidumbre y la realidad, así como termina la poca credibilidad popular en que combatirá y castigará la corrupción.
El solitario del tercer piso malbarató la confianza de la sociedad al dar largas a las acciones, al golpe de timón, que demuestren con hechos la decisión de un ejecutivo dispuesto a poner orden y a limpiar la casa.
El gobernador apuesta a la carta de los comodinos: que la gente se olvide pronto de los problemas que dejó la administración anterior, la peor calificada por la opinión pública de décadas a la fecha.
Sin atacar la inseguridad y la corrupción y llamar a cuentas a los responsables de la pasada administración, Quirino Ordaz habrá echado al despeñadero su menguada credibilidad.
Por si eso no fuera bastante, estará dando la razón a las críticas que surgieron en enero de 2016, de que era un candidato priista impuesto desde Los Pinos con un solo propósito: impulsar negocios de su clan económico, el que pidió la plaza de Sinaloa a Enrique Peña Nieto.
Y confirmará la percepción de la ciudadanía, que no se equivocó al medir lo poco que podía esperar del hotelero. Por ello debió movilizarse la cargada y la maquinaria oficial priista, federal, estatal y municipal, más la complicidad de los árbitros electorales, para consumar la elección de estado.
Quirino se resiste a tomar con firmeza el timón, a pesar de que se acumulan las pruebas de donde está la corrupción que tanto daño hizo a Sinaloa y de qué hacer para recuperar las calles y los caminos donde se burla toda acción de militares y policías.
Si la violencia es un mensaje que pretende inhibir la acción del gobierno, debe demostrarse lo que tantas veces dicen los voceros oficiales, de que este es un gobierno decidido.
Pero decidido ¿a qué? ¿A transar con el pasado? ¿A no proceder para que no saquen sus trapos al mismo sol? ¿A cargar con pactos con la alta, media y baja delincuencia?
Está visto que el hotelero mazatleco no era el hombre que necesitaba Sinaloa en estos momentos críticos.
El PRI y el gobierno federal lo sabían, por eso lo arroparon para vestirlo con talla de ejecutivo que no es la suya porque le queda grande.
Ahora crece la opción a la que tanto temieron los aliados políticos alrededor del PRI, Héctor Melesio Cuén Ojeda, la única amenaza cierta para los corruptos y los grupos que se apoderaron del estado para saquearlo.
En su actual postura, Quirino ya no puede engañarse:
Sin justicia para los corruptos, sin golpe de autoridad que requiere con urgencia el estado, no se legitimará jamás, aunque traiga todo el presupuesto federal para obras. Vivirá cuatro años y medio más en el cargo -si no lo “enferman”-, pero sin conexión con el pueblo.
Y hundirá las expectativas priistas en Sinaloa que tanto le han encargado.
Los pactos con las culpas del pasado, de las cuales algunas son suyas, le truncarán el presente y el futuro.
Hacía falta mucho más temple y carácter de gobernante para Sinaloa.
No puede ser que por un solo apretón de manos de un socio pierda la confianza de la gente.
Vale más que no crea a los lambiscones que lo rodean: la memoria colectiva no olvida y está terminando el tiempo de espera.
Finalmente, nadie lo defenderá dentro de un año, cuando trate de poner sus candidatos. Y le comerán el mandado completo, con el beneplácito de los sinaloenses.
EL TRÁNSITO HACIA LA IMPOSICIÓN DEL PRIMER FISCAL DEL ESTADO AUMENTA EL LASTRE DE LA INJUSTICIA que dejará Marco Antonio Higuera Gómez, aceptado como interino por Quirino Ordaz Coppel para esperar la llegada del sucesor.
Los hechos, los resultados de esta consideración inexplicable, dicen que Higuera es peor que nada, peor que si la Procuraduría hubiera quedado acéfala o con un encargado.
Con el recomendado del poder fáctico impreso, Sinaloa vivió la etapa de mayor impunidad, que llega muy cerca del 100 por ciento de los actos criminales que conoció y “persiguió” -seguramente sin piernas- el procurador que le impusieron sus amigos diaristas a Mario López Valdez.
El vodevil en que está convertido el proceso para escoger al fiscal no requería de cuidar la espalda en la PGJE, donde todo está paralizado y corrupto, con fluidez sólo en los casos en que litiga el despacho privado del procurador.
El cambio de membrete de la procuraduría no representará ningún avance con ninguno de los candidatos filtrados por sus conexiones políticas más que por sus capacidades y muestras de firmeza en la defensa de la justicia y del derecho.
Que presenten un caso de su vocación por la justicia y el derecho para corregir lo que aquí decimos.
Los aspirantes son chambistas en busca de una mejor oportunidad de explotar la procuración de justicia en provecho personal y en atención a los intereses de quien será su jefe, es decir, el gobernador del estado.
REPLEGADOS, PERO NO PARALIZADOS, LOS PERREDISTAS EX FUNCIONARIOS de Malova, esperan ofertas del sol azteca o de Andrés Manuel López Obrador, para definir su regreso a la “grilla”, en busca de un reposicionamiento luego del lodazal en que se bañaron por su codicia de alguna vez ser parte de un gobierno y quitarse el disfraz de luchadores sociales para encumbrarse con los beneficios del poder corrupto.
Juan Nicasio Guerra Ochoa, Audómar Ahumada Quintero, Ricardo Armenta Beltrán, Juan Figueroa Fuentes y Raúl Inzunza Dagnino, están próximos a hacer un pronunciamiento político para “estremecer” a Sinaloa con la definición de sus preferencias, entre AMLO y Miguel Angel Mancera Espinosa.
No serán influenciados por identidad ideológica. Claro que no se dejan llevar por esas abstracciones. Ellos van por el beneficio metálico que pueden obtener. Así se unieron hace siete años a un ala priista y al PAN en Sinaloa. Y les fue de sobresaliente para arriba.
Si fueran congruentes y agradecidos, atenderían los compromisos de quien los hizo millonarios, pero ya probaron las mieles del poder y les gustó.
Van por más, con quien consideren esté más cerca de la presidencia de la república.
Si por el camino deben atropellar a Mario López Valdez, lo harán sin ninguna contemplación de los que les dio hasta hace muy poco.
Lo cierto es que ninguno de ellos escaparía de una investigación seria y a fondo de parte de la Auditoría Superior de la Federación, y en lugar de ocupar templete político podrían ser instalados en el banquillo de los acusados.
El clan mencionado ya está separado de los perredistas pobres, los que siguen considerando la izquierda como la mejor trinchera para las causas sociales. Pero quieren servirse en el banquete que se ofrece en 2018.
Aunque sea con el principio crítico de “su” gobernador.