Tres Ríos

Todo apunta a que ni el chapulín colorado podrá defendernos.

Con tibieza y nada de firmeza se checaron las cuentas del primer semestre del último año de Mario López Valdez al frente del gobierno de Sinaloa y el hedor y la pus emanaron en torrente salpicando a integrantes del palacio legislativo que se encuentran bajo el ropaje priista y panista, que ahora se dicen profetas de la renovación moral y ética del atlas del poder político.

Pero no hay rumbo visible y hasta los miembros del Congreso de la Unión se han quedado callados o no han dicho “esta boca es mía” para llevar a la tribuna el escándalo del manejo sucio del dinero público durante la travesía gubernamental pasada.

Por una parte, el gobernador del estado, Quirino Ordaz Coppel, no ha oprimido el botón de encendido de su gobierno y no ha llamado a cuentas a su antecesor Mario López Valdez, que llego bailando y se fue bailando, aunque en realidad nos “bailó” a todos los sinaloenses con el recurso público.

El colmo es que precisamente eso: que a nosotros también nos dejó bailando, en el suelo y en la cuerda floja porque tendremos que cargar con la deuda.

Otro de los que guarda silencio y que no quiere meterse en camisa de 11 varas es el senador Francisco Salvador López Brito, que se creía sería una especie de chapulín azul que metería los fierros a la lumbre para evitar que no se haga justicia y que el dinero que falta a Sinaloa se les cargue a los contribuyentes para que lo paguen.

Muchos funcionarios del sexenio pasado se hicieron ricos lavando dinero público y la cuenta por pagar se pretende cargar a los sinaloenses.

Ese llamado que el presidente nacional, Enrique Peña Nieto, ha venido haciendo en el sentido de que se combata a la corrupción, en Sinaloa solo ha causada risa, por los oídos sordos de la clase política local y por lo demagógico del llamado del ejecutivo federal.

También ha causado hilaridad el bailongo sexenal de Malova, que jura y perjura que por ahí, en alguna parte de los escritorios políticos, están las cantidades de dinero que los diputados dicen que no encuentran por ningún lado.

Eso es en el palacio legislativo de Sinaloa, porque en la casa de enfrente ni siquiera han metido las manos y ya se da por hecho que la impunidad será destino del dinero perdido en el ejercicio gubernamental pasado.

Ya se ha hecho costumbre que desde el sexenio de Francisco Labastida Ochoa, pasando por los de Renato Vega, Juan S. Millán, Jesús Aguilar Padilla y el más reciente, se haga crecer la pobreza de muchos para que se enriquezcan unos pocos.

Ya es momento de que los saqueos y robos del erario público sean sancionados.

Lo malo es que las posiciones políticas son una suerte de franquicias en las que tienen la jugada principal de la baraja el gobernador en turno, y los partidos políticos sólo son una coartada de los grupos políticos que se comportan peor que la Mara Salvatrucha para amamantarse financieramente del presupuesto político.

Otro de los panistas que se ha quedado callado es el excandidato a gobernador, Martin Heredia Lizárraga, que presumió que defendería a cuchillo al estado y a los sinaloenses, pero en la práctica mejor se hizo compadre del escándalo y no quiere dar un motivo de orgullo al panismo. Y eso que prometió que haría que las cosas buenas sucedan.

En el escenario nacional están dándose muchas rarezas porque ningún partido de corte nacional quiere tomar el caso Sinaloa ni prestado para oxigenar el contaminado ambiente político y judicial que campea como resultado de tanto saqueo del erario público y la construcción de obras que se entregan a empresarios privados, pero que se cargan a la cuanta de los contribuyentes.

Si algún rastro queda del erario público, en cinco años posiblemente se pueda dar vuelta a la página para que alguno de los tres poderes, federales y locales, tomen las riendas de los asuntos políticos y administrativos haciendo justicia y reduciendo la sinvergüenzada que campea a lo largo y ancho de la entidad.

Si no se investigan las cosas, tan mal parado puede resultar el ex gobernador que se fue bailando como el gobernador que quedo bailado.

Ya acabe.