Tres Ríos

Lo dicho comendador: la política es de caras y gestos.

La razón de este dicho resulta del espejo en que se están viendo los presidentes municipales de los 18 municipios de Sinaloa que llegaron para cortar el cabello y salieron trasquilados.

Al estilo de Mario López Valdez llegaron bailando y ahora están llorando porque los dejaron sin comal ni metate en los tesoros de los ayuntamientos y ahora quieren cargar el muertito a los contribuyentes presionándolos para que paguen los impuestos.

Algunos, como es el caso de Ahome, a donde llegó el impugnado Álvaro Ruelas Echave, incrementaron impuestos a los vendedores ambulantes porque el turista y ahora vecino de San Diego, Arturo Duarte García, se fue con todo y reata dejando a la víbora chillando y al municipio sin obras ni patrullas propias.

Para colmo de males de los ahomenses no tiene un presidente municipal de cuerpo presente, pero hay quienes tiene la fortuna de verle la cara a Ruelas Echave en los momentos en que se llevan a cabo las sesiones de cabildos.

Y si de suertudos se trata destaca el caso del presidente municipal de Culiacán, Jesús Valdés Palazuelos, quiem se encuentra prácticamente vestido de torero para capotear con chicuelinas, verónicas, gaoneras, navarras, delantales, tafallera, revolera, serpentina y otros pases de la tauromaquia por el legado oscuro que le dejó su antecesor y mentor, Sergio Torres Félix, y que ahora lo mantiene confrontado con los acreedores.

Valdés Palazuelos, que como su antecesor surgió de las vías subterráneas de la política, jura y perjura que quiere pagar las cuentas de su ex patrón, socio y compadre, pero la realidad es que no encuentra de donde pueda sacar dinero para hacerlo. Es mucho lo que falta: más de 1,700 millones de pesos, que aun devaluados siguen siendo muchos.

A Torres Félix ya se dio el mote de “Sergio el bailador”, porque no solo dejó bailado a Jesús Valdés Palazuelos, sino también a todos los culiacanenses que ahora están diagnosticados con el cáncer de la pobreza  y para colmo tendrán que cargar con la deuda pública multimillonaria que les heredó el alcalde que se fue el último día del año pasado. Valdés está mudo, como el Morrín.

Pero la tormenta también se dibuja en color azul. O cuando menos en ese color le toco bailar a Armando Leyson Castro, que llegó como súper hombre dotado de fantásticos poderes para administrar el municipio de Guasave y demostró que solo estaba inflado y que su músculo solo eran esteroides políticos. Además, aquello fue un pulpo, con la faena que hicieron a dos manos sus hermanos José Luis y Arnoldo.

Pero ahí está el caso de que la presidenta Diana Armenta está elevando plegarias a San Quirino Ordaz o san Enrique Peña para que le hagan un milagro y pueda cantar puras rancheras como lo pide la comunidad guasavense.

Por lo pronto la alcaldesa esta entonando el Rock de la Cárcel con dedicatoria especial para Leyson Castro porque solo le heredó deudas, pero no sabe como aplicar el código político para penalizar al expresidente municipal que supo refugiarse a tiempo en las faldas azules del panismo estatal y en la sombra de su jefe y amigo Mario López Valdez.

Para colmo de males Diana Armenta tiene cuentas por pagar ya que luego del viaje electoral pasado se endeudo en un santiamén que se dio junto con otros alcaldes que viajaron a Estados Unidos con el argumento de fraternizar con la comunidad de aquel lado y aunque no trajo mejoras le sirvió para amortizar el estrés junto a los que se fueron con ella.

¿Y Pucheta, apá? Resulta que el acalde electo de Mazatlán Fernando Pucheta ahora sí que está haciendo pucheros.

Resulta que Carlos Eduardo Felton González demostró que podrá intentar convencer que es un empresario exitoso, pero de plano como político resultó un desastre y las arcas que dejó están rechinando de limpias.

Ahora Pucheta no sabe a qué santo encomendarse, ya que se peleó con San Quirino en la campaña electoral y San Enrique Peña es santo colocado en una capilla muy elevada para él. Su tarea es difícil. Primero conseguir el perdón del tercer piso de palacio de gobierno y luego ver hacia la CDMX.

Es cuánto.