Tres Rios

Los tejidos nerviosos de la corrupción se mueven intranquilos en varios integrantes del Congreso del Estado de Sinaloa, donde la chapa de lodo ha alcanzado a algunos distinguidos miembros del Partido Acción Nacional que se metieron a legisladores para caminar por los pantanos de la impunidad.

Como algunos de sus colegas del Partido Revolucionario Institucional, existen legisladores panistas que fueron manufacturados y vestidos para defender a ultranza y de facto al gobernador que llego bailando, se fue bailando y nos dejó bailados, Mario López Valdez.

Esos diputados buscaron el fuero para blindarse luego de la burbuja feliz en que vivieron a lo largo de seis años y ahora chapotean en la inmoralidad y la falta de ética política.

Sería sano para Sinaloa que una real justicia permitiera investigar el origen de la deuda pública del estado y por supuesto castigar a los causantes de la hecatombe financiera en que esta la entidad.

Todos los sinaloenses quedamos tronados con el gobierno del cambio, que en realidad sólo modificó el ingreso de cientos de miles de familias, en el campo y en las ciudades, para pulverizarlo.

Los municipios, el poder legislativo y la estructura gubernamental de la entidad viven una situación crisis que intentan colgarle a los sinaloenses como culpa, mientras los verdaderos autores del desfalco se van con las manos llenas y el caminar tranquilo.

En el foco y punto de mira de las responsabilidades esta sin lugar a dudas Juan Pablo Yamuni Robles, aquel ex fiscal “anti pillaje” del estado que bailó con Mario López Valdez y luego se autocalificó como gigante de la transparencia. Hoy cuida a su ex amo, el conductor de la quiebra de Sinaloa.

Resulta que siempre no hubo transparencia y ahora existen voces cada vez más intensas que insinúan la necesidad de que dimita a su cargo de legislador para que sea también investigado en relación a los miles de millones de pesos que el gobierno pasado perdió y que nadie sabe dónde están.

Una de las banderas que Yamuni Robles utilizo para ser candidato a la diputación que ahora ostenta fue la de la transparencia, pero resulta que su labor en el atlas de la función pública fue de medias tintas. Ni siquiera llego al blanco o al negro. Fue de un gris firme, encargado del disimulo y de cuidar el peculado.

Yamuni Robles es prácticamente el pecado mayor que el Partido Acción Nacional le endilgó a los sinaloenses, ya que tiene muchas cuantas por pagar y descuidó la transparencia que ahora tiene al gobierno de Sinaloa en estado catatónico.

Y como si se tratara de una maldición, es precisamente el norte del estado donde retiembla en sus centros la tierra. Muchos pecadores de la capilla malovista son parte del infierno económico y desastroso del estado.

Esta por ejemplo Jesús Antonio Marcial Liparoli, que durante la travesía sexenal anterior fungió como subsecretario de gobierno y tiene una historia negra que contar y de la cual rendir cuentas para ser juzgado.

Antes de aparearse políticamente con Mario López Valdez vivía en las penumbras económicas y era una especie de caricatura en el espectro priista. Ahora vive en la abundancia económica y hasta presume un talante de galán.

El origen de su riqueza nos parece inexplicable y solo Yamuni Robles tiene la clave para saber el brinco de la pobreza a la abundancia de Marcial Liparoli, bautizado por su pueblo como “Picaroli” por sus hazañas.

Aún hay más. Marco Antonio Osuna Moreno, también diputado, tiene muchas historias que contar ya que también le tocó bailar al ritmo sospechoso del anterior sexenio cuando hizo cera y pabilo al brincar de un cargo a otro de la mano de Malova, a pesar de que fue un jefe policiaco embarrado con el negocio de las narcotienditas que llegó a denunciar Juan Millán en Los Mochis.

Como diputado ha llevado un ritmo desparpajado y tampoco ha sido transparente en el ejercicio político.

En fin, asomarse a la bancada panista y priista del Congreso del Estado permite ver que son de la misma estepa.

Es decir, cojean de la misma pata.